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Crisis nuclear: alertan por el desmantelamiento del sector
Especialistas y científicos de la CNEA expusieron en Diputados sobre el desmantelamiento del sector nuclear, la fuga de cerebros y el freno de obras.
POR REDACCIÓN
La Comisión de Economía de la Cámara de Diputados se convirtió este miércoles en el escenario de una cruda advertencia sobre el futuro energético del país. Representantes, científicos y trabajadores de distintos ámbitos del sector nuclear confluyeron para denunciar lo que definieron como un desmantelamiento sistemático, el freno de proyectos estratégicos y un vaciamiento de capacidades técnicas que pone en jaque la soberanía nacional.
Bajo el título “Situación del sector nuclear: implicancias económicas”, la jornada estuvo marcada por encendidos discursos en defensa de un patrimonio científico de 76 años de historia, contrastando con las sillas vacías de los legisladores de La Libertad Avanza.
La presidenta de la comisión, Julia Strada, no dejó pasar la ausencia del oficialismo. Cuestionó que los diputados libertarios faltaran a un encuentro donde se exponía el potencial de un sector estratégico, acusándolos de anunciar un supuesto plan nuclear sin escuchar a sus protagonistas.
Según la diputada, el verdadero motivo del faltazo fue evitar dar explicaciones sobre las acciones del asesor presidencial Demian Reidel, a quien definió en duros términos y recordó que se encuentra imputado por inexplicables compras con tarjeta de crédito durante su paso por el directorio de Nucleoeléctrica. La figura de Reidel sobrevoló la sala de forma constante; el físico e investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Rodolfo Kempf, llegó a calificarlo como el "caballo de Troya de la destrucción del plan nuclear de la Argentina", lamentando que el área se esté llenando de "rosqueros" y "casta barata".
El diagnóstico trazado por los especialistas describió un retroceso drástico para una nación pionera. Ignacio Cortez, del Grupo Física Estadística e Interdisciplinaria de la CNEA y delegado de ATE, recordó que Argentina pertenece al selecto tres por ciento de los países del mundo con reactores de invención propia, producto de casi ocho décadas de inversión que hoy, denunció, le están quitando al pueblo.
En la misma línea, Kempf alertó sobre el incumplimiento internacional de extender la vida útil de la central Atucha I, advirtiendo que podría pasar de generar energía desde 1974 a convertirse en un mero residuo radiactivo cuyo desmantelamiento costaría 2.000 millones de dólares. Daniel Durán, trabajador de Atucha I y II, reforzó esta idea al exigir que, si la intención es regalar una empresa estratégica como Nucleoeléctrica —garante de energía de base las 24 horas, los 365 días del año—, el pueblo tiene el derecho de saber cuánto vale.
Por su parte, Franco Gómez Coria, desde la Central Nuclear de Embalse, sumó su preocupación por la incorporación de personal sin conocimientos para dirigir áreas de la empresa, rifando décadas de desarrollo.
El drama del vaciamiento tomó rostro humano a través de la pantalla. Vía Zoom desde Francia, la ingeniera nuclear Julieta Romero ilustró la fuga de cerebros que sufre el país.
Explicó que cuando un profesional altamente formado emigra porque las oportunidades locales dejan de ser económicamente viables, no solo se recorta una línea presupuestaria, sino que se rompe una cadena de valor irrecuperable. Esa pérdida de experiencia y de capacidad para formar a la próxima generación fue comparada por Romero con un bosque incendiado que tardará años en volver a reverdecer, obligando al país a contratar en el exterior lo que antes sabía hacer.
La parálisis también afecta a proyectos de vanguardia que posicionaban a la Argentina en el mapa global de la ciencia y la salud. Gustavo Santa Cruz, doctor en Física de la UBA, repasó las décadas de desarrollo en terapias complejas, como los tratamientos avanzados contra el cáncer por captura neutrónica en boro (BNCT) realizados en Bariloche.
Sin embargo, ese ecosistema de innovación está asfixiado. Tomás Avalone expuso la dramática situación del proyecto RA-10, un reactor en su etapa final de construcción al que se le eliminó el presupuesto para sus plantas anexas y se lo dejó con la mitad del personal, perdiendo además la planta de radioisótopos necesaria para ubicar su producción.
La doctora en economía Verónica Robert enmarcó esta crisis dentro de una lógica extractivista del Gobierno, señalando que, al igual que el litio o el petróleo, hoy se extraen y vacían las capacidades construidas por el Estado, como ocurre con el proyecto Carem.
Las palabras finales de Adriana Serquis, ex presidenta de la CNEA, resumieron el sentimiento de la jornada: la funcionaria recordó que el reactor Carem, frenado por la gestión de Javier Milei, tenía un valor de 2.500 millones de dólares y un precio internacional proyectado en 7.500 millones. Era la frutilla del postre de un futuro nuclear enorme que, según los testimonios de la crónica legislativa, hoy se encuentra al borde del abismo.