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Los argentinos miran el precio del bitcoin como antes miraban las pizarras del microcentro

POR REDACCIÓN

19 de octubre de 2026

Cualquiera que haya trabajado en el centro porteño en los años noventa o en la década pasada se acuerda de la escena. Mediodía, calle San Martín de Buenos Aires, el arbolito que murmura cambio, cambio, y la gente frenando frente a la vidriera de la casa de cambios para ver la pizarra con los números en rojo o en verde. El 1 de octubre de 2026 el dólar oficial cerró a 1545 pesos y el blue a 1555 pesos. Diez pesos de diferencia. Con una brecha así ya casi nadie se detiene en la vereda, y la atención se fue a otra parte.

Se fue al celular, para ser más precisos. Y ahí la búsqueda que más crece entre los que recién se asoman al mundo cripto es bastante reveladora, porque mucha gente tipea precio bitcoin dolar en su app de Binance con la misma naturalidad con la que antes preguntaba en la oficina a cuánto estaba el verde. El 2 de octubre de 2026 la moneda digital rondaba los 86334 dólares, unos 141 millones de pesos al cambio de ese día. Una cifra rara de dimensionar. Pero la consulta se repite, a la mañana y a la noche, y eso ya dice bastante.

Los dueños del bitcoin hoy usan traje y trabajan en Wall Street

Durante años se habló del bitcoin como cosa de programadores con remera, encerrados en algún garaje de California. Esa foto envejeció mal. Los fondos cotizados que compran bitcoin en Estados Unidos manejan hoy activos netos por 108400 millones de dólares, y desde su lanzamiento ya captaron 57600 millones de dólares en ingresos netos. Solo en la semana que cerró el 25 de septiembre de 2026 entraron 2400 millones de dólares (la cifra semanal más alta desde octubre de 2025).

Quienes ponen esa plata son gestoras grandes, bancos de inversión, fondos de pensión, también alguna empresa que guarda parte de su caja en el activo. Gente de corbata.

Que lo compren los bancos no lo vuelve un plazo fijo

En octubre de 2025 el bitcoin tocó un máximo cercano a los 126000 dólares y a comienzos de julio de 2026 andaba por los 58500 dólares, o sea que en nueve meses perdió más de la mitad de su valor. Después rebotó. En el tercer trimestre subió casi un 43% y los fondos sumaron 6340 millones de dólares en ese lapso.

El informe mensual de septiembre de Binance Research marca algo que da una idea del vértigo: una racha de siete días con una suba del 24,8% quedó dentro del 1% de los movimientos semanales más fuertes desde 2020. Para quien venía de mirar pizarras que se movían un par de pesos por día, el salto es enorme.

Ahora el ahorrista también sigue lo que pasa en Washington

El argentino tiene una relación con el tipo de cambio difícil de explicar. Lo mira con desconfianza y con cálculo, como quien chequea el pronóstico antes de colgar la ropa. Esa costumbre pasó al bitcoin casi sola, y en los grupos de WhatsApp familiares el tema reemplazó de a poco a la brecha cambiaria. Lo curioso es de dónde vienen las sacudidas. El 16 de septiembre de 2026 la Reserva Federal llevó su tasa a un rango de entre 3,75% y 4%, y en los días siguientes los fondos de bitcoin hilvanaron siete jornadas seguidas de ingresos.

Así que el vecino de Mendoza que antes escuchaba al ministro de Economía ahora también presta atención a lo que dicen en Estados Unidos.

El colchón de dólares también se mudó a la pantalla

No todo es bitcoin, ojo. Al lado aparecen las stablecoins, esas monedas digitales que siguen el valor del dólar y que muchos usan como antes usaban la caja de zapatos en el placard. Datos de la exchange Binance muestran que el 30% de sus usuarios tiene más de la mitad de su cartera en este tipo de activos, cuando en 2020 la proporción era del 4%.

Y hay otro dato que en la Argentina se lee con una sonrisa medio amarga: en economías con inflación alta, algunos usuarios pagan hasta un 62% por encima del cambio oficial para conseguirlas. Cualquiera que haya vivido el cepo entiende la lógica.

La vidriera ahora entra en el bolsillo

Las casas de cambio siguen ahí en las zonas bancarias, aunque las colas de antes se ven poco. El que cobraba el aguinaldo y calculaba cuántos dólares le salían ahora suele hacer otra cuenta en paralelo, la de qué pedacito de bitcoin le alcanzaría con esa misma plata. Poner todos los ahorros ahí sería una imprudencia, y ningún asesor lo sugiere después de un año como este. Lo que cambió es el hábito.

El bitcoin pasó a formar parte de los precios que la gente revisa sin pensarlo demasiado, en el colectivo o mientras espera el café, y esa pizarra nueva no cierra a las tres de la tarde.

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