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Opinión > Tradición

Los misachicos

“Los misachicos”, término que no tiene una traducción exacta. Son ceremonias religiosas, que pueden ser una pequeña misa, una ofrenda a un santo patrono determinado o una procesión.

Edmundo Delgado

POR Edmundo Delgado SEGUIR
14 de agosto de 2019

14 de agosto de 2019

Continuando con el tema de tradiciones, creencias y temas de índole folclóricos, en esta ocasión hacemos referencia a una práctica religiosa que aún pervive en las provincias del noroeste argentino, colmadas de religiosidad católica, mezcladas con algunos ritos andinos.  Se trata de “los misachicos”, término que no tiene una traducción exacta. Son ceremonias religiosas, que pueden ser una pequeña misa, una ofrenda a un santo patrono determinado o una procesión.  Son realizados principalmente por las comunidades rurales jujeñas y salteñas y parte de sus rituales están conformados por las ceremonias propias de las misas católicas. Consisten en general en la organización de animadas procesiones en honor a determinados “santos patronos”, que pueden durar varios días.  Se basa en sacar su imagen de bulto de la casa de algún vecino. Estas efigies residen en ciertos hogares conformando un “culto doméstico o familiar”. Una vez que el icono es retirado se lo lleva en “andas” hasta el templo más cercano donde se celebrará una misa para “agasajarlo”.  El Dr. Enrique Dussel dice que estas imágenes suelen constituir verdaderas obras de artes, esculpidas por criollos, bolivianos o peruanos. Las pintorescas peregrinaciones avanzan por las calles del pueblo y a veces marchan por largas y desiertas sendas, incluso salvando cerros. A los devotos o promesantes suele acompañarlos un grupo de músicos “tocadores de caja, flautas o quenas”, interpretando piezas musicales que alegran a los concurrentes. Las procesiones también van acompañadas por un conjunto de diestros jinetes que cortejan “a su santito”. Otro aspecto de los creyentes es que las mujeres van respetuosamente cubiertas con mantas y los hombres descubiertos, con el sombrero en la mano. Asimismo, como las caminatas pueden resultar agotadoras, un grupo de jóvenes “lleva una damajuana con chicha para aplacar la sed”. Una vez que han arribado al templo se celebra la esperada misa. Esta ceremonia no difiere substancialmente de las formales. Una vez finalizada, los devotos regresan a sus casas donde se realiza un gran baile social en el que se bebe y come abundantemente. De esta manera finaliza la fiesta a su santo protector. Los “misachicos” se celebran durante todo el año y son una de las tantas expresiones religiosas norteñas en las cuales la comunidad manifiesta su fervor espiritual al santo patrono de su localidad.

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