Febrero ofrece un combo poco frecuente de eventos celestes visibles a simple vista: alineaciones planetarias, la constelación de Orión en su mejor momento y fases lunares que favorecen la observación.
La última Luna llena del año será una superluna extrema por su cercanía, brillo y posición orbital, un evento que no se repetirá hasta dentro de casi dos décadas.
Este año habrá tres eventos imperdibles para los fanáticos de la astronomía, el primero de ellos es el 10 de enero, aunque, el más importante será en diciembre.