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Construcción > Prejuicios en la construcción

La historia de tres mujeres que ponen manos a la obra

Son muchos los mitos que rodean a la mujer en el ámbito de la construcción mientras que, el mal llamado “sexo débil”, aumenta su participación en la obra de arquitectura. 

Las mujeres firman tan solo el 15% del total de metros de construcción registrados por año.

POR Laura Cocinero
11 de marzo de 2021

11 de marzo de 2021

La obra no es un ámbito fácil para la mujer. Requiere de destreza técnica, una habilidad que históricamente el imaginario colectivo le ha otorgado al sexo masculino. En esta oportunidad, y en conmemoración del Día de la Mujer, repasamos la historia de tres representantes del género que fueron capaces de superar los prejuicios y se destacan en su labor.

Mariela Bernal, 20 años al frente de la obra

La arquitecta Mariela Bernal es un claro ejemplo de que la mujer puede insertarse en el mundo de la construcción y destacarse en la dirección de importantes proyectos. Ella, es representante técnica y directora de obra, además de contar con 20 años de trayectoria como proyectista. Es por su vasta experiencia en el campo que tiene claras ideas sobre el rol de la mujer en el rubro y conocimientos sobre los obstáculos que durante años se le presentaron al género femenino en este tipo de labores.

Los trabajos de fuerza son los que históricamente se han relegado exclusivamente al hombre, dejando a la mujer las tareas que resaltan su “delicadeza”, indica la profesional en relación con los prejuicios existentes. “Cuando pensamos en el trabajo de la clase obrera inmediatamente relacionamos a la mujer como empleada doméstica y al hombre como operario en la construcción”, agrega, y explica que esto tiene una consecuencia directa en las ganancias que puede alcanzar uno y otro género, ya que, por un lado, el hombre tiene expectativas de ir aumentando sus ingresos conforme a la experiencia y capacitación, mientras que la mujer no tiene la misma suerte.

Con respecto al ámbito profesional ocurre algo similar. “Las profesionales arquitectas e ingenieras tenemos nuestro techo de cristal. Si bien hace más de 10 años los egresados de la facultad de arquitectura egresan 50% hombres y 50% mujeres, a la hora de medir las matriculadas en el colegio de arquitectos, estas difícilmente 30%. En cuanto a cantidad de metros registrados de proyecto y dirección de obra, las mujeres firman tan solo el 15% del total por año. Es decir, hay una brecha muy larga entre la contratación de profesionales del sexo masculino y femenino, lo que nos pone en total desventaja”, explica la arquitecta Mariela Bernal. Esta situación claramente no tiene relación con las capacidades técnicas, sino con mitos y paradigmas que poco a poco se empiezan a romper.

“Hay un cambio cultural que se está dando y nosotros tenemos que apuntalarlo, en la profesión que sea, y en la construcción, sobre todo, que siempre se dijo que es la industria más importante que tiene nuestro país. Que la mujer tenga influencia tanto en el proyecto como en la ejecución es bueno para toda la sociedad, no es cierto el mito de que el hombre construye mejor, sí es cierto que son pocas las mujeres que han podido llegar a lugares estratégicos” indica de manera descriptiva la profesional, aunque, advierte que para que exista real igualdad y frustrar ese mito aún nos queda por recorrer.

Victoria Marre y Celeste Córdoba, mujeres trabajando

Victoria (30) trabaja hace varios años en la construcción y actualmente está especializándose en la parte eléctrica. Ingresó al rubro después de una situación personal que la motivó a construirse su propia casa. Con el tiempo fue aprendiendo y mejorando en la técnica, luego, junto a su compañero, comenzó a trabajar para particulares y empresas.

Celeste (32) se apasionó por la metalúrgica desde los 12 años viendo a su padre trabajar en el taller de casa, poco a poco fue incrementando su destreza hasta los 17, cuando decidió estudiar soldadura calificada en Mendoza. Desde ese entonces ella se supera día a día.

Victoria Marre, electricista.Celeste Córdoba, metalúrgica.

Sobre los prejuicios existentes a la hora de contratar a una mujer para trabajos de ese tipo, ambas tienen experiencias personales para contar. Entre risas, Victoria recuerda aquella vez en la que una clienta le confesó, después de un par de días de trabajar en su casa, que al verla llegar el primer día creyó que sólo iba a cebar mate. “Luego me felicitó por mi trabajo”, comenta aliviada la electricista. Por su parte, Celeste, cuenta una historia similar. “Cuando me fui a estudiar a Mendoza, para poder bancarme el alquiler tuve que buscar trabajo de lo único que sabía hacer, herrería; pasé por muchos talleres y en todos me rechazaban por ser mujer, hasta que di con un hombre que, incrédulo de que yo sabía soldar, decidió tomarme una prueba. Sorprendido por haber superado sus expectativas decidió contratarme. Ese fue mi primer trabajo fuera de mi casa”, explica la joven.

Sobre el trabajo en el campo, ambas dejan claro que la obra siempre fue un ámbito duro para las mujeres. El hecho de que, en su mayoría, los trabajadores son hombres hace que se las excluya, que no las tomen en serio o, en casos donde debían dirigir, que no respeten sus órdenes. A pesar de eso, Celeste y Victoria no bajaron los brazos y utilizaron todas las herramientas a su alcance para hacerse valer. “Nunca he sido sumisa, cada vez que he tenido un inconveniente en el trabajo debido a otros trabajadores he tratado de explicar, siempre con respeto”, subraya Victoria sobre el tema.

Indudablemente, las cuestiones inherentes a las cualidades físicas del género siempre son tenidas en cuenta a la hora de justificar cualquier tipo de menosprecio a la mujer en la obra. La buena noticia, es que el trabajo de las mujeres deja claro en la actualidad que no hay dificultad que no pueda ser superada e, incluso, lo que en un principio puede ser entendido como un obstáculo, se si trabaja correctamente, puede decantar en algo positivo. Justamente, así lo entiende Celeste, que explica: “al principio tuve dificultades físicas, ya que no podía levantar un portón, pero año a año y con la práctica pude ganar masa muscular y hoy por hoy no tengo ningún problema para realizar los trabajos. La ventaja de ser mujer en este oficio es que somos más detallistas, lo que te permite tener trabajo más calificado y mejor remunerado”.

Esfuerzo, conocimiento y valentía. Son características que hacen destacar a las mujeres que logran de a poco adentrarse en un mundo que, hasta hace pocos años, estaba reservado sólo a los hombres. Sin lugar a dudas, como nuevas en este mundo, están poniendo todas sus energías en demostrar que el mundo de la construcción también es suyo y que tienen mucho para dar. Pues sobran las demostraciones de que el mal llamado “sexo débil”, no es tan débil y, si se lo propone, puede llegar a hacer grandes cosas.
Al darte cuenta que podés hacer todo este tipo de trabajos te motiva a seguir aprendiendo y progresando”, dice Victoria, mientras Celeste anima a las mujeres a ingresar al mundo de la construcción: “No creo que haya dificultad que no puedan superar, a menos que lo que hagan no les guste. He dado talleres de soldadura a mujeres y pudieron superar sus miedos dando cuenta de que la mayor dificultad son sus propias limitaciones”.

Por Arq. Laura Cocinero.

Directora del estudio de arquitectura UNOENCIEN.

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