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Que no nos muden de mundo

Miguel Montoya Jamed

POR Miguel Montoya Jamed SEGUIR
08 de septiembre de 2020

08 de septiembre de 2020

En un texto anterior, yo sostengo que “no nos hemos mudado de Mundo”. Afirmo eso, y con mayor rigurosidad, digo: “no nos han mudado de Mundo”.

Cada Individuo construye su Mundo. Cada uno es el constructor de su Camino para habitar… eso es la Vida.

Para una gran mayoría de los Individuos, el sistema de convivencia en el que vivimos, artificioso, de apropiación y acumulación, atraviesa esa construcción desde una multiplicidad de artificios ocultos del poder. Que es poder de control social y de construcción de rebaño. Entonces la construcción, es en gran parte, provocada por las necesidades impuestas, las sensaciones causadas, las privaciones de aquellas necesidades y de aquellas sensaciones, por la configuración de las disposiciones del poder y como un residuo, por la configuración social, o sea por la configuración del suceder en la Sociabilidad. Además, en el territorio público, donde el individuo desarrolla su cotidianeidad, el poder lo invade con el dogma religioso, y así, le da permanencia al proceso de enajenación y de alienación.

A esto el Individuo debe oponerle la Conciencia de su ser-Sujeto-haciéndose Sujeto, la producción de su Subjetividad, el construirle Sentido a su cotidianeidad.

Estos tres conceptos no son sinónimos entre sí, pero se asimilan y se construyen en un Inicio común. Los tres son del Yo, del Inconsciente o sea de la Identidad.

Esto lo escribo como introducción, para no dejar en el texto una exposición de ignorancia de la realidad en la que hacemos nuestra cotidianeidad.

Pero cada individuo, desde esa u otra Exterioridad, desde cada Interioridad, venimos construyendo nuestro Camino para habitar. Eso es el todo, y lo únicoel Camino. Hablo de que cada uno de los Individuos venimos construyendo nuestro Mundoúnico y singular. Nuestro Mundocada uno. Un Mundo que vamos interceptando con otros Mundos, lo que define nuestro crecimiento, nuestro desarrollo, nuestro movimiento, nuestra manifestación de la VidaNuestro hacer nuestra Vida, de la que somos responsables.  “Nuestro” y “nuestra” determinan nuestra responsabilidad.

Y ahí, adentro de esa singularidad, que afirmo, esta toda la Belleza que nos construye y también todo el dolor, que también nos construye. Y como cada uno tiene la Razón y la posibilidad del Conocimiento, podemos debilitar, sobreponer el dolor para visibilizar la Belleza. La Belleza que no se compara, ni tampoco, el dolor se compara. Como no se comparan los Seres humanos.

Cada Sujeto, no puede “extensificar” la Vida. Pero, si debe y puede Intensificarla. La fugacidad de la Vida, está colmada por los Instantes, y en cada Instante está la Eternidad.

Todo esto que pienso para el Sujeto, es común y es Singular.

Común y Singular, también diría si me refiero al Alma, que es el Inconsciente, o a la Espiritualidad, que es lo que llamamos humanidad - que pongo con minúscula, porque la refiero a cada hombre y a cada mujer.

En la Singularidad que me es propia, yo puedo reconocer “los espacios” o “los estratos”… infinitos, donde yo voy construyendo mi Seguridad, donde defino el Placer, yo puedo reconocer permanentemente con qué Existenciarios (que corresponde a la Existencia) voy constituyendo mi Tranquilidad (Tranquilidad, es la esencia, es el concepto de lo que nombramos “felicidad”).

En la Singularidad que me es propia, yo puedo reconocer permanentemente “como miro la Vida”, “como miro el Mundo”… y ahí está todo: el Deseo, el Amor, el Tiempo, el Miedo, está el Otro. Este “Otro”, es con el que yo "intersecto" mi Mundo. La extensión de esa intersección y el modo, pertenecen a la Sociabilidad, que me hace humano. Humano, soy por la Palabra y por la Incertidumbre.

Todo esto que apunto, es intransferible y no puede ser negado, ni anulado, ni hurtado, por ningún tipo de amenaza. Porque es “el Lugar” que tenemos, en nuestra constitución de humanos, para cobijarnos. Es cada tranco del Camino que venimos construyendo, es cada palmo de nuestra responsabilidad, es cada objeto de nuestra Identidad.

Con mayor o con menor fuerza es de donde podemos tomarnos. Aún, con más o menos síntomas de debilidad es de donde podemos tomarnos. Entonces. Es “el Lugar”, que no debemos dejar de visibilizar.

