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Ester: 90 años de un clásico

Denise Sabino Villanova

POR Denise Sabino Villanova SEGUIR
16 de septiembre de 2020

16 de septiembre de 2020

Mujeres, sus nombres, sus descripciones físicas y sus sentimientos (a veces supuestos por alguien) - el escritor y pianista uruguayo Felisberto Hernández (1902-1964) escribió algunos cuentos sobre mujeres reales en su vida y también sobre algunas imaginadas por él - aunque, cuando se trata de este autor, no se puede decir con seguridad que sean el fruto de su imaginación. Felisberto, como es afectuosa y simplemente llamado, escribe cuentos en los que percibimos claramente su función de narrador/autor/personaje/protagonista, accediendo a sus recuerdos -¿serían imaginados, adornados o no? Por lo tanto, no afirmaremos que algunos de sus personajes femeninos son creados por él. Puede ser que hayan existido. Es posible que les haya cambiado el nombre. Puede que las haya idealizado. Todo es posible. Así es el objetivo de muchos escritores y gran parte de ello es lo que cautiva al lector: mitad ficción, mitad no - no se sabe el porcentaje y nunca se sabra; en todo caso, no es necesario ni relevante en el trabajo de Felisberto.

Tómese la historia “Ester”, publicada en 1931, a punto de cumplir 90 años en 2021. Este cuento forma parte del libro La Envenenada (título del cuento homónimo), que también incluye dos cuentos más: “Hace dos días” y “Elsa”, ya analizado aquí, en el Diario Huarpe, el 1 de junio de 2020. (https://www.diariohuarpe.com/nota/originalidades-comparadas-en-la-literaturasudamericana-20206113440)

No es una novedad la inclusión de cuentos con nombres femeninos en la obra de Felisberto Hernández. Las mujeres, reales y, como ya se ha dicho, imaginadas, siempre han tenido un papel importante en la vida, en el universo y en la obra del escritor. Su abuela, su madre, sus cuatro esposas, otras dos relaciones amorosas serias (en la última de ellas iba a casarse, pero no hubo tiempo porque falleció), sus dos hijas, otras relaciones fugaces, amigas. Cada libro o cuento fue dedicado a alguna persona importante en su vida, como este libro, La Envenenada, que fue dedicado a su primera esposa, María Isabel Guerra. No se debe confundir el cuento “Ester” con Esther de Cáceres, poeta y amiga de Felisberto, esposa de Alfredo de Cáceres, también amigo del escritor, a quien le dedicó el cuento “El Convento”, en el libro La Cara de Ana (1930). No se puede decir que el personaje llamado Ester en esta historia tenga vínculo con Esther, su amiga. Así, el universo femenino está bien representado en los cuentos de Felisberto: habla de su abuela en “La Pelota” (1945); también sobre ella, su madre y su maestra de piano, Celina Moulié, en “El caballo perdido” (1943) y la lista sigue con títulos más tangibles como “El vestido blanco” y “La Casa de Irene”, ambos de 1929 en Libro sin Tapas. La obra La Cara de Ana (1930), además de la historia que le da título, contiene el cuento “Amalia” (referencia que tampoco debe confundirse con su segunda esposa, la pintora Amalia Nieto, puesto que no se puede decir que ella fue la inspiración para ese cuento). El libro La Envenenada (1931) incluye los cuentos “Ester” y “Elsa”; “Menos Julia” y “La mujer parecida a mi” aparecen en Nadie encendía las lámparas, 1947. También encontramos: “Las Hortensias” (1949), “Mi primera maestra” (1950), “Lucrecia” (1953), y en textos publicados póstumamente: “El árbol de mamá” (1946) y “Úrsula” (1962). Incluso hay presencia femenina con papeles protagonistas en cuentos como “La Casa Inundada” (1960) y “El Balcón” (1947), entre otros. Definitivamente, el universo femenino es una constante en el trabajo de Felisberto Hernández y una gran fuente de inspiración.

Repasemos el significado del verbo ver, según el “Diccionario de la lengua española”, de la Real Academia Española, que nos ofrece, entre sus 22 significados, las siguientes acepciones:

Del lat. vidēre.
1. tr. Percibir con los ojos algo mediante la acción de la luz.
2. tr. Percibir con la inteligencia algo, comprenderlo.
4. tr. Observar, considerar algo.
5. tr. Examinar algo (y 6. alguien), reconocerlo con cuidado y atención.
9. tr. Darse cuenta de algo.
12. tr. Considerar que algo o alguien es o está de una determinada manera.

