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Niños que no comen: ¿cuándo la selectividad alimentaria debe preocupar?
La médica de familia Claudia Duano explicó cuándo el rechazo de alimentos es parte del crecimiento y qué señales exigen consultas.
Por Brenda Uñate Hace 10 horas
Que un niño que antes comía de todo empiece a rechazar verduras, colores o determinadas texturas no siempre indica un problema de salud. Entre los dos y los seis años puede aparecer una etapa de selectividad alimentaria vinculada al desarrollo de la autonomía. En Salud & Bienestar, la médica de familia Claudia Duano explicó cuándo esta conducta es esperable y qué señales deben llevar a las familias a consultar.
La especialista señaló que algunos chicos reducen temporalmente la variedad de alimentos y prefieren preparaciones conocidas, como los fideos. Sin embargo, aclaró que no alcanza con observar qué dejan en el plato: también importa cómo crecen, cuánta energía tienen y cómo se sienten a la hora de comer.
Qué es normal y cuándo consultar
Durante esta etapa, un niño puede rechazar alimentos que antes aceptaba y comer más cantidad de otros. Duano explicó que los controles pediátricos permiten seguir la evolución del peso y la talla mediante curvas de crecimiento. Si mantiene su trayectoria habitual, descansa bien, juega y conserva su energía, la selectividad puede ser algo transitorio.
Las señales de alerta aparecen cuando la lista de alimentos aceptados se reduce cada vez más, el niño se queda con apenas dos o tres opciones o empieza a crecer menos de lo esperado. También merecen atención el cansancio, los cambios en el sueño, la irritabilidad intensa durante las comidas y las dificultades en el rendimiento escolar o deportivo.
En esos casos, la evaluación médica ayuda a descartar problemas digestivos, intolerancias u otras condiciones, y a identificar posibles déficits nutricionales. Según las necesidades, pueden intervenir profesionales de nutrición, psicología y terapia ocupacional.
Comer sin presiones y en familia
Duano fue categórica frente a una práctica que todavía persiste en algunos hogares:
“Jamás, jamás, acá escribamos jamás nosotros deberíamos obligar a comer a un niño”.
Dejarlo sentado durante horas frente a un plato que rechaza puede generar angustia y empeorar su relación con la comida.
La recomendación es ofrecer variedad sin forzar. Si un alimento provoca rechazo, se puede dejar pasar un tiempo y volver a presentarlo de otra manera, en pequeñas cantidades y sin convertirlo en una obligación. La especialista propuso una escena sencilla:
“Sé que no querés comer tomate pero yo voy a comer tomate”, dejando una porción cerca para que el niño decida si quiere probarlo.
La dinámica familiar también influye. Cambios de horarios, nuevas rutinas o situaciones emocionales pueden modificar el apetito. Por eso, compartir alguna comida, mantener horarios posibles y procurar que los adultos ofrezcan un ejemplo de alimentación variada ayuda a construir hábitos.
“El comer es un evento social, el niño aprende a comer comiendo con su grupo familiar”, recordó Duano.
Su mensaje fue observar al niño en su conjunto, sostener los controles de salud y pedir ayuda si el rechazo alimentario empieza a afectar su crecimiento o su bienestar.
Dato
Salud & Bienestar se transmite por la señal de HUARPE TV en el 19.2 de TDA, Kick y YouTube.