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No estoy confinado

(Compartir mis escritos, tiene el carácter de la historia que en “El libro de los abrazos” cuenta Galeano, en "La función del Arte/1", cuando el niño, ante la inmensidad del mar, dice: - ¡Ayúdame a mirar! - )

Miguel Montoya Jamed

POR Miguel Montoya Jamed
08 de julio de 2021

08 de julio de 2021

No estuve confinado. No estoy confinado. Sólo, sin contar las salidas indispensables, estoy todo el tiempo en mi casa. Sólo, estoy cuidándome de los contagios de una enfermedad de mierda, colectiva, inexplicable, de la que los especialistas en la salud carecen de certezas, o que, en más de un año y medio, sólo han conseguido elaborar algunos retazos de una definición que va mutando con la misma realidad de la mutación del virus. Y el último “sólo” del que dispuse en los primeros renglones del relato, no es un apocope de nada.  Al contrario, se expande, y es una expresión asociada a mi Libertad, lo reafirma el término que le sigue: “cuidándome…”  En “La edad de la Razón”, primer tomo de “Los caminos de la Libertad”, de Sartre, para uno de sus personajes: “La libertad es un jardín secreto. Su pequeña connivencia consigo mismo”. Un par de páginas más adelante, otro de los personajes, dice: “Ser libre. Ser causa de sí, poder decir: soy porque lo quiero; ser mi propio comienzo…”

¿Cuál es “La edad de la Razón”..? ¿Qué es “la Libertad”..? Tal vez, ahora yo esté intentando hablar de mi Libertad…

Cuando al comienzo digo “No estuve…”, claro: es porque, estoy hablando desde el primer decreto de necesidad y urgencia del presidente actual, en el martirio que nos atraviesa. Y me suena con su dimensión el término “confinado”, porque estoy hablando, de Alfonsín en adelante. Durante la dictadura criminal estuvimos “confinados”, en una celda, en un lugar desconocido, en las calles, en otro miedo, en una amenaza con rostro perverso y grado de general, entre una multitud de soplones y fracasados de la vida hecho milicos criminales de lesa humanidad. Y aunque “lo mío” o “lo que hicieron mío”, fueron…  “no tanto…” Y si podría contar de muchos de mis amigos, en los cuales “lo tanto” pierde su significado, y decirlo en ellos sería aplastar ese término contra el absurdo… Lo que puse entre comillas: “lo mío” y “lo que hicieron mío…” y en la diferencia de significado, se nos podía, o se nos iba la Vida. Obviamente, que no intento alguna comparación, ¿cómo comparar y qué comparar?

Estoy tratando de aclarar el significado de “confinamiento”. Aunque no sea tan extenso, ni difícil en lo apuntado en el diccionario de la lengua.

En su despedida de su actividad política Pepe Mujica, contó: “…he pasado de todo en la vida, he estado seis meses con las manos atadas en la espalda…” , esto en doce años de aislamiento. Mauricio Rosencof, escritor, compañero de Mujica, escribió: que luego, con la experiencia de “tanto” encierro “para él la libertad era la posibilidad de hacer pis cuándo y dónde quisiera”.

¿Cuál es “La edad de la Razón”..? ¿Qué es “la Libertad”..? Tal vez, ahora, aun, con tristeza, yo esté intentando hablar de mi Libertad…

Y hablo de mí, cuando digo “No estoy confinado”, porque… estoy escribiendo lo que pienso… o mejor dicho: hablo desde mí… y como este martirio es colectivo, seguramente que la situación de cada uno tenga una multiplicidad de aspectos colectivos.

Yo no estoy confinado, además ¿cómo estarlo?, tengo libros, los que estoy leyendo, otros que aún no leí y otros que, seguramente, tendría que releer. 

Yo no estoy aislado, además ¿cómo estarlo?, tengo libros, los que estoy leyendo, otros que aún no leí y otros que, seguramente, tendría que releer.

 

Soy obsesivo en procurar “aislamiento físico” y en no tener “aislamiento social”. Quien tiene un libro para leer, no puede estar aislado y menos “confinado”.

 

Tengo un teléfono por el que puedo hablar y enviar algún texto… y aun acceder a algún buen escrito en uno o dos diarios, de manera gratuita.

Ayer hablé con mi hermano Carlos Borcosque, uno de mis hermanos hechos en la Vida. Desde ambas Voluntades. Desde ambos Caracteres. Desde ambas Necesidades. Desde ambas humanidades. Construimos un Pathos e intersectamos nuestros Mundos. Y en cada charla por la que pasa su compañera y la mía, sus hijos y los míos, sus nietos y los míos, sus ocurrencias y las mías, y yo transito por su casa y el transita por la mía. Y después me quedo rumiando sus Palabras y conmovido por su Presencia, su Presencia en la no-presencialidad. (Presencia en la no-presencialidad, es un concepto que aprendí y que acuñamos con otros hermanos de la Vida, que quiero mucho y los necesito… Elena, Mario… nos escribimos, los nombro y fortalezco su Presencia en la no-presencialidad. Tengo más hermanos, hechos en la Vida. Para mí esto conceptualiza “hermanos…” Y somos “una hermandad, casi, numerosa”)

Tengo intacta la necesidad de hablar con Carlos, de saber de él, de reírnos juntos, de preguntarle y de responderle… tal vez se me aparezca un nudo en la garganta, porque necesito abrazarlo… pero ese nudo, que es “a veces”, que es posterior a la charla, sólo es la continuidad de aquella Presencia en la no-presencialidad.

 

Yo no estoy “confinado”.

 

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