Todos estos significados pueden no estar contenidos en el primer párrafo del cuento que estamos analizando, pero están presentes a lo largo de la historia. Felisberto observa a algunas mujeres jóvenes y una de ellas le llama la atención, él la percibe de alguna manera "violenta" y le da un nombre, Ester. Este "ver" resume todos los elementos que propone el diccionario de la Real Academia Española: ver con los ojos, percibir algo –o a alguien-, entender ese algo/alguien (o incluso, pensar que se entendió), observar, considerar, examinar, darse cuenta de algo y reconocer a alguien. De esta manera, podemos decir que no solo sus ojos, mente, cuerpo reconocieron a Ester, sino que ese reconocimiento la idealizaría, con mecanismos especialmente dispuestos para ella.

En el diccionario ya mencionado tenemos como sinónimo de ver la palabra, (de género femenino, lo cual es bastante pertinente en este caso), mirada, que expresa bien lo que Felisberto escribió en la primera frase del cuento, como ya fue expuesto. Entre los posibles significados de mirada, encontramos:

1. Acción y efecto de mirar.
2. Vistazo, ojeada.
3. Modo de mirar, expresión de los ojos.

Es casi un tercer personaje, la mirada. La mirada sola ya sería una manera de estar con Ester, de percibir su personalidad, de sentirla. El cuerpo también transmite lenguaje. El cuerpo se expresa. Esta mirada, junto con el sentido auditivo, son similares a escuchar la interioridad de Ester y darle a la historia el camino y la dirección que el cuento mismo quiere tener. Es dejar que el material se guíe solo. El narrador utiliza, en el primer párrafo, tres veces la palabra "además", como si estuviera siempre recordando un detalle, algo que no podía faltar, un elemento importante para el desarrollo de la observación y del cuento.

Sin que sea intencional, Felisberto se contradice en la historia, pero esta es la normalidad no sólo del autor, de su estilo, de sus recuerdos, de sus cuentos, sino también del ser, de nosotros mismos. Felisberto es un autor que nos ayuda a abordar personalidades innovadoras como la suya, personalidades más grandes que la vida. Ese es su trabajo. Al mismo tiempo, nos identificamos con él, por lo que somos un poco Felisberto, contradictorios, esa condición inherente del ser humano, y permitimos esta "felisbertad" (combinación entre “Felisberto” y “libertad”, palabra justa para su libertad creativa), y quizás un poco "felisbertinaje" también (unión de “Felisberto” y “libertinaje”, ese desenfreno en las obras o en las palabras - neologismos de la autora del artículo). Podemos ver esto en dos pasajes del cuento: “(...) parece que el espíritu me hacía equilibrio en todo sentir como una cosa ridícula o como una cosa bella (...) " y “(...) ocurrió lo imprevisto, lo de siempre". Al llegar a este pasaje, la segunda vez que el narrador ve a Ester, constatamos que –como ya se sabe- para Felisberto lo imprevisto es lo esperado, por eso es "lo de siempre".

Por otra parte, no hay exactamente un concepto de tiempo en la obra de Felisberto Hernández. El concepto de tiempo es establecido por el ser humano. Felisberto habla de "una tarde"; sin embargo lo que parece suceder en ese espacio de tiempo puede haber tomado semanas, como ocurre en el caso de establecer contacto con ese "objeto" de interés, y en el acto recurrente dentro de este espacio imaginario de tiempo, es su leitmotiv, su identidad. Una vida entera a la vez, una vida entera en un día. Tomarse más tiempo para observar y ser notado fue, después de todo, el Zeitgeist de la época.