Es la Interioridad, que nos constituye frente a la exterioridad que nos amenaza. La exterioridad también nos constituye, pero, más ahora, en estado de amenaza, la interioridad es el refugio, no el escondite. Ese “Lugar” que defino no debe ser invadido.

Propongo, rumiar esto que somos, esto propio. (Es dónde “propio” tiene lucidez, ya que es lo inherente, la única definición valida de “propio”)

Las discusiones, del origen de la amenaza. De dónde salió el virus, de las intenciones de las industrias del poder de la muerte, de los planes de los dueños de la mirada tecnológica, no deben sacarnos de la situación que define esa Interioridad que apunto. Como actitud de oposición y defensa, como un movimiento de reafirmación de nuestra situación, o como búsqueda de una nueva situación, es saludable. Cuando hablo de “situación”, estos hablando de la protección de nuestra Subjetividad, hablo de la protección de nuestro ser-Sujeto.

Ese Lugar, es lo único que somos, es lo único que tenemos…  Y “lo único”, no porque sea poco, porque no basteporque es lo que somos y lo que nos sitúa frente a cada Otro, con el que nos reconocemos. Si esto nos sucede, y que sucede como acaecimiento, es porque estamos Vivos.

Desde ahí, sólo puede haber cuidado. Un cuidado que acaece, ya que es nuestra Interioridad, nuestro Ser. Sólo debemos ser conscientes del “todo”, “único”, que hasta “ahora” venimos constituyendo. Desde ahí no debe haber negación de la amenaza, que sería lo opuesto al cuidado.

Cuando digo “no nos han mudado de mundo”. Yo estoy mirando, de frente, sin distracciones a los hombres y mujeres, que proponen como cierto “el desarraigo”. A los que definen la vida como la producción y acumulación de artificios, a los obnubilados por el pensamiento calculador, a los que no piensan al Ser humano, como fundamental. A los que niegan que el Mundo Natural es más fuerte que el Mundo histórico y hablante construido por el “Hombre”. A los que niegan que el “Hombre” conforma la Naturaleza que lo conforma. A los que se niegan a comprender que la Naturaleza es lo más íntimo que tenemos afuera. A los que niegan que los hombres y mujeres sobreponemos el mundo animal para sociabilizarnos. Y que eso no hace cierto el desarraigo. El desarraigo es: enajenación y alienación, provocada por el dogma, debilitación de la Subjetividad, confusión del lenguaje, con el traslado de términos desde el dogma al dominio de lo público, la monopolización del lenguaje por la máquina, el traslado de términos de la máquina a la cotidianeidad del humano, la instalación perversa, de creencias como “razón de mercado”, “sentido común”...

“El habla es la morada del Ser”- Martin Heidegger.

 

De frente a los que lastiman la Tierra, envenenan las Aguas y el Aire. De frente a la perversidad que supone la existencia de dueños de las vidas de hombres y mujeres.    

Si el virus de la pandemia no fue creado en un laboratorio, coincide con mi sentencia: El Mundo Natural es más fuerte que el mundo Histórico y hablante construido por el Hombre.

Si el virus de la pandemia si fue creado en un laboratorio, coincide con lo dicho por Martin Heidegger, en el 1930: El peligro para la Humanidad no es una tercera guerra mundial, sino que el hombre sea obnubilado por el pensamiento calculador y que sea el único que practique.

Yo digo, que inspiro mi pensamiento en Heidegger: Llevar nuestro pensamiento a pensamiento meditativo…

Escribir este texto, es una necesidad. Y satisfacer esa necesidad, es el modo que tengo de no quedar situado como víctima del martirio que nos atraviesa. De esa situación debemos corrernos. No quedar sin movimiento en la ansiedad, en la angustia (y así, las pongo, conscientemente, con minúscula) y en el miedo. No quedar, sin movimiento, sin ver, eso es acudir a lo que apunte, como: “lo que soy” “lo que tengo” y ser consciente del acaecerdesde ahí me dispongo a mirar de frente, aque es cuidarme y cuidar al Otro en el que me reconozco- es la definición más pura de “cuidado”.

La Salubridad del Hombre es una sola: es la interioridad exterior y es lo exterior de nuestra interioridad.

“Lo que soy” “lo que tengo”, que definí como mi Interioridad. Esa Interioridad en el exterior, son mis Nietos, mis Hijos, mi Compañera, mis Hermanos hechos en la Vida y, el Otro con el que me reconozco. Situado “ahí”, no es vital la inmovilidad. La Salubridad del Hombre es una sola: es la interioridad exterior y es lo exterior de nuestra interioridad.

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