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La Universidad del implacable preguntar

Miguel Montoya Jamed

POR Miguel Montoya Jamed SEGUIR
24 de noviembre de 2020

24 de noviembre de 2020

Dedico este texto a los hombres y mujeres
que fueron mis alumnos.
Y a quienes me leen.

Les pido que después de leerlo
dejen caer unas copias, por la Libertador,
unas cuadras al Oeste de la Facultad de Ingeniería,
que, tal vez, el viento que sopla del Sur las haga volar
por encima de la ignorancia y del autoritarismo del “rey”

“…desarrollemos una nueva clase de conocimiento que sea humano, no porque incorpore una idea abstracta de humanidad, sino porque todo el mundo pueda participar en su construcción y cambio, y empleemos este conocimiento para resolver los dos problemas pendientes en la actualidad, el problema de la supervivencia y el problema de la paz; por un lado, la paz entre los humanos y, por otro, la paz entre los humanos y todo el conjunto de la naturaleza.”
Paul Feyerabend
(Viena, 1924-1994)-último párrafo del prólogo de Adiós a la Razón

Pensar a la Universidad como un gnoseolugar, es mi propuesta.

Con mi colega y amigo el profesor Daniel Illanes… el Chango Illanes, con quien escribimos juntos muchas veces y otras tantas estuvimos juntos en la resistencia callejera a las dictaduras o al autoritarismo democrático, pensamos y escribimos a la Universidad, como:

El gnoseolugar que decide avanzar de la interpretación a la transformación del mundo

Nosotros pensamos la Universidad como el lugar, el gnoseolugar. Esa esencialidad de lo público, en el que mujeres y hombres (en su mayoría jóvenes y adolescentes) puedan transformarse-transformándose como Sujetos. Hacerse-haciéndose Sujetos, en la misma concepción dinámica y dialéctica del conocimiento.

Donde cada uno de los jóvenes que ingresen, irrestrictamente, para comenzar un proceso de egreso restricto, restricto por un tránsito firme, consciente, transformador por el territorio gnoseológico propuesto y atravesado por el propio construyéndose en cada aprendizaje, en cada ejercicio del pensar; sean puestos frente al conocimiento, como Sujetos del proceso de construcción de aptitudes y modificación de actitudes, para la constitución de su Sujeto del conocer.

Ese ponerlo frente al conocimiento, fortalecerá su puesta frente a la disciplina que elija, de la cual podrá egresar, con la preparación para profesionalizarla.

Pero: la puesta frente al conocimiento, el desarrollo de su Sujeto Cognoscente, su transformación en Sujeto del Conocer: para la vida, para la libertad, para la belleza, para la felicidad, para su autonomía, para su identidad, para la constitución de su existencia no-vacía, y por lo tanto para que sea posible otro modo de Socialidad; como fin primordial de la Universidad. Solo será posible, en la Universidad que representa su definición y se sostiene en las Ideas, en la Universalidad de las ideas, en ese territorio donde la única Universidad que ahí puede fundarse es la Universidad Filosófica, que contendrá a la Universidad Científica.

Esto es: no la Universidad donde se enseñe la historia y la biografía de los filósofos, sino aquella que proponga como fundamento la búsqueda de la verdad, que eso es, la búsqueda de la belleza, de la libertad y la felicidad, donde sea posible que los jóvenes incorporen la crítica en oposición a la creencia en la visión de la realidad a transformar. Donde la afirmación de aquella vieja proposición: Nada es sin fundamento, sea la que movilice a cada individuo, y que este no se detenga sólo en la búsqueda de esa proposición como fundamento del representar, sino que construya la necesidad de buscar el fundamento de esta proposición.

Decimos: individuos atentos, alertas a ser interpelados por lo conforme a esencia.

Esta Universidad, sólo será posible si como esencialidad de lo público no es invadida, infectada, perturbada por el dogma.

En este territorio propio de las Ideas y del Pensamiento, de aquel pensamiento que refiere Heidegger, cuando dice: “el pensamiento abre surcos en el campo del Ser”, no debe haber lugar para la construcción de instituciones del mercantilismo, de la capacitación para la sobrevivencia, del conocimiento instrumentalista.

No debe haber lugar para el levantamiento de aulas, para alumnos del “¿para qué sirve?”, sino para alumnos del “¿es verdad o no es verdad?”; ni el levantamiento de aulas y gabinetes para docentes e investigadores del incentivo, sino para docentes e investigadores del sentido.