Felisberto habla de muchachas que caminaban pensando en encontrar a alguien - esto se deduce de: "(...) parecía que si las otras pensaban que seducían (...)", y entre esas muchachas está incluida, claramente, Ester. Pero las otras caminaban lentamente e incluso parecían apáticas cuando Ester pasaba por su lado y se adelantaba, debido a que, por su paso rápido, creaba algo en su entorno, una especie de brisa que movía a las demás, como si fueran plantas sin voluntad, dependientes de la naturaleza, como si estuviesen en un estado vegetativo. Ester trataba de seducir con su paso rápido y no le importaba si no encontraba a ese “alguien” que tal vez estuviera buscando en la multitud; tampoco importaba que ella no estuviese yendo a ninguna parte. Si de las otras tal vez se pudiera esperar algún cambio de gesto o ritmo al caminar, el autor otorga a Ester una velocidad, un movimiento, una pujanza enorme, lo que significa que ella siempre sería rápida, en sus ideas, sueños, imaginación y así la hace más humana y no sólo idealizada, hablando de su sistema nervioso, con sus sinapsis mentales e incluso su circulación sanguínea, la que sería muy rápida, y una vez más, contradictorio, pero sin sorprenderlo - sería "extraño" y, a la vez, también, como narra, "normal". El narrador habla de la belleza de Ester, "agresiva (...), tal vez desafiara la vida", o sea, Ester tiene una fuerte personalidad, incluso externa.

Hacia el final del tercer párrafo de la historia, el narrador dice que tal vez el destino de Ester tenía un rincón, así le da al destino hasta el papel de un personaje en el cuento, tal vez secundario, pero aún así personaje e importantísimo en este pasaje. Asimismo el narrador asevera que si el espíritu de Ester estuviera cerca del suyo –y en su presencia física- el rincón de ese destino se ubicaría del lado opuesto al espíritu de él. Esta es también la premisa en el cuento “Elsa”: el narrador no cree que Elsa se quedaría con él, de ninguna manera.

Hay una tensión permanente y, en cierto modo, una especie de estancamiento para resolver el mismo arte de escribir. Es como si Felisberto se hablara sólo a sí mismo, y al mismo tiempo como si la escritura también se convirtiera en un personaje de sus obras. Una vez más, se trata de una condición de algunos escritores, pero no es siempre intrínseca. Lo contradictorio aquí es además una paradoja. Con una aflorada sensibilidad, su lenguaje es considerado sencillo, pero el resultado es todo el contrario: de alguna manera mistifica los eventos, situaciones y personajes, y quizás no pueda ser fiel a su propia memoria y realidad, por eso crea otras.

Crea para sí mismo una persona que, según el diccionario Oxford Languages, puede significar:
1. Psicología - en la teoría de C.G. Jung, personalidad que el individuo presenta a los demás como real, pero que, de hecho, es una variante a veces muy diferente de la verdadera.
2. Carácter literario en el que el autor está encarnado. "David Copperfield", por ejemplo, "persona del escritor Charles Dickens (en el libro de mismo título)".

Entonces, debido al aislamiento de la figura del cuerpo, el autor/narrador usa la del espíritu para pensar en acercarse a Ester, utiliza llaves acceso y la construcción de esta persona para llegar a las profundidades del inconsciente, convirtiéndose en multidimensional entre mundos paralelos: el cuerpo (etéreo) dentro del cuerpo, un auto-contraste. Es como una personalidad que ya no le pertenece a él, a la vez que sigue siendo muy propia de sí mismo y de sus pensamientos. No será la única vez que el autor utiliza este mecanismo en su obra. El ejemplo más notable está en el texto, publicado póstumamente, “Diario del sinvergüenza”, que es como él llama al (su) cuerpo en el cuento. Nuevamente, el cuerpo se presenta como si fuera observado por sí mismo, se convierte en personaje, incontrolado, llamado “sinvergüenza”. Esta es una característica “felisbertiana”, eso de percibir el “mu(n)do”, el silencio, a sí mismo, y es uno de los aspectos que lo constituyen un autor transformador. Son precisamente los silencios, lo que no se dice, las pausas para introducir los pensamientos no compartidos, que dan profundidad a la trama a través de la construcción de una subjetividad.

Es así como el sentido de nuestras existencias puede desarrollarse de muchas maneras. J. A. Wheeler (1990) dice que "es posible compartir la realidad que queremos que otros acepten". La realidad de Felisberto es la originalidad de la vida cotidiana, revisada y revisitada de una manera desconcertante. Esta vida cotidiana es narrada por Felisberto como un recuerdo a través de la ficción, componiendo una atmósfera de algún modo poética, ficticia, de sus pensamientos. Felisberto visita el nivel más profundo y oculto de dicha realidad, entiende la realidad como un concepto, no como algo palpable. Se desarrolla a través de "socios" y otras construcciones, que son parte de su mundo interior y de sus sueños.

