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La Iglesia quiere que avance el plan hídrico para cuidar el río Jáchal
El presbítero Gustavo Vaca celebró que el proyecto de monitoreo permanente del río Jáchal avance, aunque pidió controles rigurosos y aprender de los derrames en Veladero.
El presbítero Gustavo Vaca respaldó que el Plan Maestro de Seguridad Hídrica de la cuenca del río Jáchal siga avanzando y destacó que la incorporación de herramientas científicas es fundamental para anticipar posibles impactos sobre el agua. Sin embargo, planteó que la iniciativa “quizás llegue más de veinte años tarde” y pidió que, si avanza, su aplicación priorice la prevención y el cuidado del recurso hídrico.
El sacerdote expresó estos conceptos en un escrito que difundió a través de su cuenta de Facebook, luego de que se confirmara que el proyecto, impulsado por la Comisión de Justicia y Paz del Arzobispado de San Juan y desarrollado con la participación de especialistas de la Universidad Católica de Cuyo, la Universidad Nacional de San Juan y áreas del Gobierno provincial, continúa avanzando. En estos días se conoció que las autoridades provinciales ya iniciaron el expediente formal para evaluar su cobertura presupuestaria a través del fideicomiso minero de la provincia.
“Esta gran herramienta que hoy se propone constituye, sin duda, un paso importante. Como tal, la celebro. Celebro que un grupo de científicos —en especial el ingeniero Dolling, con tal nivel de experticia e integridad humana y profesional— dedique su tiempo, su conocimiento y su experiencia a generar instrumentos que permitan conocer, anticipar y prevenir posibles impactos. Celebro también que Justicia y Paz y el Arzobispado impulsen ante el Gobierno la incorporación de este sistema. Todo aquello que contribuya a cuidar la vida merece ser valorado”, dijo.
Luego introdujo una mirada crítica sobre los tiempos. “Quizás llegue más de veinte años tarde. Pero precisamente por eso debemos recibirlo como una oportunidad: la oportunidad de aprender de nuestra historia, de fortalecer los controles y, sobre todo, de cuidar mejor aquello que tenemos”, sostuvo.
Prevención y memoria de los derrames
Vaca puso el eje de su reflexión en la prevención. A partir de su formación como enfermero, señaló que prevenir no significa actuar después de ocurrido un problema, sino identificar riesgos, conocer sus posibles consecuencias y tomar medidas antes de que se produzca un daño.
En ese marco, remarcó que el agua ocupa un lugar central. “El agua no es simplemente un recurso. Es condición de posibilidad de la vida”, afirmó, y sostuvo que de ella dependen las comunidades, la producción, los animales, los ecosistemas y las futuras generaciones.
El sacerdote también vinculó su planteo con la memoria social de los derrames ocurridos en Veladero. Según expresó, esas experiencias no deberían quedar reducidas a antecedentes administrativos, sino servir para exigir mayores controles y fortalecer las instituciones.
“San Juan tiene memoria de los derrames ocurridos en 2015. Esa experiencia forma parte de nuestra historia”, señaló.
Vaca aclaró, además, que su posición no apunta a rechazar el desarrollo productivo. “No se trata de negar la necesidad de desarrollo, siempre queremos estar mejor”, expresó, aunque insistió en que deben extremarse las medidas de protección cuando existe riesgo sobre una fuente de agua.
Monitoreo en tiempo real y alerta temprana
El Plan Maestro de Seguridad Hídrica, coordinado por el doctor ingeniero Oscar Dölling, consiste en un Sistema de Alerta Temprana diseñado para medir de forma continua y en tiempo real el estado de toda la cuenca. El desarrollo nació como respuesta a la preocupación ciudadana luego de los derrames registrados en la mina Veladero en 2015, 2016 y 2017, y de otros eventos que generaron preocupación social, como la mortandad de peces registrada en el dique Cuesta del Viento a fines de 2025.
El corazón operativo del plan contempla la instalación de una red de aproximadamente 20 estaciones de monitoreo estratégicamente ubicadas aguas arriba y aguas abajo de los emprendimientos mineros Veladero y la proyectada mina Vicuña. Unas 14 de estas estaciones contarán con sensores dobles que transmitirán información cada cinco minutos sobre parámetros clave como cianuro, metales pesados, sales, pH y potencial redox, entre otros.
Un aspecto innovador del sistema es la incorporación de seis estaciones biométricas que emplearán peces como bioindicadores. A través de peceras por las que circulará agua del río, cámaras analizadas mediante inteligencia artificial registrarán alteraciones en la natación o respiración de los ejemplares, con el asesoramiento de especialistas de Alemania.
La información será procesada en dos salas de monitoreo —una estatal y otra universitaria— y estará abierta al acceso público con el objetivo de garantizar la transparencia.
Para Vaca, el valor de estas herramientas dependerá del rigor con el que eventualmente sean aplicadas. Por eso, tras celebrar que San Juan pueda discutir sobre ciencia, prevención y controles, pidió que cualquier decisión vinculada con la cuenca tenga como prioridad proteger el agua.
“Hay agua. Hay vida. Hay personas. Hay animales. Hay ecosistemas. Hay generaciones futuras”, expresó antes de cerrar su reflexión con una consigna: “Cuidemos el agua, siempre”.
