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Sustentabilidad en construcción, materia pendiente para un futuro con conciencia ambiental

Mucho es lo que se habla sobre sustentabilidad aunque, generalmente, es poco lo que se aplica a la hora de diseñar viviendas energéticamente eficientes. Entrevistamos a la arquitecta Irene Blasco, especialista al respecto, que nos ayudará a entender de qué manera ahorrar en el uso de los recursos.

POR Laura Cocinero
04 de marzo de 2021

04 de marzo de 2021

Los tiempos actuales nos demuestran, quizás más que nunca, que es imperativo reflexionar y rediseñar la manera en la que nos relacionamos con nuestro entorno y utilizamos los recursos para desarrollar nuestras actividades diarias. La huella que durante generaciones fuimos dejando en el planeta nos está pasando factura y debemos aprender a vivir de una manera más amigable con el medio ambiente.

En este sentido, las decisiones cotidianas de cada persona en lo referido a los medios con los que se traslada, la indumentaria que elige, los alimentos que ingiere, la vivienda que habita y los electrodomésticos y equipos que utiliza, junto a sus costumbres en el modo de usar cada cosa, son determinantes a la hora de medir el impacto que nuestro paso por la tierra tiene sobre el medio ambiente. La arquitectura no es ajena a esta cuestión, pues los estudios en eficiencia energética de las viviendas y la sustentabilidad en construcción son, desde hace tiempo, materia de estudio de un gran número de profesionales del área.

En esta ocasión, entrevistamos a la arquitecta sanjuanina Irene Blasco, especialista en sustentabilidad, para ahondar estos conceptos y entender la importancia de la adaptación de nuestras casas al clima de la provincia.

¿Se puede reducir el consumo de recursos desde el punto de vista de la construcción y uso de nuestras casas? ¿De qué manera?

Sin lugar a dudas. Desde la arquitectura, con un adecuado diseño de su forma exterior y entorno, de la distribución de los locales, la elección de apropiados materiales de construcción, instalaciones y equipos, se puede lograr una mejor protección de las inclemencias climáticas, consumiendo la menor cantidad posible de agua, de energía (electricidad y gas) y de recursos de la naturaleza, lo que también disminuye la emisión de contaminantes al suelo, el aire y el agua. Algo que resulta totalmente beneficioso para el medio amiente y, también, para el bolsillo.

¿Cómo podemos lograrlo en San Juan?

En nuestra zona recomiendan que la forma de la vivienda sea alargada, en el sentido del eje Este-Oeste, con sus ventanas orientadas al Norte y al Sur para facilitar la ventilación cruzada con las brisas frescas dominantes provenientes del Sur, y la protección solar en el Norte con aleros o pérgolas horizontales, mientras que en el Este y Oeste deben ser verticales. La sombra y la ventilación pueden bajar entre 3°C y 5°C, con el consecuente ahorro de energía en el uso de aire acondicionado.

También son deseables las formas más compactas de los techos y muros exteriores que definen la piel o envolvente edilicia, con escasas o nulas irregularidades o quiebres, construidos con materiales pesados (ladrillo, piedra, hormigón, etc.) de 20 a 30cm de espesor, los cuales por su gran inercia térmica retardan la conducción del calor, y responden mejor si están recubiertos con algún material liviano como aislación térmica continua en su cara exterior (lana mineral, planchas de telgopor recubiertas, etc.), de 3 a 5cm de espesor, pues de esta manera sirven como acumuladores interiores de calor o de fresco respectivamente en las temporadas de invierno y de verano.

Hablando de aislaciones, espesores de muro, nos podemos imaginar que es mejor vivir dentro de una conservadora, pero no podemos dejar de lado las ventanas. ¿Qué rol juega esta parte más delgada de la construcción?

Las ventanas son importantes captadoras de la radiación solar en invierno durante el día y de brisas en verano durante la noche, cuando disminuye la temperatura ambiente, sin embargo, constituyen las superficies por donde más se pierde o se gana calor, justo cuando se desea lo contrario. Por esa razón es conveniente que las carpinterías sean de buena calidad, con buenas juntas para evitar infiltraciones de aire y, mucho mejor, si tienen vidriado doble hermético, además de una buena protección térmica exterior con persianas móviles y aleros o pérgolas

Cuando pienso en la clásica casa sanjuanina, encuentro la pérgola de parra como factor común. ¿Esto tiene que ver con nuestro clima?

Hay muy buenas prácticas de adaptación de los edificios al clima y que en la actualidad se las reconoce como estrategias pasivas de diseño bioclimático. El uso de la vegetación del entorno es fuente de sombreados naturales, direccionan las brisas, además de purificar y refrescar el aire exterior.

Entonces confirmamos que las pérgolas son excelentes mitigadores del calor, además el uso de especies como la parra nos dejan pasar el sol en invierno. ¿Con estas técnicas podemos lograr mejorar las casas que ya están construidas?

Está ampliamente comprobado que los simples conceptos enunciados anteriormente, cuando son aplicados con buen criterio utilizando los métodos de cálculo correspondientes, permiten reducir entre el 30% y el 50% el consumo de energía destinada a climatización de ambientes, dependiendo de la calidad de los sistemas empleados. Esto implica una mayor “eficiencia energética edilicia”.

Sumando instalaciones, artefactos y equipamiento de alta eficiencia es posible lograr un ahorro energético variable entre el 20% y el 30%, mientras que se puede adicionar una disminución aproximadamente del mismo orden si los hábitos de los usuarios son racionales y conscientes ambientalmente.

En viviendas existentes, lo lógico es mejorarlas primero con todas estas reducciones de consumo antes de pensar en incorporar tecnologías alternativas de energías renovables, como los colectores planos de agua o de aire para sistemas de calefacción y los paneles fotovoltaicos para obtener electricidad solar, pues de ese modo, el tamaño (y el costo) de esos equipos es mucho menor, ya que deben abastecer una demanda de energía menor.

 

Por Arq. Laura Cocinero, directora del estudio UNOENCIEN

 

 

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