Eco Huarpe > "Sistema circulatorio"
Primer mapa global de redes de hongos subterráneos y su impacto climático
Un equipo internacional revela el primer mapa del sistema circulatorio terrestre, esencial para capturar carbono y regular el clima de la Tierra.
Un equipo internacional de investigadores ha logrado lo que hasta ahora parecía un desafío inalcanzable: elaborar el primer mapa global de lo que se denomina el "sistema circulatorio" de la Tierra. Se trata de una vasta red de hongos subterráneos que abarca la asombrosa cifra de 110 cuatrillones de kilómetros. Para dimensionar esta magnitud, los científicos señalan que esta distancia es casi mil millones de veces mayor que la que separa a nuestro planeta del Sol. Estos hongos micorrícicos forman inmensas redes asociadas a las raíces de las plantas y actúan como facilitadores críticos para el intercambio de agua, nutrientes y carbono. Debido a su alcance, desempeñan un papel determinante en el funcionamiento de los ecosistemas y resultan esenciales para sostener la vida y mantener el equilibrio climático global.
El estudio, publicado recientemente en la revista Science, cambia radicalmente la comprensión de la vida bajo la tierra. Las redes están compuestas por hifas, filamentos microscópicos más finos que un cabello humano, que funcionan como tuberías vivas entre los hongos y las plantas. Este trabajo fue liderado por Justin Stewart y Toby Kiers, de la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN) y la Universidad Libre de Ámsterdam, con la colaboración de expertos de Sudáfrica, Canadá, Reino Unido, Bélgica y Estados Unidos. Durante décadas se supo de la importancia de estos organismos, pero la falta de datos impedía evaluar su densidad y su aporte real al ciclo del carbono.
Tecnología para mapear lo oculto
Para resolver este vacío de información, los investigadores utilizaron tecnologías de vanguardia, incluyendo inteligencia artificial, aprendizaje automático y robótica. Gracias a estas herramientas, pudieron construir un mapa con una resolución de un kilómetro cuadrado por punto de predicción, identificando qué biomas albergan las redes más densas y qué factores ambientales determinan su presencia. La relevancia de este hallazgo es tal que, según Justin Stewart, en apenas una cucharadita de suelo pueden encontrarse hasta 10 metros de red micorrízica. Sin embargo, la investigación también pone de relieve una amenaza urgente: el avance de la urbanización, la industrialización y la agricultura intensiva están acelerando la destrucción de esta infraestructura viva, poniendo en riesgo la estabilidad climática.
El impacto en la crisis climática
Estas redes fúngicas no son solo un componente biológico curioso, sino un pilar en la lucha contra el calentamiento global. Se estima que los hongos mueven hacia el interior del suelo aproximadamente 3.900 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente cada año, procesando el CO2 que las plantas capturan de la atmósfera.
"Los hongos han sido ignorados en las políticas climáticas y de conservación por demasiado tiempo", advirtió Toby Kiers, subrayando que este mapa sirve como una línea de base fundamental para que los gobiernos y tomadores de decisiones puedan monitorear la salud de estas comunidades.
La disponibilidad de estos datos permite ahora diseñar políticas de protección del suelo en el planeta que antes eran imposibles de implementar con precisión.
Desafíos para América Latina
La importancia de este descubrimiento tiene un eco particular en América Latina. Al ser una región que alberga ecosistemas con una biodiversidad excepcional y cuyas economías dependen en gran medida de los recursos naturales, la preservación de estas redes es estratégica.
La información contenida en este mapa global puede ser la clave para el diseño de nuevas estrategias de conservación y la restauración de tierras degradadas. Asimismo, ofrece una guía para el desarrollo de prácticas agrícolas más sostenibles que permitan proteger la fertilidad del suelo y asegurar la seguridad alimentaria regional a largo plazo.
Con este nuevo mapa, la ciencia ha sacado a la luz un sistema vital que, aunque invisible al ojo humano, es el verdadero motor que mantiene la Tierra en funcionamiento