El Congreso de México aprobó una reforma constitucional para reducir gradualmente la semana laboral de 48 a 40 horas hacia 2030, alineándose con países como Ecuador y Chile.
El Gobierno porteño endureció el régimen de asistencia para combatir el ausentismo crónico, que alcanza al 19,6% en el nivel medio. Habrá tope por bimestre, alertas tempranas y recuperación obligatoria si se pierde la regularidad.