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El mercado castigó la baja credibilidad de Caputo con riesgo país a 714 puntos
Tensión en los tipos de cambio, caída en el valor de los bonos, el Riesgo País sigue en ascenso. La insolvencia de dólares para vencimientos se vuelve más evidente.
POR REDACCIÓN
El riesgo país argentino volvió a cruzar este viernes la barrera de los 700 puntos básicos, un nivel máximo intradiario de los últimos doce meses, antes de retroceder levemente hasta la zona de los 714. La cifra consolida una suba cercana al 77% desde los mínimos de julio, cuando se ubicado en torno a los 400 puntos, en el marco de una jornada donde los bonos soberanos volvieron a caer y las acciones profundizaron sus pérdidas.
Ante la escalada de la presión financiera, el ministro de Economía, Luis Caputo, recurrió a los activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses para operar en el mercado secundario de bonos y contener las cotizaciones del contado con liquidación y el MEP, evitando así drenar directamente las reservas del Banco Central. Sin embargo, esta operatoria encierra una contradicción, ya que las ventas de títulos públicos presionan sus precios a la baja y elevan el riesgo país.
Analistas del sector advirtieron sobre los riesgos de esta táctica. El especialista financiero Christian Buteler señaló: "Si vamos a empezar a intervenir el MEP, para evitar que se dispare la brecha, desde ahora estamos complicados". En la misma línea, un operador del mercado resumió: "Que haya cruzado los 700 muestra que los institucionales se están quedando sin poder de fuego". Por su parte, el referente liberal Carlos Maslatón advirtió sobre un escenario de crisis financiera y afirmó que esta dinámica llevará a la "aniquilación completa del plan económico".
Cruces oficiales
Frente al malhumor financiero, el secretario de Finanzas, Federico Furiase, atribuyó la suba a un castigo internacional "excesivo" y sostuvo que el salto en las tasas de interés forward responde a un riesgo político "recontra exagerado", defendiendo que el país llega al año preelectoral con superávit fiscal, equilibrio comercial y pasivos monetarios reducidos.
La postura oficial generó un fuerte cruce con el economista liberal Roberto Cachanosky, quien cuestionó la contradicción conceptual del equipo económico: "Considerando que los precios se determinan en base a la teoría subjetiva del valor, Federico Furiase considera que el mercado está equivocado porque no valora los bonos como él los valora. No entiendo qué tipo de gobierno liberal es si dicen que el mercado está equivocado. Argumentan como Moreno".
Dudas y reservas negativas
La cronología de la gestión financiera muestra un desgaste progresivo: en julio, Caputo presentó un programa con un excedente previsto de 3.700 millones de dólares para 2026, pero tres meses después los depósitos del Tesoro en moneda extranjera cayeron por debajo de los 1.000 millones, frente a vencimientos estimados en unos 4.500 millones para enero. Los sucesivos anuncios del presidente Javier Milei —que escalaron desde los 50.000 millones hasta los 125.000 millones de dólares— no lograron calmar las expectativas.
La incertidumbre se profundizó durante el encuentro organizado por JP Morgan en Bangkok. Allí, Caputo planteó la posibilidad de utilizar el swap con China para afrontar pagos de deuda, exponiendo la falta de fuentes de financiamiento aseguradas y una clara contradicción geopolítica. En el mismo evento, el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, intentó mostrar la recuperación de reservas, pero los gráficos presentados terminaron evidenciando que continúan en terreno negativo.
Comportamiento cambiario y brecha
En el plano cambiario, el dólar mayorista pasó de cotizar a 1.490,50 pesos en octubre de 2025 a 1.526 pesos, tras haber tocado un piso de 1.355 pesos en abril de 2026 (lo que marca una recuperación del 12,6%).
En tanto, el contado con liquidación trepó a 1.636,52 pesos y el MEP operó en torno a los 1.547,78 pesos, dejando una brecha del 7,2% (unos 110 pesos de diferencia). Esta dinámica confirma que la desconfianza sobre la capacidad de pago castiga a los bonos, eleva el riesgo país y presiona sobre los dólares financieros, poniendo bajo tensión al principal ancla antiinflacionaria del Gobierno a un año de las elecciones presidenciales.