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La sanjuanina que combate al Covid en la Terapia Intensiva de San Luis

Macarena se recibió hace poco, tiene asma, pero eso no le impide dejar todo en su labor.

Macarena Quiroga tiene 26 años y se recibió de médica en diciembre pasado. Foto: Gentileza.

POR David Silva
03 de diciembre de 2020

03 de diciembre de 2020

Las luces de los pasillos de Terapia Intensiva del país no se apagan ni un solo día. A veces, de cuando en cuando, alguna luz titila y parece apagarse. Pero enseguida vuelve a encenderse para alumbrar el camino de todos los pacientes que llegan a entregarse por completo a las manos de los médicos y médicas del país que trabajan día y noche para que todos puedan, aunque sea, respirar un día más.

A Macarena Quiroga, de 26 años, le tocó recibirse de médica con la llegada de un virus que cuestionó todo panorama y tratamiento médico y encendió las alarmas en el planeta. Pero su caso, como el de algunos, es distinto: es que siendo apenas una residente y con poca experiencia, asumió como personal de Terapia Intensiva en el Policlínico Regional de San Luis.

El Policlinico Regional de San Luis. Actualmente, San Luis tiene 2410 casos y 266 fallecidos. Foto: Gentileza.

“Me recibí en diciembre y cuando iba a empezar a hacer la residencia para luego especializarme en Terapia Intensiva comenzó todo esto decidieron obviar el primer año de medicina clínica y mandarnos a todo a terapia sin tener idea de nada, estamos aprendiendo sobre la marcha”, cuenta desde la Capital de San Luis, donde ahora reside.

Es sanjuanina y su vocación por la medicina la llevó hasta esa provincia cuyana donde cursó sus estudios de medicina en la sede puntana de la Universidad Católica de Cuyo. “Me vine a vivir acá hace nueve años y me terminó gustando la provincia, mi idea era estudiar acá y volver a San Juan. Y me encariñé con el hospital y el sistema de acá, así que decidí quedarme a hacer la residencia y justo me tocó empezar con todo esto de la pandemia, ni más ni menos, sin una preparación previa. Directamente me mandaron a la terapia y a acá estoy”, cuenta distendida, asumiendo el peso de su vocación.

Macarena, junto a un colega, en el área de Terapia del Policlinico de San Luis. Foto: Gentileza.

Pero no sólo debe soportar el arduo trabajo en el campo de batalla donde se deciden las vidas de los pacientes, sino que también debe cargar con la responsabilidad de cuidar a los suyos y a sí misma: es que Macarena también padece asma, lo que la convierte en una paciente de vulnerable frente al virus. Su caso no es grave, pero no por eso no se lo toma a la levedad.

“Me diagnosticaron asma hace cuatro años. Volví a San Juan a hacerme los estudios por que comencé con tos y después de pasar por cuatro médicos descubrí que tenía asma. Eso me retrasó en mi carrera porque tuve que quedarme en San Juan y perdí un año. Al volver a San Luis me hice todos los estudios para poder volver a trabajar”, relata.

A diferencia de San Juan, San Luis sólo cuenta con un hospital, lo que hace más difícil, a veces, la disponibilidad de camas. “Prácticamente vivimos en el hospital. Hay días que está más tranquilo y otros en los que no volvés a tu casa, pero vemos la forma de ubicar a los pacientes. Nos hemos tenido que ir reinventando sobre la marcha y adaptarnos a la estructura que tenemos”.

Las horas, las noches y los días pasan. A veces, la suerte hace que Macarena pueda descansar y volver a casa. Otros, que debe poner a prueba su paciencia para no sucumbir ante la presión que la rodea.

Macarena posa orgullosa con su título de Médica en San Luis. Foto: Gentileza.

“Por momentos no sabés qué hacer, dónde esconderte, porque sabés que el día siguiente tenés que ir y enfrentarte a todo eso nuevamente. Hay veces que es muy gratificante ver salir a un paciente crítico con una sonrisa y te hinchás por dentro de alegría porque pudo vencer al Covid. A veces nos excede y no podemos hacer nada, te dan ganas de bajar los brazos y es un bajón porque no podés hacer más. A veces llego a casa con ganas de ponerme a llorar y no me junto con nadie, excepto por mi pareja que hace de psicólogo y me contiene junto con mi familia”, describe desde la lejanía.

“Nos dispersamos y tenemos un cable a tierra, necesitás algo que te libere de esta presión. No dormís bien, por más que no duermas o comas tenés que seguir”, se sincera Macarena. Seguramente la misma sinceridad con la que miles de trabajadores de salud se identifican pero, al igual que Macarena, no se rinden. “Desde que empezó todo no he podido volver a ver a mi familia y los extraño. A los sanjuaninos les pido que se cuiden mucho, ahora venimos bajando el número de casos y podemos relajarnos un poco y disfrutar de los familiares. Y no podemos relajarnos hasta que no exista una vacuna y un caso más porque va a ser largo si no nos cuidamos”, cierra.

El de Macarena Quiroga será un testimonio que poblará la historia médica nacional como la de muchos médicos que habitaron las terapias, ahora convertidas en un campo de batalla donde se debaten las vidas de miles de argentinos ante un virus que puso de rodillas al mundo. De momento, sólo queda esperar.

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