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Esta “presencialidad”, es una caricatura y es dañina

(Compartir mis escritos, tiene el carácter de la historia que en “El libro de los abrazos” cuenta Galeano, en "La función del Arte/1", cuando el niño, ante la inmensidad del mar, dice: - ¡Ayúdame a mirar! - )

Miguel Montoya Jamed

POR Miguel Montoya Jamed
22 de abril de 2021

22 de abril de 2021

La seudo-presencialidad pandémica es una caricatura y es dañina. Hay, en ese ejercicio, en ese acting de “clase presencial”, por ser sólo eso, una perturbación en el desarrollo del ejercicio de aprendizaje-enseñanza-aprendizaje. Este concepto que doy es un acto de transferencia, único, la esencia, en la constitución de lo que yo llamo Sujeto del Conocer.

La situación de los alumnos, (que no es todo el curso, coincidente), y de sus maestros está atravesada por la amenaza inexplicable-inatendible, colectiva, de la enfermedad sin alguna certeza médica, que puede enfermar a cada uno. Los alumnos y los maestros no “están situados” en un ámbito de aprendizaje-enseñanza-aprendizaje. No están situados si el ámbito de encuentro, no está poblado de libertad, de intimidad, de higiene referida a cualquier dogma.

No es posible aprender ni enseñar si el ámbito del encuentro no está poblado de intimidad. No es posible aprender ni enseñar si el ámbito del encuentro está cargado de intimidación. Y esa intimidación no es provocada por el docente, es un manto que cubre a los asistentes, en el aula y en la escuela y en la calle.

El ejercicio de aprendizaje-enseñanza-aprendizaje, tiene como esencia, “la Seducción”. “Debo seducir y ser seducido para enseñar. Debo seducir y ser seducido para aprender. En el aula, que deja de serlo, de la seudo-presencialidad no es posible “la Seducción”

Al aula de la seudo-presencialidad los niños llevan el temor, la precaución, el alerta, el miedo, de los comentarios de sus casas, y los maestros llevan al aula, el temor que atraviesa su cotidianeidad. La convivencia en el aula tiene ese carácter. No hay producción de la Subjetividad en estado de amenaza, de temor, de necesaria excesiva precaución en las conductas propias y del otro.

Sólo es posible el aprendizaje-enseñanza-aprendizaje en un estado de intimidad, y no puede haber intimidad si cada uno tiene que negarle su rostro al otro, negarle un abrazo, el roce de su cuerpo, negarle la proximidad, negar la voluntad de compartir. Y “la negación” no tiene el carácter de individual, no es debido al carácter y actitudes de uno o de otro, sino que es colectivo, está establecido, es la única posibilidad de no enfermar y después contagiar a sus padres o abuelos. Y esto como una carga adicional, que la escucharon, que la conocen y la asumen.

La negación es colectiva lo mismo que la posibilidad de enfermar.

Mi nieto más chico, que tiene tres años y concurre al jardín, le dijo a sus padres que él podría cruzar con su bicicleta a la placita de enfrente de su casa “cuando termine la encerrada”…….y, con “la encerrada” a cuestas va a la escuela - a una escuela privada a varios kilómetros de su casa, porque en el pueblo donde vive, no hay bancos ni maestros para todos los niños del pueblo en la escuela pública, en esa misma escuela que los políticos que gobiernan quieren disfrazar, con una máscara similar a la que ellos usan.

El miedo del que hablan en sus casas, los cuidados muy cuidados ante la amenaza, entonces la amenaza, la angustia frente a la posibilidad de enfermarse con esa enfermedad colectiva, los niños y la maestra la corporizan en un ambiente grotesco, de simulación, de engaño y de respuesta a las necesidades políticas partidarias de los que administran lo público. Y digo “políticas partidarias”, para no confundir con el carácter político que tiene, porque debe de tener cada encuentro pedagógico. Digo: debe tener, si es que el docente entiende que es un acto político el de acompañar a un niño o a un joven en la conformación de su Sujeto del Conocer. Si comprende que su único trabajo en el aula, en los pasillos y lugares de juego, es acompañar al niño en su aprendizaje de pensar.