Wheeler agrega: "Nuestra forma de pensar y entender las cosas juega un papel vital en la construcción tangible que tenemos por delante". Asimismo, la realidad se transforma a través de la expresión individual y las habilidades personales (Carvalhaes, 2017). Si consideramos que las decisiones que tomamos determinan nuestro propio destino, significa que una persona es el resultado de lo que elige y hace. Es probable que Felisberto nunca haya entrado en contacto con la teoría de Wheeler, pero a través de sus elecciones construyó su propia realidad, expresándose, entre otras maneras, a través de sus sentimientos escritos y de su silencio interior, además de otorgarle un papel importante a su entorno. Felisberto, sin imponer su visión y experiencia propia de la realidad, sacude las (in)certezas de los lectores.

A medida que avanzamos en la lectura del cuento, vemos cómo Felisberto funda un género literario –quizás el suyo propio- a través de su visión de la vida transpuesta a una supuesta (in)conciencia del personaje Ester y su entorno. Ese entorno se ha transformado ahora en personajes, como en una existencia paralela se suceden, con el objetivo de marcar la diferencia entre la existencia humana y la existencia paralela, en definitiva para sentir su peso, sentirse vivo. Mediante metáforas e imágenes, crea "oportunidades" y/o cambios de vida, como en este fragmento, donde una vez más marca la separación del ser en dos o más Yos: Ella desafiaba tal vez a eso, y las puntas de su saco abierto, se doblaban un poco para atrás (...), parecía que cuando llegaban a su espíritu las emociones, ella les diera entrada y salida con tal espontaneidad, que no se sabría nunca qué sería lo principal para ella misma.

En efecto, ¿lo sabría ella misma? ¿Por qué tendría que saberlo o cómo podría saberlo? ¿Cómo puede alguien saber, o suponer, que ella sabía (o no) algo sobre sus emociones si quizás ni ella misma lo sabía? Aquí, tengamos en cuenta el uso de la palabra y la imagen “espíritu”, no cuerpo, ni mente, ni siquiera poéticamente el uso de la palabra corazón, porque la narración es multifocal y no está hecha de lugares comunes. Usa el silencio y no existe silencio que Felisberto no entienda. Introduce la ausencia presente o, según se prefiera, la presencia ausente.

Según el Prof. Dr. Antonio Hohlfeldt (2020) lo que nos diferencia como seres humanos es la imaginación, la anticipación de posibilidades. Cuanto más imaginamos, más mundos creamos. La imaginación anticipa la ciencia, porque crea una oportunidad, por lo tanto hay descubrimientos y experimentación, concluye Hohlfeldt. La imaginación es algo que todos tenemos. La pregunta es, cómo todo trabajamos con ella, convirtiéndola en algo palpable, como una emoción ¿La emoción no es palpable? Depende del punto de vista. El autor no nos habla solo de hechos, sino también de sensaciones, filigranas del pensamiento, en un mundo con un cierto nivel de caos, donde uno tiene el permiso para ser lo que quiera.

En la mitad exacta de la historia, el narrador se da cuenta de la imperfección de Ester, porque él piensa que ella no entiende ciertas cosas en la vida y eso lo hace amarla aún más. Pero lo que para el narrador es imperfecto en Ester, ese supuesto “malentendido” de la vida, para Goethe es la normalidad y por lo tanto no es una imperfección, sino una característica humana. En Fausto (1808) dice "Um zu begreifen, daß der Himmel überallweiß ist, braucht man nicht um die Welt zu reisen", lo cual significa que para entender que el cielo es azul en todas partes, no es necesario viajar por todo el mundo, es decir, no hay razón para entender todas las cosas en la vida, podemos simplemente aceptarlas muchas veces. No obstante, la mujer ideal para Felisberto tendría que entender todas las cosas de la vida, y si no las entiende se convierte en imperfecta, aunque esto igualmente la acerca a lo "real" y no al ideal y a la paradoja, por lo que el autor/narrador la ama aún más. Goethe también dice que un hombre debe aferrarse a la creencia de que lo incomprensible es comprensible, de lo contrario, el ser humano no trataría de entender.

