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El Niño 2026-2027: la OPS advierte aumento de estrés y depresión
La Organización Panamericana de la Salud advierte que los eventos de El Niño elevarán el estrés, la ansiedad y la depresión en América Latina y el Caribe durante el periodo 2026-2027.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió una advertencia epidemiológica sobre los severos e invisibles efectos que el fenómeno de El Niño provocará en el bienestar psicológico y la salud mental de los habitantes de América Latina y el Caribe durante el periodo 2026-2027.
Más allá de las drásticas perturbaciones meteorológicas tradicionales —caracterizadas por sequías prolongadas, lluvias torrenciales e inundaciones—, el organismo internacional enfatizó que las situaciones de emergencia derivadas de este evento alterarán de forma profunda la estabilidad emocional de la población expuesta a desastres socioambientales.
Intensidad histórica y mayor vulnerabilidad socioambiental
Las evaluaciones del Centro de Predicción Climática de la NOAA fundamentan técnicamente la gravedad del escenario.
El organismo estadounidense señaló un 75% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad histórica en el periodo de octubre a diciembre de 2026, pudiendo superar los registros documentados desde 1950.
Del mismo modo, la NOAA prevé una probabilidad superior al 90% de que se consolide un evento catalogado como 'muy fuerte' durante la primavera y verano del hemisferio sur y el otoño e invierno del hemisferio norte, lo que incrementará la vulnerabilidad de la región.
Estrés, ansiedad y factores desencadenantes de tensión social
En una entrevista concedida a CNN, Carmen Martínez, asesora regional en Salud Mental y Uso de Sustancias de la OPS, explicó en detalle la cadena de factores estresores vinculados a estas catástrofes.
La especialista indicó que las inundaciones destructivas, la escasez crítica de agua potable, las sequías y las temperaturas extremas generan condiciones ambientales que disparan el estrés y la ansiedad.
A estos factores climáticos se añaden la pérdida de ingresos económicos, el desplazamiento forzoso de familias, la dificultad para conseguir alimentos y la constante incertidumbre.
De acuerdo con lo expuesto por Martínez, entre las manifestaciones psicológicas más frecuentes durante una contingencia se encuentran el estrés agudo, la angustia, los estados de ansiedad y las perturbaciones del sueño.
La experta precisó que el estrés y la ansiedad representan, en una fase inicial, respuestas emocionales normales mediante las cuales las personas intentan lidiar con una situación extraordinaria y traumática. Sin embargo, advirtió que la persistencia de estas condiciones desfavorables dificulta la recuperación natural y deriva en cuadros de mayor severidad psicológica.
Riesgo de depresión, consumo de ansiolíticos y violencia
Cuando las emergencias climáticas y las carencias materiales se prolongan en el tiempo, se eleva de manera considerable el riesgo de desarrollar depresión clínica y de incrementar el consumo de psicofármacos, especialmente ansiolíticos.
La OPS advierte además que las secuelas psicológicas no siempre emergen de forma inmediata; en muchos casos, los trastornos afectivos se manifiestan tiempo después de superada la crisis, cuando las personas procesan las pérdidas.
A ello se suma que el hacinamiento en refugios y la inseguridad disparan los conflictos familiares y el riesgo de violencia de género.
Riesgos epidemiológicos integrales y respuestas prioritarias
El informe de la OPS destaca también que El Niño acarrea otros serios riesgos para la salud pública de la población. Se alerta sobre un aumento en enfermedades de transmisión hídrica como el cólera, y en padecimientos transmitidos por mosquitos como dengue, malaria, Zika y chikunguña.
Asimismo, se prevé un incremento en enfermedades respiratorias por incendios forestales y el deterioro de la calidad del aire, en un entorno donde las inundaciones pueden afectar seriamente la infraestructura de los centros sanitarios.
Frente a este complejo panorama, la Organización Panamericana de la Salud hizo un llamado a los países a reforzar la vigilancia epidemiológica, garantizar agua segura y saneamiento, fortalecer la preparación de los servicios sanitarios y contar con mecanismos que permitan mantener la atención continua en salud mental durante las emergencias.