No es posible la construcción de esa Universidad, si no se piensa, se procura y se provoca una re-población en la Universidad que tenemos: de intelectuales, de docentes puestos frente al conocimiento, de Sujetos del pensamiento complejo.

Estos son: aquellos que necesitan y deciden significar y construir sentidos en ámbitos diferentes de aquel en el que completaron su formación de grado. Esto no sólo necesita destruir las estructuras conformadas por la mediocridad, el miedo que le es inmanente y la mezquindad que la protege, sino también modificar algunas estructuras de las normas y los reglamentos.

A esto también contribuye de manera elemental y primitiva: que el espacio central de cada Facultad, el más amplio, el más confortable para una mayor y permanente habitabilidad, el de mejores muebles, el de una ambientabilidad más cuidada, el de mayor dotación de lo necesario para conformarlo, el principal, sean las bibliotecas.

La posibilidad, sin burocratismos, para publicar.

Las cátedras paralelas; y la semestralización continua, para los cursos que lo demanden.

Que sea posible instituir las cátedras “no-parelas” donde se trabajen conceptos y se discutan temas que atraviesen los conocimientos de los estudios disciplinares. Para hacer posible eso que dice Edgar Morin:

“Necesitamos un conocimiento cuya explicación no sea mutilación y cuya acción no sea manipulación”.                                     

Ningún territorio público debe ser invadido por el dogma, en lo público se desarrollan los individuos. En este territorio debe vigorizarse la Razón. La razón a la que se llega pasando por la emoción.

Esa Razón que involucra toda la experiencia del humano.

Aún no será posible del todo, si sólo pensamos al Sujeto científico (del que hablan algunos) como culminación, sino que esta sea el Sujeto del Conocer.

En lo que decimos está definida la “excelencia académica”, la “inserción social” y la “productividad”.

La Universidad debe ser el territorio pleno para el desarrollo de los individuos, porque esto solo es posible en lo público, y la Universidad es la esencialidad de lo público.

La Universidad debe ser el territorio pleno para el desarrollo de los Sujetos: Cognoscente, Deseante y Productivo, que se intersectan para definir el Sujeto Social que conforme una trama de Socialidad para un nuevo Sistema de Convivencia.

Pensamos la Universidad como ámbito de profunda provocación en el modo de enfrentar la existencia, de profunda restructuración de la cabeza del joven, de fuerte producción de la subjetividad, de inmanente búsqueda de la verdad, de entusiasmo frente a la duda como componente de la cotidianeidad, de esa cotidianeidad como ámbito de racionalidad y emocionalidad. Esta es la Universidad de las Ideas, como fundamento.

Su construcción, seguramente, es perturbada, por el nuevo concepto que se propone del conocimiento en esta época maquinicista, por las políticas económico-cientificistas de las organizaciones que pagan la investigación, por la incentivación, por la urgencia de la “salida laboral”, con propuestas de carreras cortas capacitando a los jóvenes para la sobrevivencia sin considerar “su curiosidad epistemológica”; por la asimilación del ejercicio de la asignación de las autoridades de la Universidad a las prácticas de las políticas partidarias del sistema, por la mezquindad que es manifestación de la mediocridad y de la apropiación de situaciones de poder político en la Universidad.

Pensamos que resistir a la destrucción de la FORMACION pública, estatal y gratuita, no es la transformación administrativa y formal de la organización de la Universidad, si no, la seguramente, discutida tarea de su re-conceptualización.

Por esto, nosotros trabajamos en cada clase, en cada curso, en cada charla, en cada conversación extra-áulica con los alumnos:

 

Por la Universidad de las Ideas; como fundamento.
Por la Universidad del Sujeto del Conocer.

 

Por la Universidad donde se formen mujeres y hombres que al menos tengan la duda, la intención, la curiosidad, la libertad, el detenimiento frente a algún párrafo, a alguna frase, de alguna pregunta similar, a la que plantea Martin Heidegger, en la conferencia pronunciada el 24 de octubre de 1956 en la Universidad de Viena; en uno de sus fragmentos, dice:

“[…]¿no sigue siendo la esencia del hombre, no sigue siendo su pertenencia al ser, […] todavía, y de manera cada vez más desconcertante, lo digno de ser pensado? Si así fuera, ¿nos será licito renunciar a lo digno de ser pensado, y ello en favor del delirio del pensar exclusivamente calculador y de sus gigantescos logros? ¿O estamos obligados a encontrar caminos en los que el pensar pueda corresponder a lo digno de ser pensado, […]?

Ésta es la pregunta, la pregunta mundial del pensar. Lo que llegue a ser de la tierra, y de la existencia del hombre en esta tierra, se decidirá en la respuesta a ella.”

