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Parte de la nieve caída en junio ya desapareció de la cordillera sanjuanina

Imágenes satelitales evidencian una marcada reducción del manto nival en lacordillera sanjuanina.

Hace 2 horas
Comparativa de las imágenes satelitales de la NASA de lo que pasó en la cordillera.

Doce días después de las últimas nevadas registradas en la cordillera sanjuanina (entre el 9 y el 18 de junio), las imágenes satelitales del visor global de la Tierra de la NASA (worldview.earthdata.nasa.gov), muestran una significativa reducción de la superficie cubierta por la nieve. El dato enciende la alerta entre las autoridades y los organismos técnicos que monitorean el comportamiento climático, ya que parte de las precipitaciones que habían renovado las expectativas para el ciclo hídrico 2026-2027 desaparecieron en pocos días. No obstante, los pronósticos indican que esta semana podrían registrarse nuevas nevadas que ayuden a recomponer parte de la cobertura nívea.

La situación es especialmente relevante porque, si bien las nevadas habían llegado de manera tardía y con una intensidad menor a la esperada, la reducción del manto blanco de nieve puede explicarse por dos fenómenos: el derretimiento rápido debido a las temperaturas altas en el suelo de la cordillera y/o la sublimación. El primero, un proceso que acelera el derretimiento, y el segundo, el más preocupante, un proceso por el cual la nieve pasa directamente del estado sólido al gaseoso, sin transformarse previamente en agua líquida. Es decir, la nieve no alimenta ríos, arroyos, embalses ni acuíferos, reduciendo el aporte hídrico que normalmente se espera durante la temporada primavera - verano.

Qué es la sublimación, un suelo cálido y por qué preocupan

Según explican los especialistas, la sublimación ocurre cuando la nieve o el hielo se transforman directamente en vapor de agua. En la cordillera de los Andes este fenómeno es favorecido por la baja humedad ambiental, la intensa radiación solar, los fuertes vientos, la elevada altitud y, en algunos casos, por la diferencia de temperatura entre el aire frío y un suelo relativamente más cálido. Todas variables que se pueden haber presentado en este caso.

Los especialistas advierten que estos fenómenos disminuyes la eficiencia de las nevadas como reserva estratégica y complica las estimaciones futuras de disponibilidad para consumo humano, riego y generación de energía. Por esa razón, los organismos técnicos no sólo observan cuánto nieva en la cordillera, sino también cuánto tiempo permanece la nieve sobre el terreno y cuánto se pierde antes de la llegada de la temporada de escurrimientos.

Un panorama que confirma los pronósticos

A este escenario se suma el último reporte de la Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) de Perú, que proyecta el desarrollo de un evento El Niño entre junio de 2026 y marzo de 2027, con una mayor probabilidad de alcanzar una intensidad fuerte entre noviembre y diciembre. De confirmarse este pronóstico, el fenómeno favorecería las lluvias en el centro y el este de Argentina, mientras que la cordillera cuyana podría volver a quedar al margen de los eventos níveos de magnitud que necesita para recomponer sus reservas hídricas.

Silvio Pastore, director del Gabinete de Estudios de Geocriología, Glaciología, Nivología y Cambio Climático de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan, aseguró, en Xama TV, que los eventos registrados hasta el momento no alcanzan para modificar el escenario previsto.

“Los pequeños eventos que hemos tenido recientemente no han sido suficientes como para lograr una acumulación de nieve que permita estimar derrames adecuados para cubrir los usos que hacemos en los valles de las cuencas de los ríos San Juan y Jáchal”, explicó.

Según el investigador, el panorama observado hasta el momento confirma que el ciclo hídrico 2026-2027 será escaso, aunque aclaró que todavía existe la posibilidad de nuevas nevadas hasta fines de septiembre.

“La realidad supera a los modelos”

Pastore recordó que desde hace más de dos décadas existen modelos climáticos que anticipan una disminución progresiva de las precipitaciones níveas en la cordillera sanjuanina.

Sin embargo, advirtió que los datos observados en los últimos años muestran una situación incluso más crítica que la prevista originalmente. “Las precipitaciones níveas y los derrames de los ríos San Juan y Jáchal han sido menores que los peores escenarios proyectados hace 25 años”, señaló.

El especialista sostuvo que esta realidad obliga a replantear la manera en que la provincia administra sus recursos hídricos y desarrolla sus actividades productivas.

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