Los docentes deben entender esto.
Generalmente los que gobiernan no pueden, porque tiene la ignorancia como pulsión.

El temor que nos invade, desde hace más de un año, se personifica, se actúa, en cada aula. Las aulas de ningún nivel de la formación, deben estar invadidas por el dogma, menos por el más dañino que es el de la religión, que expande la culpa, el sufrimiento, la negación del cuerpo, la negación de la Vida por “un más allá” eterno y de felicidad. Ahora, ese pensamiento mágico, se recuesta, aun en silencio, en este miedo que invade a cada uno de los asistentes a esa parodia de dictados clases.

El ámbito del conocer es el ámbito de la libertad, es el ámbito del disfrute, de la curiosidad, del descubrir, de la búsqueda de la Verdad, en el concepto griego. El Sujeto, el Ser-ahí, como ser-en-el-mundo es descubridor. Por eso la búsqueda de la verdad, que es el descubrir, es la búsqueda del Ser para el humano. A eso van a las escuelas y después a la Universidad, los hombres y la mujeres…….bueno, a eso deberían ir.

Y aquí me detengo brevemente:

 Pensemos nuestro ejercicio pedagógico, nuestro trabajo respecto de ese Sujeto del Conocer.
Nos inscribimos en el pensamiento de “la capacitación” o en el pensamiento de “la Formación”.
Intentaré pensar algunos de los objetos que conforman este ejercicio.

Formación: no es, “solo enseñar” es “dar: a conocer”

“dar”: es proponer, es inspirar, es provocar un movimiento en la necesidad del movimiento por un sendero, que el individuo tendrá que ir abriendo para recorrerlo.
Un sendero que lleva hacia la vecindad del Ser. Es señalar las señales y señalar donde están las señales.

Comprende una didáctica como estrategia destinada básicamente a desarrollar aptitudes y modificar actitudes, para el movimiento y la abertura del sendero.
En el proceso de formación, el individuo “se forma”; no es un proceso en que un Sujeto “da forma” a un individuo.

Formación: es la construcción de Sentidos de la Cotidianeidad.
“a conocer”: es, por él, la ampliación de la mundanidad del Sujeto.
Mundanidad:   es lo común de su mundo con los mundos de otros individuos.
El Sujeto en Formación es Sujeto del Conocer, que amplía su mundo.
Formación: es la transformación – transformándose del individuo en Sujeto del Conocer.

La Formación sólo es posible ante un Docente en Formación, o sea, ante un Sujeto recorriendo su sendero.

La Formación determina para el Sujeto un contexto de salud: tomo en cuenta una conceptualización hecha por Enrique Pichón-Riviere, en 1970. Dice, que: “El Sujeto es sano en tanto aprehende la realidad en una perspectiva integradora, y tiene aptitudes y actitudes para transformar esa realidad, transformándose a la vez él mismo...

Y debe mantener un interjuego dialéctico con el medio”.

La relación docente-alumno es el sostén del proceso de enseñanza-aprendizaje, es “el dónde” se desarrolla dicho proceso.

Bueno… después de esta ensoñación:
¿Es posible algo de esto, en un contexto de amenaza, miedo y negación? ¿es posible algo de esto, en un contexto de amenaza, miedo y negación..?

Las aulas de esta seudo-presencialidad pandémica, están invadidas por el miedo, que se manifiesta, además, de en el medio rostro descubierto, en los modos y obligaciones de la concurrencia, en la no concurrencia de todos los compañeros del curso, el mismo día.

