Salud y Bienestar > Cuidados
Frío extremo: cómo impacta en el cuerpo y cómo protegerse
Las bajas temperaturas no solo generan incomodidad: también pueden comprometer el funcionamiento del corazón, los pulmones y el cerebro.
POR REDACCIÓN
La llegada del frío intenso obliga al organismo a realizar un mayor esfuerzo para conservar su temperatura interna. Cuando el cuerpo pierde calor más rápido de lo que puede producirlo, se activan distintos mecanismos de defensa que, si bien ayudan a mantener el calor, también pueden afectar el funcionamiento de órganos vitales como el corazón, los pulmones y el cerebro. Los especialistas recomiendan extremar los cuidados durante las jornadas de bajas temperaturas para evitar complicaciones.
Uno de los sistemas más afectados es el cardiovascular. El frío provoca la contracción de los vasos sanguíneos para conservar el calor corporal, lo que eleva la presión arterial y aumenta el esfuerzo que debe realizar el corazón. Además, la sangre puede volverse más espesa, favoreciendo la formación de coágulos e incrementando el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, especialmente en personas con antecedentes cardíacos.
Los pulmones también sufren el impacto de las bajas temperaturas. El aire frío y seco irrita las vías respiratorias, agrava enfermedades como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y favorece la circulación de virus en ambientes cerrados. A esto se suma una disminución de la capacidad defensiva de las mucosas, lo que incrementa la posibilidad de contraer infecciones respiratorias durante el invierno.
En cuanto al cerebro, la exposición prolongada al frío puede afectar el rendimiento cognitivo y, en casos extremos, derivar en hipotermia. Los primeros síntomas incluyen escalofríos intensos, somnolencia, dificultad para concentrarse, torpeza en los movimientos y confusión. Si la temperatura corporal continúa descendiendo por debajo de los 35 grados, la situación puede transformarse en una emergencia médica que requiere atención inmediata.
Para reducir estos riesgos, los especialistas aconsejan vestirse con varias capas de ropa, proteger especialmente la cabeza, el cuello, las manos y los pies, evitar permanecer con prendas húmedas, mantenerse físicamente activo sin realizar esfuerzos excesivos, consumir bebidas calientes y no fumar. También recomiendan prestar especial atención a niños, adultos mayores y personas con enfermedades preexistentes, quienes son los más vulnerables frente al frío extremo.