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Opinión > Historia

El orador sin lengua

El 19 de julio de 1764, hace doscientos cincuenta y cinco años, en la Buenos Aires de aquellos años, por entonces perteneciente al Virreinato del Perú (aún no se había creado el del Río de la Plata), nacía el legendario prócer argentino Juan José Antonio Castelli.

Félix V Lonigro

POR Félix V Lonigro SEGUIR
19 de julio de 2019

19 de julio de 2019

El 19 de julio de 1764, hace doscientos cincuenta y cinco años, en la Buenos Aires de aquellos años, por entonces perteneciente al Virreinato del Perú (aún no se había creado el del Río de la Plata), nacía el legendario prócer argentino Juan José Antonio Castelli.

Era el mayor de ocho hermanos cuyos padres fueron Angel Castelli –un médico italiano que se había radicado en Buenos Aires en la primera parte del siglo XVIII- Josefa Villarino.

Sus padres pretendían que Juan José fuera sacerdote, y para facilitarle el objetivo  lo enviaron a realizar sus estudios medios en el Colegio Monserrat de Córdoba, que había sido fundado en 1687 y dependía de los jesuitas. En esa institución fue compañero de otros personajes que luego serían relevantes en la historia de la Argentina, como por ejemplo Juan José Paso, Saturnino Rodríguez Peña, Mariano Medrano y Manuel Alberti.

Cuando el muchacho terminó ese nivel educativo, inició sus estudios universitarios en filosofía y teología, tal como su padre lo deseaba, pero la realidad es que Juan José quería ser abogado, motivo por el cual, cuando su progenitor falleció en 1785, abandonó su carrera teológica y decidió estudiar derecho. Si bien su madre quería que lo hiciera en España, en la Universidad de Salamanca, tal como lo haría luego su primo segundo Manuel Belgrano, el joven Juan José prefirió hacerlo en la Universidad de Chuquisaca.

Si bien suele creerse que Belgrano y Castelli eran primos hermanos, la realidad es que solo eran primos segundos, ya que ambos eran hijos de dos primas hermanas: María Joséfa González Casero (madre del creador de la bandera) y María Joséfa Villarino (madre de Juan José Castelli)   

Ya recibido de abogado, Castelli volvió a Buenos Aires para ejercer su profesión, y en 1794 contrajo matrimonio con María Rosa Lynch, unión de la cual nacieron seis hijos. Por entonces su primo Manuel Belgrano, que efectivamente había ido a estudiar derecho a España, no solo regresaba del viejo continente con su título de abogado, sino además con una interesante designación: secretario del Consulado que el rey Carlos III acababa de crear en Buenos Aires.

Cuando en 1796 el futuro creador de la bandera asumió su función, designó a Castelli como secretario adjunto de ese organismo, quien a partir de entonces repartió su tiempo entre el ejercicio del flamante cargo, el de su profesión de abogado y el desarrollo de una incipiente y secreta actividad política cuyo objetivo era lograr la emancipación e independencia de las colonias españolas en el sur de América.

En ese contexto, al producirse la caída de la Corona española en manos de Napoleón (1808), Castelli apoyó la propuesta de Manuel Belgrano, para que la hermana de Fernando VII (Carlota Joaquina de Borbón, casada con el regente Juan VI de Portugal) tomara a su cargo el dominio las colonias españolas en Sudamerica. Como la estrategia no funcionó, Castelli se dedicó activamente a apoyar la emancipación de las mismas, siendo uno de los principales protagonistas de las jornadas de mayo de 1810, de las cuales surgió el primer gobierno patrio, al cual integró como secretario, junto con Belgrano, Alberti, Azcuénaga, Larrea y Matheu.

Pero los problemas de Castelli comenzaron en el año 1811, año en el que, como representante de la Primera Junta, fue enviado al Alto Perú con el Ejército del Norte encabezado por el Gral. Antonio González Balcarce (padre de quien luego fuera yerno del Gral. José Francisco San Martín). La derrota en la batalla de Huaqui puso a Castelli en el banquillo de los acusados, porque se lo hacía responsable de la misma. Concretamente se le imputaba un error de estrategia política y militar, al firmar un armisticio por cuarenta días con el jefe de los realistas Goyeneche, que luego éste no cumplió. Con esos cargos fue sometido a juicio militar.

Sin embargo no fue ese el único motivo por el cual la vida de Juan José comenzaba a desmoronarse; además supo, por esos días, que las dificultades que desde hacía algún tiempo se le presentaban al hablar, estaban originadas en un galopante cáncer de lengua que finalmente terminaría con su existencia.

El proceso militar al que se lo sometió, en el que Castelli fue defendido por Bernardo de Monteagudo y Nicolás Rodríguez Peña, tuvo ribetes escandalosos, ya que no solo se puso en tela de juicio su performance estrictamente militar, sino que además se ventilaron conductas personales relacionadas con la vida del prócer. Pues esos jueces nunca llegaron a pronunciarse, porque el cáncer dictó primero su veredicto. En efecto, Castelli era un fumador empedernido, y probablemente ese haya sido el origen de su mal, aunque algunos se lo atribuyen a una quemadura accidental provocada por un cigarro, deficientemente curada. Cualquiera haya sido la causa de su patología, el 11 de junio de 1812 un cirujano debió amputarle la lengua, adormeciéndolo con alcohol, ya que en aquellos años, obviamente no existía la anestesia.

La noche previa a su deceso, ya muy grave y sin lengua, el prócer pidió papel y lápiz para escribir: “si ves al futuro, dile que no venga”. Pues ese futuro no llegó jamás porque Juan José Castelli, el gran orador de las jornadas de mayo de 1810, al amparo de una notable ironía de la vida, falleció por un cáncer de lengua el 12 de octubre de 1812, cuando apenas tenía 48 años de edad.

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