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Provinciales > Salud mental

Expertos alertaron por los riesgos de reemplazar al psicólogo con IA

Especialistas explicaron por qué los chatbots generan una sensación de contención y advirtieron sobre los riesgos de reemplazar la terapia profesional.

POR REDACCIÓN

Hace 0 horas

Hablarle a una inteligencia artificial sobre una ruptura, ansiedad o problemas personales dejó de ser excepcional. En Argentina, el 20% de los usuarios de IA conversa con chatbots cuando se siente triste o decaído, según Kaspersky una de las empresas de ciberseguiridad más grandes y reconocidas del mundo. Otro relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada de UBA encontró que el 17,37% elegiría una IA antes que un profesional para un tratamiento psicológico. Ese grupo presentó mayores indicadores de ansiedad, depresión y riesgo suicida, aunque el estudio aclara que existe asociación y no causalidad.

La disponibilidad las 24 horas, la gratuidad y la sensación de no ser juzgado ayudan a explicar el fenómeno. Sin embargo, detrás de respuestas que parecen comprensivas no hay un terapeuta ni una conciencia capaz de interpretar emocionalmente a la persona.

Juan Marcos Tripolone, especialista en Inteligencia Artificial, explicó que los modelos de lenguaje responden a partir de las instrucciones del usuario, el contexto disponible y los patrones incorporados.

“La IA no es un profesional de la salud, va calculando la probabilidad de qué palabra debe seguir a la anterior”, declaró a DIARIO HUARPE.

Una respuesta que puede parecer empatía

Tripolone remarcó que una IA puede sostener una conversación similar a la humana, pero eso no significa que comprenda el sufrimiento de quien está del otro lado. Frente a expresiones vinculadas con autolesiones o riesgo de vida, los sistemas cuentan con protocolos para detectar esas situaciones y orientar al usuario hacia ayuda.

El problema aparece cuando la fluidez genera una falsa sensación de comprensión o cuando el sistema acompaña ideas que la persona ya tenía. Eso puede ser delicado cuando alguien atraviesa un momento de vulnerabilidad y usa al chatbot como reemplazo de una consulta profesional.

También advirtió sobre la privacidad. En estas conversaciones pueden compartirse miedos, conflictos familiares. Tripolone recomendó evitar datos sensibles y revisar las configuraciones de privacidad.

Por qué resulta atractivo hablar con una IA

Juan Samat, psicólogo especializado en Inteligencia Artificial, explicó que el lenguaje natural de herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude puede generar familiaridad.

“Esto hace que la persona sienta que realmente está interactuando con un otro que la entiende y la acompaña”, explicó.

Según Samat, hay tres factores centrales: no sentirse juzgado, recibir una respuesta inmediata y acceder sin costo. Esa combinación puede convertir al chatbot en un espacio para hacer catarsis, pero también hacer que empiece a ocupar lugares de amigos, familiares o terapeutas.

Uno de los principales riesgos está en la forma de responder. Samat advirtió que los modelos pueden mostrarse complacientes con el usuario, mientras que un tratamiento psicológico no funciona de esa manera.

“Muchas veces un proceso terapéutico no es así: el terapeuta no está todo el tiempo diciéndonos cosas agradables, sino que marca aspectos que no nos gusta escuchar pero que son necesarios”, señaló.

Lo que un chatbot no puede reemplazar

La diferencia no pasa solo por las palabras. En una consulta, el profesional observa silencios, gestos, postura, cambios de conducta y contradicciones que aportan información sobre la persona. Allí aparece uno de los mayores peligros de confundir acompañamiento digital con tratamiento psicológico.

La IA puede ser útil para ordenar pensamientos, explorar perspectivas, organizar actividades o plantear preguntas. También puede servir para expresar lo que preocupa, siempre que no desplace la intervención humana cuando existe sufrimiento emocional.

“Si quiero resolver problemas psicológicos o emocionales, debo acudir a un profesional”, afirmó Samat.

La recomendación no pasa por prohibir la tecnología, sino por reconocer sus límites. Un chatbot puede ofrecer información o ayudar a pensar, pero no realizar una evaluación clínica ni reemplazar a un especialista. Cuando hay angustia persistente o riesgo, la consulta debe trasladarse a un profesional de la salud mental.

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