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82 años de voto femenino en San Juan

No fue casualidad que San Juan se adelantara al resto de la nación, incluso del mundo, con una iniciativa que venía a cerrar una herida milenaria al ser legitimada la mujer con el derecho a elegir y aún más, de poder ser elegida.

Vanesa Téllez

POR Vanesa Téllez SEGUIR
16 de abril de 2019

16 de abril de 2019

“Para luchar contra el alcoholismo y la tuberculosis, las mujeres reclaman el derecho al voto”, “Para luchar contra los malos impuestos, las mujeres reclaman el derecho al voto”. Eran las consignas que empapelaban Buenos Aires en vísperas de las primeras elecciones en que votarían las mujeres. Era sólo un simulacro pero se clavó como una flecha en el talón de Aquiles del conservadurismo. Era 1920.

Ocho años más tarde, ya no como un ensayo sino como una realidad certera, el 8 de abril de 1928 las mujeres en San Juan votaban en plenitud de derechos.  Reconocidas como ciudadanas, argentinas nativas o naturalizadas, mayores de 18 años, con domicilio en la provincia. Mientras, el resto del país esperaría por más de veinte años por la misma equidad.

No fue casualidad que San Juan se adelantara al resto de la nación, incluso del mundo, con una iniciativa que venía a cerrar una herida milenaria al ser legitimada la mujer con el derecho a elegir y aún más, de poder ser elegida. Llegaba dentro de la plataforma de gobierno de un político distinto, el Dr. Aldo Cantoni. La similitud del sufrimiento social de la gran ciudad con el de su provincia, el desaliento de los oprimidos, el atropello a las leyes y la oligarquía como sistema imperante lo acercó al ideario de su profesor Juan B. Justo y se afilió al Socialismo. Las circunstancias lo trajeron de vuelta a su provincia con una formación política de vuelo. Su llegada no haría más que darle la oportunidad de hacer efectivo los derechos que por ser humano debe tener garantizado cualquier persona. Inmediatamente asumió propuso la reforma constitucional. La universalidad del sufragio en San Juan no se otorgó por ley ordinaria, sino como un derecho constitucional, incorporado a la Carta Magna provincial de 1927.

Meses más tarde una mañana destemplada de abril las calles se vieron abarrotadas de niñas y señoras que apretando fuerte el libretón cívico concurrieron a las urnas a elegir, en la ocasión, diputados y autoridades municipales. No faltó ninguna. El 97% del padrón femenino votó por primera vez. De esa elección resultó Intendente de Calingasta, Emilia Collado.

La misma actuación de las mujeres había impuesto la reforma. Habían ampliado su educación e instrucción cívica, se había capacitado para intervenir en los comicios, se habían organizado en clubes y comités, debatían, buscaban la mejor forma de obtener soluciones en el orden social y político, conocían mejor que nadie los problemas y necesidades de las familias, participaban de hecho en todas las decisiones. Y aunque a los ojos acusadores estas mujeres perturbadoras ponían en peligro el orden, la familia y la autoridad masculina, finalmente había llegado la hora que la mujer sanjuanina dejara de estar sin voz, ni voto.

Vanesa Téllez
Historiadora

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