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El Salvador inauguró la prisión más grande de América

Se trata del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), que puede albergar hasta 40.000 reos.

POR REDACCIÓN

26 de febrero de 2023
El Salvador inauguró la cárcel más grande de América (Foto: Gentileza).

La enorme y tecnológica prisión, está ubicada en una aislada zona rural y es la “más grande de América”, según el gobierno salvadoreño. Construida en un valle de Tecoluca, a unos 74 km al sureste de San Salvador, el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), se destaca por rigurosos controles de ingreso.

El presidio fue construido para recluir a parte de los 62.975 pandilleros detenidos bajo el polémico régimen de excepción instaurado por el Presidente Nayib Bukele. El compró 166 hectáreas, 23 de las cuales fueron utilizadas para construir ocho pabellones que se encuentran dentro de un perímetro rodeado por un muro de concreto de 11 metros de altura y 2,1 kilómetros, protegido por alambradas electrificadas.

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Para ingresar al presidio tanto reclusos como personal de seguridad y administrativo tienen que llegar a zonas de registro antes de pasar por tres portones fortificados controlados por guardias de seguridad. Cada pandillero que llegue, además de pasar por un escáner corporal deberá registrarse en un área de ingreso donde le tomarán fotografías.

Para dar autonomía al presidio, el ministro salvadoreño de Obras Públicas, Romeo Rodríguez, declaró que se perforaron dos pozos, se instalaron una planta de abastecimiento de 600 metros cúbicos de agua, cuatro cisternas, y construyeron ocho subestaciones de energía eléctrica. Mientras que, con el fin de garantizar el fluido eléctrico, el penal dispone además de plantas de emergencia a base de combustible. También fue construida una planta de aguas residuales.

Frente a los pabellones de celdas, figura un cuarto de control para operar los sistemas de agua y electricidad para que los internos no tengan capacidad de “manipular” ambos servicios. Y los pabellones tienen un techo curvo que garantiza la ventilación natural para los presos.

Rigor

Cada pabellón posee un área de construcción de 6.000 metros cuadrados, y en cada una de sus 32 celdas provistas de barrotes de acero, se alojarán “más de cien” pandilleros. Los reclusos disponen en cada celda -de unos 100 metros cuadrados-, de dos piletas con agua corriente para el aseo personal, y dos inodoros. También, hay camarotes de lámina de hierro sin colchón, para que duerman los reclusos.

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Además, en cada pabellón existen las “celdas de castigo” oscuras y sin ventanas que serán utilizadas con los pandilleros de mala conducta. “No se han construido patios, áreas de recreación, ni espacios conyugales”, por lo que los pandilleros solo salen de la celda cuando van a una sala para su proceso judicial virtual.

Guardias armados con pistolas y fusiles de asalto están a cargo de la vigilancia de los reos. Equipos electrónicos bloquean las señales de teléfonos celulares impidiendo la comunicación desde el penal.

Los reos deben pagar por comida, ropa y productos de higiene

Los familiares de los detenidos bajo el Régimen de Excepción denunciaron que les exigen 170 dólares al mes para brindarle alimentos y productos básicos a los detenidos.

Lo que compran por ese dinero son siete pequeños paquetes cuyos contenidos no aparecen detallados en las hojas que los carceleros han pegado en los muros de las prisiones. Los familiares solo saben que dan 35 USD por alimentación, 15 USD por artículos de higiene, 30 USD por vestimenta, 20 USD por limpieza de área y 70 USD por misceláneos.

Por ahora, además del sistema de paquetes obligatorios, funciona un sistema de “tiendas institucionales” a los que los familiares depositan sumas de entre 5 USD y 150 USD al mes para comprar en tiendas ubicadas al interior de los penales. “Todo lo compran a sobreprecio. Una Coca Cola que afuera vale 2,50 USD ahí las venden a 10 USD", explicó la pariente de un reo.

De cualquier forma, y con cualquiera de los formatos de cobro, la venta de artículos de primera necesidad a los reos de El Salvador parece un negocio redondo. Desde marzo hasta ahora, el sistema carcelario ha ingresado unos 64.000 reos que, según cifras oficiales, se han sumado a la población de unos 40.000 que ya existían. Sí, como sospechan los familiares y organizaciones, el cobro obligatorio se extiende a todas las cárceles, el gobierno de Nayib Bukele podría empezar a ingresar unos USD 17 millones al mes.

Despliegue mediático

El propio presidente Bukele comunicó en su redes sociales el primer traslado de reos a su megaprisión. Con un despliegue audiovisual impactante, difundió cómo fue la llegada de los primeros 2.000 reclusos. “Esta será su nueva casa, donde vivirán por décadas, mezclados, sin poder hacerle más daño a la población”, escribió en su cuenta de Twitter.

“Célula a célula estamos eliminando este cáncer de la sociedad. Sepan que no volverán a salir caminando del CECOT, pagarán por lo que son… cobardes terroristas”, escribió por su parte el ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Villatoro.

Patrón de violaciones de DDHH

La organización Amnistía Internacional expresó “su profunda preocupación” por la nueva cárcel y llamó a Bukele a “cambiar de rumbo” en su política de arrestos masivos.

“Amnistía Internacional ha denunciado un claro patrón de violaciones de derechos humanos bajo el enfoque de seguridad pública actual en El Salvador. La construcción de esta nueva prisión podría suponer la continuidad y el escalamiento de estos abusos”, afirmó la organización.

“La violencia de pandillas en el país debe ser abordada de manera integral y garantizando los derechos humanos de toda la población”, añadió Amnistía, que llamó a “la comunidad internacional para que actúe”.

Para el director de la ONG Comisión de Derechos Humanos de El Salvador, Miguel Montenegro, la megaprisión “es una vergüenza para el país”.

El gobierno se jacta de tener la cárcel más grande de América Latina, lo cual no es un orgullo sino un cuestionamiento que conlleva riesgos de hacinamiento y violencia”, afirmó Montenegro, afirmando que hay que combatir las pandillas “utilizando métodos que sí lleven a la readaptación”.

 

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