Provinciales > Inclusión
El impacto de "Trabajando Sueños" en las vidas de las personas con discapacidad
Cuatro historias sanjuaninas cuentan la experiencia y cómo el proceso de inserción laboral transformó sus vidas.
Por Raúl Caliva Hace 2 horas
En el segundo año de implementación de “Trabajando Sueños”, el programa público que depende de la Dirección de Personas con Discapacidad del Ministerio de Familia y Desarrollo Humano, varios inscriptos lograron acceder a puestos laborales efectivos tras completar el proceso de formación y adaptación. DIARIO HUARPE recogió el testimonio de cuatro personas que integraron la primera ronda de beneficiarios: Valeria Díaz, Marisa Caminos, Carla Araoz y Daniel Molina. Sus historias muestran avances, pero también las dificultades que todavía enfrentan las personas con discapacidad para sostener un empleo.
Cuando hay inclusión, también hay dignidad
Valeria Díaz tiene 47 años y convive con una hipoacusia bilateral progresiva desde los 27. A través del programa comenzó tareas de limpieza y mantenimiento en el Jockey Club San Juan. Cuando terminó el período de seis meses, fue incorporada.
Para ella, el trabajo significó un antes y un después. “No tenía trabajo desde hace años. Para mí fue un cambio grande. Me siento más segura, más confiada y, a pesar de que tengo este problema de audición, puedo relacionarme mejor. Aprendí cuáles son mis derechos”, expresó.
“Ahora siento que mi existencia tiene sentido. Trabajar me da independencia, seguridad y certeza económica. Vivir con una pensión es imposible. Pero tampoco somos descartables”, afirmó. Valeria remarcó que la discapacidad muchas veces golpea la autoestima. Por eso, aseguró que conseguir un trabajo permite “recuperar la dignidad”.
Marisa Caminos, de 50 años, también encontró una oportunidad. Tiene problemas de columna, fue operada cuatro veces, tiene prótesis de cadera, cinco electrodos y un neuroestimulador en una pierna para caminar. Además, padece lupus y fibromialgia. Es mamá de dos hijos y hoy dicta talleres de arte y manualidades en el Geriátrico Querencia.
“Cuidar a la gente mayor es difícil, pero me llena el alma”, contó. Después de una compleja cirugía de columna, su salud empeoró en 2018 y cayó en una depresión. Los talleres fueron parte de una lenta rehabilitación.
La convocatoria de “Trabajando Sueños” consolidó ese proceso. “Las autoridades de la residencia y los propios abuelos se sintieron a gusto conmigo y no dejaron que me fuera. No querían perderme, así que me contrataron”, relató.
A pesar de las limitaciones, no se rinden
Carla Araoz, de 31 años, egresó de la Escuela Fortabat y estudia teatro con el elenco Teytekia. A través del programa se capacitó como moza y en el manejo de máquinas de café. Luego hizo su etapa de adaptación en Square Café Restó, donde recibió el visto bueno para continuar.
Sin embargo, decidió renunciar porque la propuesta económica no le alcanzaba. Hoy no tiene empleo estable, cobra una pensión por discapacidad y los fines de semana vende panificados dulces en el Parque de Mayo.
“Me dolió mucho irme porque me gustaba lo que hacía, pero no me puedo quejar. Quedé muy bien con ellos y me dicen que me extrañan. Ya empecé otro camino. Voy a la escuela de gastronomía y me rebusco vendiendo budines, maicenitas, bizcochuelos y coquitos. La situación no está buena para vender”, señaló.
Carla no está arrepentida. Sabe que su vocación está más ligada a las artes escénicas. “Estoy preparándome con el elenco para hacer una gira en agosto y eso es lo que más me importa”, dijo.
Daniel Ceferino Molina completó los seis meses de entrenamiento laboral en el Supermercado Don Eduardo, junto con Victoria Roel. En el caso de Victoria, quedó como repositora. Daniel, en cambio, no pudo continuar. Según contó, por la baja en las ventas, el propietario tuvo que elegir entre uno de los dos.
Daniel tiene un retraso madurativo leve y no terminó la secundaria, una situación que limita sus posibilidades de acceder a un empleo formal. Pese a eso, mantiene la esperanza de volver a ser convocado.
“Me fue muy bien, aprendí muchas cosas porque nunca había trabajado en un supermercado. Como está muy mala la situación, ellos no pudieron seguir pagándome, pero me dijeron que me tendrán en cuenta por si en otro momento me pueden contratar. Agradezco esta ayuda que me sirvió y me gustaría volver pronto”, dijo.
Las historias muestran que la inclusión laboral no siempre tiene un recorrido lineal. En algunos casos terminó en una contratación efectiva; en otros, dejó herramientas, experiencia y una puerta abierta. El programa aparece como un puente entre el Estado, las personas con discapacidad y el sector privado.