Posteriormente, el autor crea enlaces, siente que hay una conexión entre Ester y él, como vemos en este pasaje:

Las ideas me iban de una a la otra [paredes en mi cabeza] con tanta velocidad y tanta decisión, como le circularía la sangre a Ester; me parece que las ideas al ir de una pared a la otra, sentían que recorrían un gran espacio (...)

Aquí tenemos al otro, ese socio/observador sin control de sí mismo, veloz, esos sentimientos que actúan como personajes, ideas que se sienten, materializadas, un cuerpo que no parece ser suyo, un observador de la escena a distancia. La conexión con Ester se da por el hecho de que, deseablemente, dentro de una relación una persona es un espejo de la otra y de sus descubrimientos. No es el cuerpo del autor que reconoce a Ester al principio, sino su mente. Sin embargo, es en este punto, cuando todo parece tener la posibilidad de convertirse en real, tangible, es cuando la historia cambia, casi abruptamente, a pesar del "juego de palabras". Al igual que en el ya mencionado cuento “Elsa”, cuando el autor/narrador insiste en que el personaje femenino pronto dejará de amarlo, en “Ester” encontramos que ella ni siquiera ha llegado o llegará a amarlo, como se observa en este pasaje: "(…) es más amargo cuando llega lentamente", mostrando tanto la definición como la indefinición del tiempo. Ester siente indiferencia hacia él, o eso es por lo menos lo que el autor/narrador cree. El narrador piensa que sería bueno retroceder en el tiempo y empezar de nuevo, así el destino de Ester se inclinaría hacia otro lado y, si bien sería el lado equivocado, de alguna manera, se inclinaría hacia él, como en esa psicología inversa que tiene lugar en la historia de “Elsa”.

Ester no se dio cuenta del amor del narrador y, según el pensamiento del autor, los rincones de sus destinos no coincidían. De nuevo encontramos personajes insertados en su cuento, como si volvieran a aprender a vivir con sus recuerdos. Los personajes insólitos "aparecen" frente a un espectador común, llamado observador, como así también los hechos que se introducen en el guion de la historia y nos son entregados para nuestro propio análisis y decisión, como en esta frase del cuento: "Si los hechos hubieran sido amigos míos yo les hubiera hecho una pequeña seña y ellos hubieran entendido".

Como en el psicoanálisis existe la transferencia-resistencia entre psicoanalista y paciente, en “Ester” somos autor y lectores una especie de psicoanalista y pacientes al mismo tiempo, con la misma transferencia-resistencia atribuida a la relación médico-paciente. Flotamos en la cadencia del misterio y el ritmo de las palabras de Felisberto: en un momento, esperamos que esté equivocado, que Ester no le tenga solo indiferencia.

Al igual que el escritor invita personajes a su trabajo, también puede rechazarlos. Felisberto crea un supuesto sentimiento de Ester hacia él, o más bien la falta de sentimientos porque la indiferencia también es una sensación, o “la falta de”. Eso es lo que él quiere imaginar. Lo desconocido es siempre un poco amenazador, pero en un momento, es también emocionante.

Por otro lado, en el cuento podemos ver, entre las varias imágenes que el autor nos despierta, la clara presencia de mitos griegos como Eros -amor, deseo, fertilidad- y Thanatos - muerte. De hecho, el autor "juega" con estos dos mitos permanentemente. Eros es todo amor y su, digamos, alter ego es el Cupido Romano, el deseo.

En la Teogonía de Hesíodo, compuesta en 730–700 a. C., Eros era un dios primitivo, hijo del Caos (que, como ya se ha dicho, parece ser una condición para los cuentos del autor), el vacío primario original del universo, pero más tarde la tradición lo convirtió en el hijo de Afrodita, diosa del amor y la belleza. De acuerdo con la Enciclopedia Británica, Eros también se ha utilizado en filosofía y psicología en un sentido mucho más amplio, casi como un equivalente a "energía de vida", la misma que Felisberto le atribuye a Ester. A través del mito de Eros, vemos entonces que el ser humano parece querer estar en un estado constante de "encantamiento", algo ampliamente visto en la obra de Felisberto Hernández. El narrador es tomado por este mito, está como hipnotizado por Ester, por el amor de Ester - y aquí también notamos la presencia de Hypnos, que gobierna el sueño, porque cuando estamos hipnotizados, estamos un poco dormidos por sentimientos fuertes. Él desea estar con ella, que ella lo ame.