Dato
El proyecto requiere una inversión estimada de US$ 11.000.000 para su instalación y financiamiento operativo durante cinco años. Asimismo, el plan apunta a certificar los análisis bajo la norma internacional ISO 17025 en laboratorios universitarios y prevé adaptar sus módulos autónomos, impulsados por energía solar, a otros ríos e industrias de San Juan y la región.
Texto completo publicado por el presbítero Vaca
Hermanos, buenas noches:
Esta gran herramienta que hoy se propone constituye, sin duda, un paso importante. Como tal, la celebro. Celebro que un grupo de científicos (en especial el Ing. Dolling con tal nivel de experticia e integridad humana y profesional) dedique su tiempo, su conocimiento y su experiencia a generar instrumentos que permitan conocer, anticipar y prevenir posibles impactos. Celebro también que Justicia y Paz y el Arzobispado impulsen ante el Gobierno la incorporación de este sistema.
Todo aquello que contribuya a cuidar la vida merece ser valorado.
Quizás llegue más de veinte años tarde. Pero precisamente por eso debemos recibirlo como una oportunidad: la oportunidad de aprender de nuestra historia, de fortalecer los controles y, sobre todo, de cuidar mejor aquello que tenemos.
En mi formación como enfermero aprendí que prevenir no significa simplemente reaccionar frente a una enfermedad. Para prevenir, primero es necesario conocer aquello que puede dañar, identificar sus causas, reconocer sus consecuencias y, a partir de ese conocimiento, tomar todas las medidas necesarias para evitar que el daño se produzca.
Por eso, prevenir es un acto profundamente responsable.
Pero la prevención tiene una condición fundamental: debe ser capaz de transformar el conocimiento en decisiones concretas.
Si sabemos que existe un riesgo, lo estudiamos.
Si conocemos sus posibles consecuencias, las evaluamos.
Y si esas consecuencias pueden comprometer la vida, tenemos la responsabilidad de extremar todas las medidas de protección.
Aquí aparece para nosotros una cuestión fundamental: el agua.
El agua no es simplemente un recurso. Es condición de posibilidad de la vida. De ella depende nuestra comunidad, nuestra producción, nuestros animales, nuestros ecosistemas y también las generaciones que todavía no han nacido.
Por eso, cuando hablamos de prevención en relación con el agua, estamos hablando de algo mucho más profundo que de una herramienta técnica. Estamos hablando de una responsabilidad ética.
Toda actividad humana tiene riesgos. Lo sabemos. Una medicación puede tener efectos adversos; una cirugía implica riesgos; transportar mercadería, trabajar en altura o incluso realizar determinadas tareas cotidianas supone asumir algún grado de riesgo.
La vida humana convive con el riesgo.
Pero también sabemos que no todos los riesgos son iguales y que no todos pueden justificarse de la misma manera.
Cuando la primera consecuencia posible de una actividad es afectar una fuente de agua de la que depende la vida de una comunidad y de toda una biodiversidad, la pregunta ética cambia.
Ya no se trata solamente de preguntarnos: “¿Podemos hacerlo?”
Debemos preguntarnos:
¿Es responsable hacerlo aquí?
¿Qué consecuencias podría tener?
¿Podemos garantizar que no comprometeremos el agua?
¿Qué derecho tenemos a poner en riesgo aquello que necesitamos para vivir?
Y aquí aparece otra palabra que considero fundamental: MEMORIA.
Así como nuestro cuerpo tiene memoria y, después de haber enfrentado una enfermedad, conserva anticuerpos que le permiten reconocer aquello que alguna vez lo dañó, también nosotros necesitamos construir una memoria social y comunitaria.
- No para vivir presos del pasado.
- No para alimentar enfrentamientos.
Sino para aprender de lo vivido.
San Juan tiene memoria de los derrames ocurridos en 2015. Esa experiencia forma parte de nuestra historia y no puede ser simplemente archivada como un antecedente administrativo.
Debe ayudarnos a ser mejores.
Debe ayudarnos a exigir mayores controles.
Debe ayudarnos a fortalecer las instituciones.
Debe ayudarnos a aprender.
Y, fundamentalmente, debe ayudarnos a garantizar que aquello que sucedió y que causó daño, especialmente pánico social, no vuelva a repetirse.
Por eso celebro que hoy podamos hablar de ciencia, de monitoreo, de prevención y de controles. Pero justamente porque creemos en estas herramientas, debemos pedir que sean aplicadas con el máximo rigor y que las decisiones públicas estén siempre orientadas a proteger la vida y el agua.
De verdad, para mi no se trata de negar la necesidad de desarrollo, siempre queremos estar mejor.
Pero... No podemos vivir paralizados por el miedo.
No podemos pensar:
“Es solamente un 1%.”
“Es solamente un 0,1%.”
“Es solamente un 0,01%.”
Porque detrás de ese porcentaje no hay solamente una cifra.
Hay agua.
Hay vida.
Hay personas.
Hay animales.
Hay ecosistemas.
Hay generaciones futuras.
Y esa es, en definitiva, una tarea que nos pertenece a todos, por supuesto, cada uno con responsabilidades diferentes. CUIDEMOS EL AGUA, SIEMPRE.