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Se busca un estadista para los próximos cuatro años

Faltan 48 horas para la crucial elección. Precedida por una PASO que no fue primaria sino una anticipación del resultado electoral que colocó a un candidato 15 puntos por encima del otro. En ese contexto ocurrieron los dos debates de los postulantes a Presidente.

Débora Plager

POR Débora Plager SEGUIR
25 de octubre de 2019

25 de octubre de 2019

Faltan 48 horas para la crucial elección. Precedida por una PASO que no fue primaria sino una anticipación del resultado electoral que colocó a un candidato 15 puntos por encima del otro. En ese contexto ocurrieron los dos debates de los postulantes a Presidente.

Es cierto que el formato no permitió cruces directos entre los candidatos, ni preguntas de los periodistas, generando una innumerable cantidad de críticas. Sin embargo, estos cuestionamientos terminaron siendo funcionales a nuestros deslucidos competidores.

Poner el foco en la forma no nos permite ver el fondo del problema. Estos dirigentes podrían tener 30 horas en lugar de 30 segundos para exponer sus ideas. Y aun así seguirían mostrándose imprecisos, superficiales, vacíos de propuestas. Esto obedece a varias razones: decir la verdad sobre las dolorosas medidas a adoptar en el duro contexto de crisis que viviremos en los próximos meses requiere la estatura de un estadista. Ninguno de ellos parece ser el émulo de Winston Churchill.

Además, la enunciación de propuestas, implica el sometimiento posterior al archivo. Ya lo padeció Mauricio Macri con sus promesas incumplidas en aquel debate de 2015 frente a Daniel Scioli. Ninguno de ellos está dispuesto a esa auditoría. Por lo tanto, es más fácil criticar el formato que asumir la pobreza discursiva y conceptual de quienes disputan la presidencia.

Decir la verdad sobre las dolorosas medidas a adoptar en el duro contexto de crisis que viviremos en los próximos meses requiere la estatura de un estadista.

Podrán modificarse las reglas una y mil veces, lo que no cambiará es la medianía intelectual de aquellos que aspiran a gobernarnos.

Allí debería estar el foco de los analistas; seguir insistiendo con las reglas es exculpatorio e indulgente con los los protagonistas de la política argentina hoy. Con esta escasa materia prima debemos construir una transición ordenada.

Lo deseable, si Mauricio Macri no logra revertir el resultado adverso, es que el domingo por la noche felicite a su adversario. El lunes por la mañana ambos deberían ponerse a trabajar juntos en un contexto de evidente zozobra económica. De lo contrario, nadie puede aventurar el comportamiento de los ahorristas, el precio del dólar, y lo que ello implica en el resto de las variables de la economía. Serán 44 días inquietantes para una ciudadanía con demandas urgentes.

Hay un dato político que no puede soslayarse: la elección en la Ciudad de Buenos Aires. Para obtener la reelección, Horacio Rodríguez Larreta necesita superar el 50% de los votos. Si no lo consigue, deberá ir a ballottage. La actitud de Macri frente a su eventual derrota, promete ser distinta si aún le queda por disputar el territorio con mayor valor simbólico que su fuerza política necesita retener.

Otro interrogante arroja la importante movilización ciudadana que convocó el actual oficialismo el último sábado. Es un dato político novedoso en la Argentina. La participación en las calles del espacio no peronista. ¿Estará dispuesta esa porción de la ciudadanía a seguir en estado de alerta si Alberto Fernández vulnera los valores que vivaban en la 9 de Julio?

De los seis candidatos a Presidente que participaron en los dos debates de los domingos, ninguno parece ser el émulo de Winston Churchill

El espejo de Chile refleja la preocupación del eventual futuro gobierno. Un dirigente muy cercano al candidato del Frente de Todos dijo en las últimas horas a sus allegados: "No es lo mismo salir a reprimir una protesta piquetera que sacar la policía a la calle para apalear a la "Argentina Blanca". Con ese término el escritor Jorge Asís describió a los sectores medios que se movilizaron en la marcha del millón.

El peronismo unido puede vencer a esta porción del electorado en un comicio. Lo impredecible es como gobernar con ese sector social en contra y dispuesto a salir a las calles. No solo blandían las banderas argentinas, sino también las de la justicia independiente.

La Corte Suprema de Justicia deberá revisar antes de fin de año la llamada doctrina Irurzun en relación a las prisiones preventivas. Podrían entonces recuperar la libertad aquellos ex funcionarios kirchneristas que aún no tienen condena firme. El planteo ante la Corte tiene efectos suspensivos sobre las detenciones mientras el recurso se dirime en Casación.

El dilema es político, no sólo jurídico. Estas decisiones judiciales no se aplicarían sólo a los ex funcionarios, también alcanzarian, por ejemplo, a aquellos represores condenados por delitos de lesa humanidad con similares reclamos.

¿Cómo explicaría el kirchnerismo que la libertad de sus "presos políticos" convalida la salida de detenidos por delitos de lesa humanidad después de haber esgrimido a los derechos humanos como bandera?

El tercio del electorado que aún apoya a Mauricio Macri, estará atento a los movimientos en Comodoro Py. No es poca cosa frente al desastre económico que exhiben los números de la gestión cambiemos conservar algo más del 30% del apoyo popular.

Con las plazas del "Sí se puede", Mauricio Macri parece estar más cerca de intentar edificar su liderazgo opositor que de revertir el traspié electoral. La consolidación de ese espacio depende en gran medida de su comportamiento ante una eventual derrota.

El analista Rosendo Fraga ejemplifica una transición a imitar con lo que sucede en Santa Fe entre el gobernador saliente Miguel Lifschitz y el electo Omar Perotti. El peronismo santafesino volverá a la Casa Gris tras 12 años de gobiernos socialistas.

El lunes 28 comienza una nueva etapa. De ese desarrollo político depende el comportamiento del dólar, el volumen de salida de depósitos de los bancos y las eventuales medidas que deban tomarse en relación al cepo cambiario. Allí, expectante, estará la ciudadanía, aguardando la utopía: un estadista que guíe sus destinos hacia un futuro mejor.

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