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Ginestar y el deshielo: “El sistema hídrico de San Juan soporta hasta 150 m³/s de escurrimiento”

El director de Hidráulica, José María Ginestar, analizó el posible impacto del deshielo cordillerano y advirtió sobre los riesgos si se supera ese caudal.

Hace 0 horas
Una administración rigurosa del recurso hídrico resultan fundamentales en este escenario, porque el manto blanco en cordillera representa un alivio transitorio, pero también un llamado de atención.

Las copiosas nevadas cordilleranas, impulsadas por El Niño, abren un escenario de abundancia hídrica, pero también de importantes desafíos de gestión. El director de Hidráulica, José María Ginestar, precisó en el programa "Te lo Tengo que Decir" de GRUPO HUARPE cómo preparan la infraestructura para recibir el posible escurrimiento de deshielo. Si bien la acumulación de nieve es positiva tras años de sequía, el tiempo y la velocidad del derretimiento determinarán la seguridad del sistema.

El dato central aportado por Ginestar es que “el sistema hídrico provincial está preparado para operar un escurrimiento controlado de hasta 150 metros cúbicos por segundo (m³/s)”. Dentro de ese rango, el agua puede administrarse sin inconvenientes: los diques se llenan de manera controlada y se realiza el adecuado traspaso entre embalses. Sin embargo, si el caudal supera ese límite, podrían generarse inconvenientes asociados al exceso de agua. El excedente podría afectar campos de cultivo y rutas cuyas alcantarillas y puentes tienen capacidades de drenaje limitadas y podrían verse desbordados.

“Cualquier obstáculo o construcción informal que la actividad humana haya asentado sobre el cauce de los ríos agudizará el riesgo de desbordes en estas zonas críticas”, aseguró Ginestar.

Frente a este escenario, el titular de Hidráulica aseguró que ya se ejecutan tareas de preparación, en línea con las recomendaciones que el Consejo Hídrico Federal (COHIFe) formuló a las provincias argentinas y que su vicepresidente, Sergio Marinelli, confirmó días atrás a DIARIO HUARPE: “Tras años en los que las obras sufrieron falta de mantenimiento, las gestiones actuales se tienen que focalizar en limpiar y reparar los drenajes, los cauces, las defensas aluvionales y los canales de riego, para asegurar que las vías de escurrimiento estén despejadas antes de que comience el aumento estacional del caudal, que suele consolidarse en primavera y alcanzar su pico en verano”, explicó.

Estas tareas resultan fundamentales para amortiguar el impacto del agua y reducir el riesgo de desbordes en sectores productivos y viales.

Capacidad de embalses y regulación del río

Ginestar explicó que la red de embalses regula el río San Juan y recordó que el límite de 150 m³/s representa casi cuatro veces el promedio de la última temporada, que rondó los 40 m³/s. “Esto destaca la magnitud del deshielo proyectado, y si eso sucede, el reto que vamos a tener de coordinar este abundante caudal en los diques”.

Si el escurrimiento aumenta gradualmente hasta el verano, los diques se van a llenar paulatinamente y el agua se transferirá bajo control entre embalses. No obstante, el peligro surge ante un deshielo abrupto o lluvias densas. Si el recurso baja de golpe, habrá conflictos, ya que solo los diques están calculados para crecidas promedio.

Intervención humana y el riesgo en los cauces

Un factor de riesgo crítico es la intervención humana en los cauces. Durante la sequía, fincas, galpones y viviendas se expandieron sobre el lecho histórico del río San Juan. Si el caudal supera el límite operativo, estas construcciones sufrirán anegamientos por el retorno del río a su cauce. Ante esta ocupación, no hay defensas suficientes.

Las rutas terrestres también afrontan vulnerabilidades. Los puentes y alcantarillas poseen diseños conservadores, pero la escasez de mantenimiento complica su desempeño. Por ello, Hidráulica prioriza limpiar estos drenajes de sedimentos y obstáculos que actúen como tapones ante el aumento estacional, protegiendo la conectividad.

Obras de fondo y la paradoja de la sequía

El escenario climático presenta una paradoja: mitigar los excesos de humedad de El Niño convive con la urgencia de almacenar toda el agua posible. Climatólogos advierten que este ciclo húmedo persistirá hasta el próximo otoño, tras lo cual reaparecerá una sequía prolongada. Por lo tanto, el escurrimiento debe acumularse para blindar la producción futura.

La conciencia social y una administración rigurosa del recurso hídrico resultan fundamentales en este escenario, porque el manto blanco de la cordillera representa un alivio transitorio, pero también un llamado de atención.

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