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Economía > Sufrimiento mensual

Caída del salario real fuerza a endeudarse para poder comer

Con un Salario Mínimo Vital y Móvil de $376.600 en agosto y paritarias frenadas, la caída del poder adquisitivo empuja a las familias argentinas a financiar alimentos y servicios básicos. 

POR REDACCIÓN

Hace 1 hora
Del salario a la deuda serial: la encrucijada de las familias argentinas.

La toma de crédito como apuesta al crecimiento es una decisión estratégica; la toma de crédito para sostener consumos básicos como el alimento es una acción forzada por la necesidad, un verdadero "manotazo de ahogado". Ante este panorama, las recientes declaraciones del presidente Javier Milei —«que se arreglen entre privados»— reflejan una postura que para diversos sectores resulta distante del drama cotidiano que enfrentan los hogares.

En este mes de agosto, el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) quedó fijado en $376.600. En paralelo, las paritarias se encuentran cuidadosamente pisadas por el Gobierno nacional, contrarrestando en la práctica su propia premisa de libre negociación entre partes. Como resultado, los irrisorios incrementos salariales no alcanzan para compensar una inflación que superó el 2% mensual y acumuló un 19% en siete meses.

Salarios en caída libre y paritarias frenadas

De acuerdo con datos oficiales del propio Ministerio de Capital Humano, en junio el salario real de los trabajadores privados registrados cayó un 0,9%, ubicándose nuevamente por debajo de los niveles de noviembre de 2023. Esta retracción profundiza la racha del mes de mayo, cuando ya se había registrado un retroceso del 2,9%.

La dinámica es marcadamente contractiva: los aumentos nominales son rápidamente absorbidos por la suba constante de precios. Aunque algunos pocos sectores lograron concretar ciertas mejoras, la gran mayoría de las actividades dentro de los convenios colectivos sufrió caídas de dos dígitos en términos interanuales, siendo los sectores de textiles, metalúrgicos y comercio los más golpeados.

Endeudamiento cotidiano

La consecuencia directa de este escenario es el endeudamiento serial de la población. Lo que anteriormente constituía un recurso excepcional para proyectos personales o inversiones, hoy se transformó en una rutina de supervivencia:

•    Financiar la compra de alimentos en cuotas.

•    Solicitar préstamos personales para abonar el alquiler.

•    Pagar los servicios públicos y consumos básicos con tarjeta de crédito.



Frente a esta situación, bancos y financieras reportan un incremento sostenido en los índices de morosidad de los créditos al consumo. Cuando el ingreso no alcanza, se ingresa en un círculo vicioso: se pide un préstamo para cubrir un gasto urgente, se abona con tasas e intereses altísimos y, al mes siguiente, la necesidad se repite. En este contexto de tensión, el dirigente del Frente de Izquierda (FIT-U), Gabriel Solano, impulsó una denuncia penal contra Marcos Galperin, líder de Mercado Pago, acusándolo del delito de usura.

Crisis social, exclusión financiera

El fenómeno no solo expone una crisis económica, sino también un profundo quiebre social. La relación entre ingresos y deuda resulta directa: a menor salario real, mayor es la dependencia del crédito; a mayor volumen de crédito, aumenta el riesgo de morosidad y, consecuentemente, la exclusión del sistema financiero.

La radiografía de agosto de 2026 muestra un país donde el salario mínimo resulta insuficiente para cubrir la canasta básica, las mejoras paritarias se diluyen en pocas semanas y el trabajo formal ha dejado de garantizar la dignidad, obligando a las familias a hipotecar su futuro para sostener el presente.

En medio de este escenario, resuenan las teorías que advierten sobre un posible esquema de segmentación social —conocido como el modelo 80-20—, donde una gran mayoría queda postergada frente a una reducida elite que concentra las decisiones y los negocios del país.

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