La Universidad no puede estar encallada en el hoy, ni en el mañana inmediato. La Universidad tiene que pensar el futuro y trabajar en consecuencia.

Los dilemas del futuro son muchos, no siempre pueden sintetizarse. El agua, la energía, el medio ambiente, son temas que habrán de conmover a la humanidad en forma muy intensa en poco tiempo más. El mundo espera una guerra por el agua en un horizonte de escasez. El mundo espera una caída en la producción de petróleo, como resultado de la curva de Hubbert. El mundo espera una lucha muy grande en defensa del Ambiente a escala mundial, lucha que será, a no dudar, uno de los afluentes en la gigantesca búsqueda de una nueva etapa histórica del trabajo y de la riqueza que sea superior al capitalismo y a los sistemas opuestos a este que se implantaron hasta ahora.

No podemos estar ociosos ni atemorizados ante semejante futuro. Tenemos que preguntar y repreguntar sobre el horizonte que se nos presenta. Estamos obligados a responder. Estamos conminados a ponernos en marcha en el marco de un escenario que es mucho más grande y exigente que meras oportunidades de negocios o de inserción en ámbitos públicos o privados.

Tenemos por delante dos grandes posibilidades: o una gestión administrativa como único horizonte, o una gesta intelectual y creativa que contenga y de sentido a esa gestión administrativa. Ese horizonte es el futuro. Eso se espera de nosotros.

El inmovilismo agrava todas las crisis. Porque la crisis es decisión frente a caminos que se bifurcan. Por eso ninguna voz debe faltar porque ninguna voz sobra.

El saber es lucha, no es calma. Es lucha con objetos de conocimiento que se resisten a ser conocidos ocultándose. El compromiso con esa lucha es la alegría del desocultar, tarea que nunca concluye, pero que exige una perseverancia sin límites.

El pensar sobre el saber, es decir sobre el mundo de la ciencia, el pensar sobre la creación estética, es decir la posición admirativa y sensible frente a la belleza, y la reflexión profunda sobre la Universidad, nos exigen no ubicarnos como individuos aislados y egoístas. Somos un pueblo, y como tal tenemos que enfrentar nuestra realidad y nuestro futuro. Nuestro pueblo se abre al saber profundo por medio de nosotros. Es esta una gigantesca misión y en ella está implícita la esencia misma de la Universidad.

Esa esencia es la lucha contra todo interés que oculta, venga desde lo público o lo privado, desde los falsos ídolos o desde el simplificante reduccionismo de lo meramente utilitario. Pero aún con todo lo grande que es, nuestra actitud y nuestra aptitud para desocultar no lo agotan todo. Nuestra misión va más allá porque nos esforzamos por conocer para transformar la realidad.

Nosotros queremos una Universidad del implacable preguntar. Ese preguntar libre y perseverante, firme y admirativo, abre lo esencial de todo. Ese preguntar insistente libera a las ciencias de sus cápsulas disciplinarias y las reúne en la búsqueda de una nueva configuración del mundo. A eso vamos.

Si como dice Hegel, el destino es el principio de la acción puesto por fuera, ¿Cuál es el destino de nuestra inteligencia universitaria? ¿La pura ironía? ¿La cínica mirada omnicomprensiva y a la vez autocompasiva sobre el mundo de lo real y sobre el mundo del sujeto justificando la inacción y glorificando la traición? ¿Acaso la cultura y su mundo son narcóticos que sirven para sedar y no emociones que logren promover la tormenta interior y el asalto que redime y libera? ¿Acaso alguien puede prohibir que abrumemos la razón domesticada por los amos y elevemos sobre ella una rebelión firme frente a la pretensión universal egocogitativa del poder imperial de Occidente? Aunque Hegel no lo hubiera querido, le podemos brindar a él, por vía de retorno este tiento y esta diferencia, parafraseando a Alejo Carpentier: lo destinal nuestro asignado por nosotros mismos, sigue siendo la rebelión como primer paso para encontrar el camino hacia el destino que no es otro que vencer la razón académica instalada e imponer la voluntad emancipatoria del hombre frente al capitalismo, de los pueblos frente a las dominaciones imperiales y de la humanidad frente a los patriarcalismos y todos sus pastoreos que nos vienen desde la prehistoria.