Esta representación de clases, no enseña sobre la libertad y la Salubridad, no permite el desarrollo de los vínculos ni la construcción de la Sociabilidad. Este encierro, esta quietud, este temor, esta negación de la experiencia, no es Sociabilidad…

Estas conductas, en la escuela y en las calles perturban la Sociabilidad. Son fortalecidas en la Escuela, por ser “en la Escuela”.

La Escuela no es una cuenta ni la conjugación de un verbo, ni una ecuación de segundo grado ni la memorización de ciertas fechas. El ejercicio de ir y estar ahí, en estas “presencialidades” es alienante. Tienen negada la curiosidad, la discusión, la interpelación, la voz alta y repetida, entonces, al menos, está perturbada la Palabra. Y la Palabra está asociada al pensamiento.

Si hay “un Lugar”, un Espacio y un Tiempo que no deben ocuparse con la boca tapada, es la Escuela.

Si hay “un Lugar”, un Espacio y un Tiempo donde con la boca tapada, no es posible Ser, es la Escuela.

Mal hecho el traslado a la Escuela, del miedo que nos atraviesa la cotidianeidad. Es muy dañino en la primaria y en la secundaria.

En las condiciones de este disciplinamiento forzado, no es posible la Transferencia.

Este disciplinamiento, de boca tapada, de negación de tocar al otro, negación de reír juntos con otros, negación de la Palabra expuesta, de la discusión, de la manifestación de cariño, de la manifestación de enojo, de la manifestación de la curiosidad y del juego, que no tiene “un a-gente”, “un tirano”, “un dictador” de carne y hueso (como tuvimos tantas veces), al que se debe aprender a combatir, al que se debe aprender a oponerse, nos hace pasivo el desarrollo del Sujeto, es alienante en la extrañeza y en la desestructuración. Niños y maestros se juntan en esa parodia, para que cuatro cuentas y dos adverbios simulen su deterioro de Suelo. Deterioro de Suelo, de cada uno, es la desestructuración, la extrañeza, el no-entendimiento, la no-explicación colectiva… como la amenaza de la enfermedad.

Y esto no debe, ni puede suceder en ese territorio que conceptualizamos “Escuela”.
Esta representación, esta parodia grotesca, esta caricatura, esta tímida y asustada actuación de clases, lo que hace, de-conceptualiza a la Escuela.

No sería dañino que, de los cinco días hábiles de la semana, los Docentes atendieran, tres de esos días, a todos los alumnos del curso, a la vez, aun, con intervalos de recreos, por una de esas plataformas, que en la tecnología que usarían, entusiasma a todos los niños de esta Sobremodernidad. Aun, tendría una enseñanza adicional: que la maquina conectada a internet tiene, también, una función y una propiedad con beneficios.

Los Docentes tendrían que buscar nuevas estrategias pedagógicas.

(para los Docentes sanjuaninos recomiendo acudir al IDICE-Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación, de la Facultad de Filosofía Humanidades y Artes, que seguramente encontraran material, que pueda ayudarlos)

Esta seudo-presencialidad, es una pulsión de ignorancia de los que deben administrar lo público. Y quienes tengan la ignorancia como pulsión no deberían administrar lo público.

Como apéndice, tomo de una de mis Columnas anteriores, un breve párrafo:

  “es Siglo electoral… ¿no?
          es, Siglo electoral

Si… digo, casi, lo mismo porque… no es lo mismo. Esto, lo inexplicable, lo inentendible, la amenaza del martirio es peor. La actitud de los que administran lo público (ellos dirían “los que gobiernan”) es similar, como lo mismo… siempre, es “como lo mismo”, sean del partido que sean. No es por la Política, es por ese par no-contradictorio de su ambición y su ignorancia. Similar, y como lo mismo. Porque son “criaturas” del poder económico y de la necesidad de juntar los próximos votos… siempre pueden haber próximos votos. Cuando se demoran en decir, algo… aunque, siempre, sólo dicen “algo”, es porque no deciden otro envoltorio para lo mismo, o han extraviado las máscaras…”

 

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