Existen otros mitos también presentes en la obra: el de Anteros, hermano de Eros, que gobierna el amor mutuo (ese que le es negado al narrador), Pothos e Himeros, que representan el anhelo y el deseo respectivamente. Como en muchas historias, y Felisberto es un maestro en este arte, después del encanto, del pensamiento fijo, le sigue el distanciamiento del objeto deseado, y así pasamos al mito de Thanatos, quien era el dios griego de las muertes no violentas. Su nombre se traduce literalmente como "muerte" en griego. Thanatos, en latín Mors, es la personificación de la Muerte. En el teatro con Alcestis de Eurípides, la Muerte sube al escenario, aparece como un sacerdote austero del dios Hades (del mundo subterráneo) con la espada del sacrificio, con la que corta los cabellos de un moribundo, y lo dedica al mundo "inferior". En la Teogonía vemos cómo varios sentimientos llegaron a la Tierra, entre ellos Némesis (envidia), Momos (culpa), Oizys (miseria), Moirae (destino), Apate (engaño), etc. Esopo, en "El anciano y la muerte", habla sobre un pobre hombre que lleva una carga sobre los hombros y después de algún tiempo, llama a la muerte y el diálogo a continuación muestra cómo esta viene para librarlo de la carga: "¿Por qué me has convocado?' El hombre dijo: '¡Oh, sólo para que me ayudes a levantar esta carga del suelo!'".

Parece quedar claro que de un gran amor puede surgir la decepción, la distancia de la memoria del deseo, la eliminación de este último de nuestra mente, y entonces reconocemos la muerte de ese sentimiento dentro de nosotros mismos. Por lo tanto, gran parte de la comprensión de nuestra sociedad implica entender que la alegría se combina con el sacrificio. Los mitos anteriormente descriptos ilustran bien esto. El narrador/autor ingresa en una fase de luto apático al final de la historia, como en una encrucijada de la existencia, que Sartre describe como: "La intensidad de nuestro dolor es la medida de nuestra negativa a aceptar la muerte (...) la imposibilidad de mantener el comportamiento" (El ser y la nada, 1954). En otras palabras, tratamos inconscientemente de mantenernos conectados con el sentimiento de tristeza que la muerte de algo o alguien nos causa, porque este sigue siendo uno de los únicos sentimientos que nos hacen tener alguna conexión con el objeto de nuestro amor. Es una manera de mantener todavía presente lo que una vez nos dio tanta felicidad. Y el ser humano busca la felicidad por "todos" los caminos, incluso en aquellos considerados insólitos. Dicen que nadie es irreemplazable. No es una premisa cierta, diría yo, en varios sentidos. Todos somos irreemplazables. Felisberto planteó y, sin premeditarlo, inconscientemente, llevó este concepto al máximo. Él es realmente irreemplazable. Felisberto no está construido, "se nace" Felisberto -y ha nacido predestinado a escribir. Desde el significado hasta la vida cotidiana, pasando por todo lo que le rodea, sobrevive en sus palabras.

Yo felisberteo. Así, en letras minúsculas, como un verbo. Sí, felisberteo y aprendo Felisberto, como material de investigación. Así son sus múltiplos: Yo(s), un anti-yo, un yo fragmentado, un yo que le "huye", que él quiere que le huya, un narrador antihéroe, con su antiidentidad que no cae en la trampa del negacionismo, ni del melodrama ¿Usted felisbertea? ¿Ustedes felisbertean? Deberían. Muchos ya felisbertean. El lector nunca será el mismo después de felisbertear. Saldrá transformado. Me atrevo a crear, además del verbo, un adjetivo para este autor brillante y atemporal: intensible. Felisberto es intenso y sensible en la medida correcta - es, entonces, intensible.

Felisberto, dinos lo que quieres, ¡pero cuéntanos! El autor todavía tiene mucho para decirnos.

 

La autora es Magister en Cultura británica y francesa (Leibniz UniversitätHannover, Alemania)

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