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Roberto, el docente de educación especial que usó su segunda oportunidad para "sacar a los niños de las calles"

Una historia de superación de un gran maestro de primaria y artes marciales.

Foto de Gonzalo Medina / DIARIO HUARPE.

POR Guadalupe Zurita
11 de septiembre de 2021

11 de septiembre de 2021

Roberto Castro vive bajo una premisa: “Si la vida te dio una segunda oportunidad, brindale oportunidad al otro”. Ese mandamiento nació de su experiencia. Un grupo de niños con discapacidad le dio esa segunda oportunidad. Por eso decidió dedicar sus años a ayudar a los demás. Lo hace a través de una escuela de artes marciales que tiene como principal objetivo sacar a los chicos de las calles.

Es sábado 11 de septiembre, Día del Maestro. Roberto Castro es docente de nivel primario desde hace nueve años, por lo que es su día, pero no quiere llevarse aplausos. Considera que dedicar su vida a la docencia, tanto de educación especial como de artes marciales, es pagar una deuda que, aunque reconoce, no le pesa.

Foto de Gonzalo Medina / DIARIO HUARPE.

Hasta sus 29 años Roberto vivió en el egoísmo, la individualidad y la rebeldía, según sus propias palabras. Pero tomó una decisión que fue el inicio de un gran cambio. Apostó por la carrera docente y consiguió estabilidad, no obstante, la creencia de que todo giraba alrededor suyo perduró un tiempo más.

Fue cuando empezó a trabajar como docente de apoyo que su visión dio un giro de 180º. “Antes todo era sobre mí y solamente importaba yo. Pero al trabajar con los niños y adolescentes con discapacidad empecé a ver el mundo de otra manera. Descubrí que no era así, principalmente porque vi que cada uno tenía una historia”, confesó a DIARIO HUARPE. Esto significó para él una segunda oportunidad.

A partir del cambio todas sus acciones se dirigieron a brindarles oportunidades a los demás. Asumió a la docencia como una herramienta de disfrute para dejar una marca. “Siempre aposté a la calidad, a que los estudiantes disfruten las 4 horas que están en el aula conmigo, que se sientan bien mientras aprenden”. Esa es el sentido de la educación para Roberto.

En las mañanas trabaja en la Escuela Candelaria Godoy con alumnos con discapacidad y en la tarde como docente de apoyo de un adolescente del mismo establecimiento. Enseñar le da felicidad. Por esto, decidió retomar Kung Fu y Karate, que practicaba desde los siete años y se recibió de profesor. Luego decidió por unir su deseo de ayudar a la sociedad con su amor por la docencia y su pasión por la disciplina. Así, el 10 de noviembre del pasado año abrió la Escuela de Artes Marciales Kue - E - Yong, construida en la casa de sus padres, en Chimbas.

Foto de Gonzalo Medina / DIARIO HUARPE.

“Soy feliz enseñando. Lo disfruto y trato de transmitírselo a los chicos”, comentó a este medio Roberto en una pausa de la clase que dictaba a niños y niñas. Su declaración coincide con la forma en la que enseña. A los gritos, pero con cariño, se lo ve involucrado con los alumnos. Ellos lo miran con respeto mientras imitan sus sonidos al practicar los golpes. Es una imagen conmovedora la que transmiten. El disfrute se nota.

Foto de Gonzalo Medina / DIARIO HUARPE.

La alegría del docente está en que esos niños que están en clase no andan por la calle. Está seguro de que con la disciplina puede ayudarlos a que no comentan los mismos errores que él y se “desvíen del camino del bien”. Inclusive, los alumnos de bajos recursos no pagan cuota, pero a él no le interesa el dinero. La motivación de Roberto y su seguridad de que hace las cosas bien aumenta cuando los padres de los alumnos le comentan los cambios que tienen. Esto es porque, además de artes marciales, les inculca valores como el respeto y la tolerancia. Aunque lo que más le interesa es transmitirles la diversión sana.

Foto de Gonzalo Medina / DIARIO HUARPE.

Contó que cuando era joven practicaba artes marciales por los torneos, solamente buscaba "ganar, ganar y ganar", pero no lo disfrutaba, aunque, acotó entre risas: "Me iba bien, no lo voy a negar". Recuperó la seriedad al decir “pero no era feliz”. Tras una pausa, volvió a su relato: “Ahora sí disfruto, es hermoso, puedo estar muy cansado, pero siempre estoy feliz. Encontré la plenitud en este trabajo”.

Foto de Gonzalo Medina / DIARIO HUARPE.

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