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Opinión

Blues de las calles y las esquinas

El blues de las calles de zapatillas dormidas

una fina melodía, que resiste, a la altura del cordón de la vereda

y el blues de las esquinas que se miran

calles y esquinas que se duermen con la soledad echada encima

adentro, en un lugar distante, aunque no muy distante, me quedo

y mi cartera gris, roída de idas y venidas, está colgada en un clavo de un estante de la biblioteca. Hacen días que no carga mi identidad, para pasearla en un secreto a cielo abierto, por las calles y las esquinas

hablo de las calles y de la soledad, hablo de la inmediata incertidumbre y de la angustia contenida, hablo de los abrazos y de los gestos

hablo de lo inexplicable y de lo que no puedo construirle sentido, hablo de lo que no estuvo ni está escrito… entonces: hablo de nada, y desconozco la nada como desconozco el absoluto

entonces: no hablo, sólo emito sonidos verbales para aliviarme

yo me quedo

y afuera la soledad que se echa encima

en las cornisas de las casas, con las puertas cerradas, hay hojas de diarios con fotos de hombres y mujeres que se llevan de las manos

y abajo suena el blues de las calles de zapatillas dormidas

hay un silencio que rueda, que rueda cada tanto, lo empuja un viento confuso de origen desconocido, que no mueve las hojas de los árboles, un silencio con miedos y conjeturas, es un silencio de todos los hombres y de todas las mujeres que rueda, que rueda

¿será, por eso, que las calles no se cruzan y las esquinas no se miran?

voy por la misma calle, la plazoleta pequeña y después la Villa con las casas de dos plantas, donde vive un amigo, yo voy por la misma calle, de noche y de día a cualquier hora y cuantas veces quiero, conozco detalles de sus esquinas

ahora es una calle más de zapatillas dormidas

en la habitación donde se queda mi cartera, mis libros, mi máquina de escribir, mis pinturas que no exhibo, las fotos pegadas en las paredes, cada tanto el tránsito en revueltas de mis dos nietos pequeños, hacen un blues con dos acordes que ponen al revés a la tristeza… y es un blues que suena. Adentro está una buena parte de mi mundo

afuera la soledad echada encima

¿será, por eso, que las calles que se cruzan y las esquinas que se miran no caminan?

que nadie pregunte ¿hasta cuándo?, que nadie pregunte

yo soy el Tiempo

cada hombre y cada mujer es “el Tiempo”, así con comillas, cada uno, particular

que nadie pregunte ¿qué es el Tiempo?

las calles y las esquinas y las casas con las puertas cerradas y las cornisas y la plazoleta pequeña quedaran sumergidas, en el tránsito que haremos por aquellas calles cuando no tengan zapatillas dormidas

nos detendremos a conversar en cada una de aquellas esquinas que se miran para que no haya una soledad echada encima

un silencio que rueda

un viento confuso sin origen

dueños que son dueños de las vidas… ¿de qué vidas?, la puta que los parió en sus laboratorios

en sus vacunas y en sus antenas

que los parió en sus viajes al espacio y en sus guerras

¿qué tuvo que ver ese parto de mierda con mis calles y mis esquinas?

Que suene el blues sin zapatillas dormidas

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