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Argentina lidera el ranking mundial de basurales emisores de metano
El Complejo Norte III en Campo de Mayo lidera un ranking mundial de contaminación por metano tras un análisis satelital de la Universidad de California.
POR REDACCIÓN
La publicación del último informe del proyecto STOP Methane, desarrollado por la Universidad de California (UCLA), ha situado a la Argentina en una posición crítica dentro del mapa del cambio climático global. El estudio identificó al Complejo Ambiental Norte III, ubicado en Campo de Mayo y operado por la empresa estatal Ceamse, como el sitio de disposición final de residuos con las mayores emisiones de metano del mundo durante el año 2025.
Este hallazgo se basa en un riguroso análisis de datos satelitales que posicionó al predio bonaerense por encima de cientos de basurales en todos los continentes. Según los registros, el centro de disposición registró una tasa de emisión promedio de 7,6 toneladas de metano por hora, superando a vertederos ubicados en países como Indonesia, India, Arabia Saudita, Brasil y Chile. Para dimensionar el impacto, el informe advierte que un relleno que libera solo cinco toneladas de metano por hora genera un daño climático anual comparable al funcionamiento de una central termoeléctrica a carbón de 500 megavatios o a la circulación de un millón de vehículos SUV.
Un gigante de residuos en el AMBA
La magnitud de estas emisiones está directamente relacionada con la escala de operación del complejo. Situado en la intersección del Camino del Buen Ayre y la Ruta Provincial 8, el Norte III recibe aproximadamente el 85% de los residuos sólidos urbanos generados en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Esto representa el procesamiento de más de 436.000 toneladas de basura al mes, provenientes de la Ciudad de Buenos Aires y más de 40 municipios bonaerenses.
El metano, un gas incoloro pero extremadamente nocivo, es el foco de la preocupación de los expertos de UCLA debido a que es entre 25 y 80 veces más potente que el dióxido de carbono en términos de calentamiento global a corto plazo. Reducir su emisión se considera un "freno de emergencia" vital para ralentizar el aumento de las temperaturas globales, ya que el metano es responsable de casi la mitad del incremento de 1,2 grados centígrados registrado desde la Revolución Industrial.
Tecnología satelital para detectar "supercontaminantes"
La precisión de este diagnóstico fue posible gracias a instrumentos de última generación, incluyendo el satélite Tanager-1 de Planet Labs y el espectrómetro EMIT de la NASA, instalado en la Estación Espacial Internacional. Estas herramientas permitieron analizar unas 3.000 columnas de metano en 707 vertederos de 18 países, identificando a los llamados "supercontaminantes" que agravan la crisis climática y afectan la salud pública.
La respuesta oficial y los desafíos técnicos
Ante la difusión de estos datos, Ceamse cuestionó la metodología del informe, señalando que se basa en mediciones satelitales puntuales captadas durante sobrevuelos diurnos, lo que no representaría el comportamiento dinámico integral de las emisiones. La empresa defendió su gestión asegurando que opera bajo estándares regulatorios vigentes y que cuenta con sistemas activos de captación y tratamiento de biogás para evitar la liberación directa de gases a la atmósfera.
Además, el organismo informó que en 2025 inició un proceso de certificación de bonos de carbono bajo el estándar internacional Verified Carbon Standard (VCS) de la organización VERRA. Según detallaron, la captación de biogás ha mostrado incrementos recientes, alcanzando los 16.000 m³/h en abril de 2026, un 16% más que en meses previos.
Hacia un nuevo modelo de gestión
El caso de Campo de Mayo reabre el debate sobre la sostenibilidad del modelo de enterramiento de residuos. Mientras el informe de UCLA destaca que los gobiernos pueden tomar medidas prácticas para prevenir estas nubes de metano, la realidad argentina muestra que aún persisten más de 5.000 basurales a cielo abierto en el país, donde la mayor parte del gas emitido no se captura ni se aprovecha energéticamente. La transición hacia una economía circular y tecnologías de captura más eficientes aparece como la única vía para mitigar el impacto de estos gigantes invisibles de la contaminación