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Acompañar a la distancia: el arduo trabajo de asistir a los pacientes con coronavirus por teléfono

El testimonio la difícil tarea de quienes realicen y atienden los llamados

Los trabajaores de salud deben asisitr diariamente a los enfermos y quienes asisten a hacerse le testeo. Foto: Diario Huarpe.

POR David Silva
29 de noviembre de 2020

29 de noviembre de 2020

Las voces temblorosas del otro lado del teléfono ya parecen ser algo habitual para ella. Voces que, en algunas ocasiones, parecen caminar sobre el hilo de la vida a punto de cortarse. Otras veces, caen presa del pánico y la ira, y se vuelven contra esta trabajadora de la salud que carga, tal vez, con uno de los tantos trabajos más difíciles en el frente de la pandemia: controlar y acompañar a los pacientes positivos y aislados por Covid-19.

La noche está tranquila para ella. No es habitual. Desde que amanece hasta el anochecer esta trabajadora permanece al lado de su teléfono celular y una larga lista de números a los que debe llamar. Pero también de los cuales recibe llamados para escuchar inquietudes y a veces, quejas. Por seguridad, decide permanecer en el anonimato.

“Desde que aumentó el número de casos positivos y aislados, mi día a día ha sido acompañar a los positivos y, previa orden de los médicos, darles el alta”, dice con seriedad, pero evidente cansancio. Un cansancio propio del sacrificio de quien permanece, comprometido, firme en su puesto de combate.

Parece un trabajo simple, pero no lo es. En absoluto. “No solamente se trata de comunicar el resultado de los hisopados, sino también de acompañar a los pacientes. De hacer un seguimiento de cómo se sienten y cómo están. Muchos tienen miedo, y es algo normal, estamos combatiendo a un enemigo invisible y que puede filtrarse por los lugares menos esperados”, cuenta la mujer con la seriedad de quien ya ha visto las consecuencias del virus que mantiene en vilo al mundo.

Madre y esposa, su trabajo deja poco lugar para compartir con la familia y alguna que otra tarea doméstica como lo hacía normalmente. “Antes de la circulación comunitaria y del brote masivo, me encargaba de informar sobre los positivos y de acompañar a los pacientes en el centro de salud”, cuenta. Pero a partir del rebrote el agosto y el aumento paulatino de los números, tuvo la suerte, si puede decirse de alguna manera, de continuar su trabajo desde su casa. “Llamo y recibo llamados desde mi celular y en el centro de salud era difícil. Ahora, en casa, puedo trabajar con algo más de comodidad”, confiesa acompañada de su familia, de quien recibe todo el apoyo.

Pero no siempre es así. A pesar de su preparación, en varias oportunidades el estrés y la fragilidad de la situación afectaron más de una vez su semblante profesional forjado en la experiencia. “Varios días he terminado angustiada, con desazón y hecha un manojo de nervios por la situación de tener que estar del otro lado escuchando las angustias de quienes están padeciendo este virus o de quienes se quejan por tener que sufrirlo”, recuerda. Pero ahora curtida, reconoce que no ha sido fácil para nadie, menos para el personal de salud.

“Trabajamos día y noche con mis compañeros y compañeras acompañando a todos los enfermos y comunicando el resultado de los hisopados. Hacemos todo lo que podemos para que nadie quede sin ser atendido y respondemos a todos los llamados desde que amanece hasta que anochece”, dice satisfecha.

No todo es sufrimiento y dolor a veces, sino también emoción. “Mucha gente que recibe el alta o que está enferma nos agradece y nos dice que nos quiere conocer sólo para agradecernos el haberlos acompañado. Eso es algo conmovedor y que emociona”. Para ella, cada paciente no es un número o una estadística: es un sanjuanino o una sanjuanina con una historia que a veces puede seguir contando su experiencia al haber sobrevivido al coronavirus y, en algunos casos, termina por engrosar la terrible y dolorosa lista de fallecidos.

¿Cómo lidiar con semejante estrés de permanecer, a veces, hasta 20 horas detrás de un teléfono haciendo y recibiendo llamados? Desde que está en casa, esta trabajadora de la salud se la rebusca para permanecer serena ante la presión. “Solía hacer yoga, pero desde que estoy en casa y, podría decir, aislada, he dejado de hacer. Intento, a veces, alejarme un poco de los noticieros y las estadísticas porque prácticamente estoy 24 horas con ellas”, expresa con aire cansino.

Reconoce que esto está lejos de terminar, y apuesta y ruega por el compromiso de la gente. “A menudo llamo y recibo llamadas de gente muy joven y gente muy anciana en diversos estados. Algunos bien, otros mal. Lo que quiero decirles a los sanjuaninos es que se cuiden y cuiden a quienes los rodean. Porque puede ser un amigo, pero también puede ser un hermano, una madre o una abuela”, cierra.

La entrevista termina y el teléfono celular ha permanecido, sorprendentemente, en silencio. Tal vez fue un descanso, al menos uno pequeño, para que esta perseverante trabajadora de la salud pudiera contar el gran esfuerzo y sacrificio que muchos como ella hacen cada día en los hospitales, centros de salud o, como en este caso, desde su casa. Tal vez más tarde reciba un llamado o deba hacer uno de los tantos que hace en el día esperando, seguro, hacerle más llevadero el día a alguien al otro lado de la línea.

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