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Aprender a leer a tiempo en San Juan: la alerta desde la psicopedagogía

Una psicopedagoga sanjuanina advierte sobre dificultades frecuentes y remarca por qué detectarlas en los primeros años.

POR REDACCIÓN

Hace 0 horas
La detección temprana de dificultades lectoras permite acompañar mejor el aprendizaje. (Foto: Generada IA).

Los últimos resultados de las pruebas PISA volvieron a poner el foco sobre las dificultades de comprensión lectora en Argentina. Según la evaluación 2025, publicada por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, solo el 40% de los estudiantes argentinos de 15 años alcanzó al menos el nivel mínimo de competencia en Lectura, frente al 69% promedio de los países de la organización. El país obtuvo 389 puntos, 12 menos que en 2022.

El dato vuelve a abrir la discusión sobre cómo se construyen las habilidades lectoras desde los primeros años. En San Juan, desde la psicopedagogía advierten que entre las consultas aparecen con frecuencia dificultades relacionadas con la lectura y la escritura, especialmente en chicos que atravesaron sus primeros años educativos durante la pandemia.

“Muchos problemas están relacionados a lo que es la lectoescritura. Gran parte son chicos de 9 o 10 años, que han pasado sus primeros años en pandemia”, declaró a DIARIO HUARPE Candelaria Mattar, psicopedagoga que trabaja con niños y adolescentes.

Aprender Alfabetización 2025, que evaluó habilidades lectoras de estudiantes de 3.º grado, aporta otro dato local. En San Juan, el 36,9% quedó concentrado entre la categoría de lector incipiente y los niveles I y II. Otro 26,2% alcanzó el Nivel III y el 37% se ubicó en los dos niveles superiores.

La prueba no evaluó escritura, por lo que esos porcentajes no pueden trasladarse directamente a todas las dificultades de lectoescritura.

Detectar antes de que aparezca la frustración

Para Mattar, la intervención no parte de exigir que todos los niños aprendan al mismo ritmo, sino de reconocer cuándo una dificultad necesita acompañamiento.

“Cada niño tiene su proceso de aprendizaje y su tiempo para aprender. Pero, más allá de eso, es muy importante detectarlo en la primera infancia, sobre todo antes de empezar el primario o en los primeros años”, explicó a DIARIO HUARPE.

La lectura y la escritura atraviesan prácticamente toda la escolaridad. Una dificultad persistente puede aparecer al comprender una consigna, estudiar otras materias o resolver actividades, y también generar frustración cuando el alumno siente que no avanza al mismo ritmo que sus compañeros.

“Si a un niño le cuesta mucho la lectoescritura, se nota por ahí estos niveles de frustración o de poco interés en aprender porque quizás no va a la misma altura que sus compañeros”, comentó a DIARIO HUARPE.

Una dificultad que va más allá de Lengua

A nivel nacional, Aprender Alfabetización 2025 mostró que solo el 45% de los estudiantes alcanzó los niveles de lectura esperados al finalizar el primer ciclo. Otro 24,5% se encontraba en proceso y el 30,5% permanecía en los niveles de mayor rezago. Participaron 91.042 alumnos de 3.º grado de 4.178 escuelas.

En San Juan, el 14,3% llegó al Nivel V, el más alto de la escala, y otro 22,7% se ubicó en el Nivel IV. Los resultados permiten dimensionar la importancia de consolidar la alfabetización inicial.

“Son como los procesos básicos de aprendizaje para seguir estudiando en lo que es la escuela, en la escolarización”, sostuvo Mattar. La profesional remarcó que las dificultades en lectoescritura pueden atravesar otras materias y condicionar aprendizajes posteriores.

La escuela, clave para detectar las primeras señales

La detección no ocurre solamente en el consultorio. La escuela suele ser uno de los primeros espacios donde docentes y directivos advierten dificultades persistentes.

“El psicopedagogo siempre tiene que estar en contacto con la escuela. Porque es ahí en la escuela donde se van detectando, donde surgen todos los problemas de aprendizaje”, señaló a DIARIO HUARPE.

A partir de allí, el acompañamiento requiere trabajo conjunto entre profesionales, docentes y familia. El objetivo es reconocer a tiempo qué necesita cada chico y evitar que una dificultad inicial termine transformándose en frustración, desinterés o una barrera para continuar aprendiendo.

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