La Universidad tendría que ser un arma humana gigantesca para vencer esa prehistoria que todavía se conserva, una relación pastor-rebaño que verdaderamente indigna. Esta ovejización del intelectual para volverlo orgánico al poder, este rebaño-clientela es lo que tenemos que enfrentar para encontrar el camino olvidado. Pero lo peor es que no nos enfrentamos solamente a un olvido, sino al olvido del olvido. Esta batalla por la memoria que vence al olvido del olvido, es el primer camino para vencer la Universidad abrumada por pastores, ovejas, clientelas, esclavos, sirvientes, bufones, cortesanos, saltimbanquis del ilusionismo de la técnica y los negocios, eficientes administradores del desparpajo y la mentira. No de un solo golpe de verdad sino con una guerra intelectual larga y firme, el implacable preguntar reducirá a la nada a la turbamulta profesional del ocultamiento. Es en ese sentido que estamos autorizados a hablar de libertad.

Para nosotros, la libertad no es estar suelto de la responsabilidad histórica que nos cabe. No aceptamos la desvergüenza de estar sueltos del compromiso. Para nosotros, la Universidad no puede estar ausente del proyecto de liberación que hay que configurar. Proyecto de liberación que hoy es un saber soterrado o cautivo. Que hay que exhumar o excarcelar. Desde la crisis y la represión de los setenta hasta la hybris de los ochenta y los noventa, se desconfiguró el proyecto de liberación. Se lo reemplazó por la pretendida libertad individualista del capitalismo global, la posmodernidad, el fin de la historia, la muerte de las utopías, se confundió libertad con fragmentación que no era otra cosa que atomización social disociativa.

La Universidad debe pensar la nueva configuración del mundo, lo que significa recuperar la idea de liberación desde lo social frente a la idea de libertad que se propone desde el liberalismo reaccionario individual posesivo. Esa idea de liberación es ya un humanismo frente a la enajenación fragmentaria.

La nuestra es una Universidad situada en el confín, opuesto por necesidad a los centros. Tiene que asumir la centralidad del confín frente a los centros. Tiene el confín que volverse centro para sí. Ese deberá ser un proyecto de retopización frente al pensamiento centrífugo y tránsfuga que mira desde el centro externo poseído del enemigo y distante, que nos enajena a un poder que nos instrumenta. Sin la conciencia de esto no habrá configuración de la Universidad ni, desde luego, configuración del mundo.

Somos los primeros en reconocer que no sólo en la Universidad se está configurando el nuevo mundo y no sólo en la Universidad ha operado el proyecto desconfigurador, el de-struo absoluto. Nuestro implacable preguntar va contra el de- struo absoluto. Es bueno que consignemos en forma clara y contundente, que concebimos la Universidad en el Espíritu de Reunión, tal como lo formula Cortázar en una página maravillosa, quizá sin imaginar la consecuencia de esa palabra, reunión, decimos, que abriéndose admita irrestrictamente, todo lo que desde la gestación de la cultura traiga vida empecinada, rebelde, tenaz y combatiente, que cierre sus puertas al mercantilismo, al negocio, a la pura transacción, al precio.

El proyecto de la ciencia-cálculo puramente profesionalizante debe ser derrotado: la ciencia que no piensa es el centro de un proyecto situado en una razón deshumanizante. De esa razón deshumanizante debemos liberarnos, a esa herencia debemos renunciar para poder poner en marcha la undécima tesis sobre Feuerbach, de Karl Marx: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”. Lo que cabe para los filósofos, cabe para el campo del saber profundo, es decir, la Universidad. Lo que nos proponemos es una Universidad que pase a trabajar para la transformación-reconfiguración del mundo y que no se detenga en una interpretación inmovilista al servicio de la destrucción capitalista del mundo, lo que significa terminar con el ciclo del de-struo interpretativo.

(Este concepto del gnoseolugar, lo escribimos con mi querido amigo, el Chango Illanes, con quien escribimos juntos muchas veces y otras tantas estuvimos juntos en la resistencia callejera a las dictaduras o al autoritarismo democrático).

Autoritarismo democrático, que es el autoritarismo de la escases de inteligencia, y de la irreverencia del poder político, que desconocen lo público, que ignoran la Propiedad Social.

Confunden, no por inocencia, sino por arrogancia capitalista, que es, la desesperación por el adueñamiento y la acumulación, su trabajo de administradores de lo público, con sus sueños de Amos. Y les van poniendo su nombre y apellido a todos los carteles posibles, en las esquinas del pueblo, a las pautas en los medios de comunicación que los publicita, a las limosnas que les dan “a los pobres”, y culminarían su coronación si consiguen una plaza o una calle, que les perpetúe el reinado. La censura a la Universidad, ya la soportamos en una época de mierda.

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