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Un mensaje esquizofrénico, o “la verdad y la mentira en el sentido extramoral”

Miguel Montoya Jamed

POR Miguel Montoya Jamed SEGUIR
04 de diciembre de 2020

04 de diciembre de 2020

Es el comienzo de la mañana y, leo un texto de Nietzsche, que escribió en el verano de 1873. Comienza diciendo: “En algún apartado rincón del universo vertido centelleantemente en innumerables sistemas solares, hubo una vez una estrella en la que unos animales inteligentes descubrieron el conocimiento. Fuel el minuto más falaz y más arrogante de la “historia universal”: de todos modos, sólo fue un minuto. Tras unas pocas aspiraciones de la naturaleza, la estrella se enfrió y los animales inteligentes tuvieron que morir”. Tres páginas más adelante, dice: “…….dado que el hombre quiere existir, por necesidad y aburrimiento a la vez, social y agriamente, necesita un tratado de paz…………..Este tratado de paz implica algo que se parece al primer paso dado para la obtención de este enigmático instinto de verdad…….pues aquí surge por primera vez el contraste entre verdad y mentira….”

Yo había trabajado toda la noche, y en algunos intervalos, me alejaba de la máquina de escribir y en actitud de nada, mientras cambiaba la yerba del mate o mientras se calentaba el agua para echarla en el termo, hojeaba los dos diarios locales, que habían quedado sobre la mesada de la cocina. Y eso era “en actitud de nada”, porque lo que hacía era mirar lo que ya había leído e intentaba con la relectura, cambiarle el sentido, para darme tranquilidad, seguramente. Concluí la columna que tendría que mandar al diario, para el otro día, y retomé un cuento que estaba escribiendo hacia un par de días. El Sol, aun no se hacía ver de cuerpo entero, la habitación donde trabajo tiene una ventana hacia el Este, el departamento está en un primer piso. Pero ya había puesto sus reflejos en la parte baja del Este. Ese amarillar se veía desde mi ventana…….ya se estaba haciendo el día. Había retirado el silloncito de la mesa, y había entrado en una ensoñación que se pobló inmediatamente con las imágenes, casi idénticas de los diarios que había mirado, como copiadas por uno de los diarios, del otro. En uno de ellos publicaban mi columna…….seguramente, el otro era el que copiaba, no tuve dudas. Y no fue eso lo que le dio fortaleza al estímulo de mi vigilia, que actuaba en mí ensoñación. Fue una preocupación, seguramente, empujada por la amenaza que cargamos todos…….todos, todos, de hace meses por el martirio en que vivimos. Y casi…….como una habitualidad, en los diarios, en la televisión y en las radios, nos quedamos con la atención, que ya le pertenece a eso que esperamos, en lo que pueden decir “los expertos”, o sea los que trabajan en eso y en lo que dirán los que gobiernan, los que son ministros…….los que…….los que tienen que tener un discurso con sentido, ahora más que nunca.

En ambos diarios, que leí: el mismo rostro del gobernador, el mismo rostro de “la autoridad de la salud”, los mismos rostros del “cumplimiento social”, los mismos rostros de “la obligación de hablar”, los mismos rostros de “los carteles de la campaña”, los mismos gestos, fijos, del desconcierto y de la confusión, los mismos gestos, fijos, de lo repetido…….ilustrando, de cada uno y entre comillas, para expresar lo textual, de lo que dijeron: anuncios en la misma dirección, que es la de “decir”, pero con sentidos contrarios. Ambos discursantes, similares. En un sentido, el peligro del aumento de los contagios, el pesar por tantas muertes, cuentan lo que intentaran para remediarlo. Y en el otro sentido, el anuncio de las aperturas-que les exige el poder económico-…….y su muestrario sonriente, de que ellos son gerenciadores de la libertad. Y debajo, la lista, con lo que conformará “la nueva normalidad”. Si esos sentidos contrarios, para estos representantes “del poder”, tienen el mismo convencimiento administrativo, la misma emoción proteccionista, la misma definición de la verdad, entonces: la misma fuerza de la obligación, por una primaria ley de la Física, se anulan…….no habrán dicho nada……. Bueno, después de todo, mejor así…….no.

Durante mi ensoñación, ensoñación porque estuve en ese intermedio que es tan agradable, claro: no este. Y en el que suelen gestarse los sueños, había situado esos rostros, esos discursos y seguramente mi preocupación, que sé que es colectiva, en el territorio de “La ciudad ausente”, una obra de Piglia, que terminaba de leer, y obviamente en lo que nunca olvidaré de García Márquez…….o que nunca olvidaremos, aún,  los que la hemos leído y también los que no: “Cien años de soledad”. De Piglia había tomado el “realismo mágico” de su relato, para asociarlo al del maestro, al del inventor. “Realismo mágico”, salido de su obra……. y desde entonces visualizado en la cotidianeidad de hombres y mujeres que caminamos las calles de pueblos, que estuvieron en dictaduras y en democráticas democracias…….antes del martirio. Aquel “Macondo” que amo en el libro de García Márquez, y que me entristece, cuando siento que sostiene mi cotidianeidad, porque en él están las calles que camino, las escuelas donde mis vecinos y mis amigos mandan a sus hijos, los hospitales de la salud pública que me ampara…….y la administración de lo público donde tenemos “la Propiedad Social”.

“Desperté” de mi descanso…….que no lo fue. Mandé mi columna al diario, me despedí “con un Fuerte Abrazo”…….casi como siempre, nunca por costumbre…….y menos, después de mi ensoñación.

Apagué la máquina y salí caminar las calles de la cercanía de mi casa, el Sol ya estaba de cuerpo entero por encima de los árboles de la cuadra.

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