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35 ponchitos impermeables y un burrito para los alumnos de las Sierras de Elizondo

La odisea que vivieron dos alumnos y un maestro en las sierras de Valle Fértil activó la solidaridad de los sanjuaninos. 

13 de septiembre de 2020

La acción solidaria de un grupo de sanjuaninos surge a partir de un posteo que hizo en su cuenta de Facebook, en el mes de octubre del año pasado, Javier Ortiz, el maestro de la escuela albergue de las Sierras de Elizondo, departamento Valle Fértil. En la publicación, el maestro contó la odisea que pasó junto a dos de sus alumnos (Joselin, 7 años y su hermano Daniel, 13 años), mientras bajaban a lomo de mula por una de las quebradas de las sierras, de regreso a casa. 

“Cuando leí la publicación de Javier en su muro, juro que me estremecí, me conmoví; e inmediatamente le llamé y me puse a disposición”, empezó contando a DIARIO HUARPE Ernesto Aciar, presidente de la ONG Amigos de Valle Fértil. “Y fue así como nació la idea de los ponchitos impermeables y el regalo del burrito”.

Educar y aprender entre las sierras

La Escuela albergue Marco Narváez está ubicada en las Sierras de Elizondo (departamento de Valle Fértil), a 263 kilómetros de la ciudad de San Juan, a 1.924 metros sobre el nivel del mar y a 55 kilómetros (sierras arriba), de la localidad de Astica, el primer poblado más cercano.

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La escuela albergue enclavada entre las sierras vallista.

Asisten 21 chicos: 4 alumnos al nivel inicial, 12 al primario y 5 al ciclo básico (tercer año) del secundario.

La modalidad: 10 días en la escuela y cinco en sus casas.

Todos, son niñas y niños de las familias que viven en la zona. Unos, de dos familias que residen en las inmediaciones de la escuela; y otros, de familias asentadas en las sierras a media hora (a lomo de mula) de la escuela; a una hora; a una hora y media; y a casi dos horas y media, como es en el caso de Joselin y Daniel.

 

La odisea de octubre

“Ese día que teníamos que bajar, amaneció nublado con lloviznas intermitentes”, relató a DIARIO HUARPE Javier Ortíz, el maestro de la escuela. “Recuerdo que con los chicos nos miramos con un dejo de incertidumbre sobre qué hacer; pero sabíamos que no teníamos muchas opciones porque se nos había acabado la comida. Así que, encomendándonos a la suerte, decidimos bajar”.

La foto fue tomada por Javier mientras bajaban por la quebrada.

Cuenta Javier que antes de subirse a las mulas y emprender el viaje, con las pocas bolsas de nailon que tenía, embolsó el equipaje y a todos los chicos que no habían llevado camperas impermeables.

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“Los primeros tramos fueron llevaderos”, describió Javier. “La lluvia iba y venía y solo por momentos la neblina se hacía densa”.

A medida que avanzaban por la pedregosa huella serrana, el grupo se iba disminuyendo, porque los alumnos llegaban a sus casas.

Algunos viven al costado del camino; otros, cruzando el río; y otros, detrás del cerro.

“Al llegar al Portezuelo Colorado, el cerro más alto del camino, la lluvia se hizo más intensa", prosiguió Javier, "y por la neblina no se veía ni a los 5 metros".

La neblina se hizo más densa en El Portezuelo Colorado.

A esa altura del camino, solo quedaban el maestro, Joselin y su hermano Daniel.

“No sabíamos qué hacer", contó Javier, "Seguir o esperar que la lluvia se pasara... al final decidimos seguir”.

Se aferraron bien a las mulas y bajaron muy despacio.

Daniel iba primero (llevaba la mula de tiro), Joselin arriba de la mula, y Javier al final.

Javier, en el momento más crítico de la tormenta.

A pesar de que era octubre, el frío era tremendo. Tal es así que Joselin tiritaba del frío, hasta que en un momento se largó a llorar del frío. "Nos paramos y la subí a mi mula", contó Javier. "La arropé con lo que tenía y la acurruqué hasta que llegamos al cruce donde tenían que seguir unos metros más para llegar a su casa... En el lugar nos despedimos con un abrazo y a las 3 horas llegué a Astica para luego emprender el viaje a mi casa”.

Cuando llegaron, Joselin estaba empapada.

Javier vive en San Agustín de Valle Fértil, a un poco más de 40 kilómetros de Astica y a casi 100 kilómetros de la escuela albergue.  

"Ese día, recuerdo, me bañé con agua bien caliente y me fui a dormir. Estaba destruido. Parecía que me habían pasado 25 trenes por arriba”.

Al otro día se levantó y publicó la historia con las fotos en su cuenta de Facebook.

El posteo de Javier, rápidamente se compartió entre los miembros de la ONG Amigos de Valle Fértil y entre todos se comprometieron a ayudar.

Unos se dedicaron a indagar sobre cuál era la mejor tela para confeccionar los ponchitos impermeables; otros, a buscar presupuestos; otros, a gestionar las ayudas económicas; otros cortaron; otros cocieron; y después de sortear los inconvenientes que se presentaron por la pandemia, coordinaron la entrega.

La donación

Los 35 ponchitos serán repartidos entre todos los alumnos de la escuela.

"Los ponchitos llegaron por encomienda porque por las restricciones no podíamos viajar hasta Valle Fértil", contó Ernesto Aciar, presidente de la ONG. "El maestro Javier los recibió y junto a Marisa Pérez, miembro de la ONG que vive en Valle Fértil, se los entregamos a uno de los papás en Astica, quien es el portero de la escuela y el que se encargará de distribuirlos entre todos los alumnos".

También ese día bajó Joselin y su abuelo Rubén, porque el hermano de Javier, Marcelo Ortíz (vive en Neuquén), decidió regalarle a Joselin un burrito (foto).

Joselin feliz con su burrito.

“Esta es una pequeña historia de las tantas que emocionan, que estimulan y le dan sentido al sacrificio que hacemos todos los días alumnos, padres y maestros por la educación en zonas rurales”, concluyó Javier.

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