Opinión
La niñez de los Hombres cuando crecen
¿Dónde va la niñez de los Hombres, cuando crecen?
¿Dónde va la niñez de los Hombres, cuando crecen?
Se esconde en la adultez y el escondijo hace la simulación. Queda en algún lugar recóndito del Espíritu. Lugar que cambia. Que va y viene por dentro, que lleva el juego por los estados de ánimo. Porque procura la felicidad.
La Niñez, que niega la adolescencia, que después niega la adultez, queda incorporada. Ni como experiencia ni como recuerdo. Si no: como callada iniciación de la Existencia. No como comienzo si no como Inicio. Inicializa la Existencia del Hombre. Siempre está la Niñez.
Está bien decir: Inicializa la Vida del Hombre.
“El Espíritu es la totalidad espacio temporal del mundo de la Naturaleza que implica el discurso humano, el cual revela ese mundo y el hombre”- A. Kojeve.
De vez en cuando, la niñez, aparece en la palabra, como sanación, para debilitar el miedo de ser-en-el-mundo.
El espíritu es el hombre en el mundo. Hombre mortal en un mundo sin dios. Que lleva en él la contradicción terrible: Finito-Infinito.
Y tiene la palabra. Única salida de ese callejón.
Y tiene la niñez que corretea por dentro de la adultez.
La contradicción, la Palabra y la Niñez son el Espíritu del hombre
Entonces: puede construir Sentido.
Ese lugar recóndito no está ni pasa por la memoria. Por eso la Niñez del hombre adulto no tiene dolor: es la Niñez.
Lleva la inocencia, el asombro y la libertad, para procurar la inocencia, el asombro y la libertad frente a la destrucción del cálculo y el capitalismo. Para que la inocencia no se haga estupidez, para que el asombro no se haga enajenación y la libertad no se haga individualismo y desconocimiento.
Que el Hombre adulto lleve la Niñez, es el principio de su ser dialéctico.
Es posible observar: dónde está la niñez de los Hombres, si aparece y cómo aparece, sólo si tratamos con ese hombre. Porque la niñez es como el Yo, tiene contacto con el exterior y con el interior del Hombre. Pero va y viene, lleva el juego, y la adultez la esconde en la simulación. Por protección o por pudor.
Si es por protección, hay una actitud de oposición al daño, y si es por pudor es por la educación de la educación.
Si observamos la niñez fortalecemos la Otroriedad.
No como un trabajo de campo, si no como un juego para jugar, observo donde estará la niñez de los hombres de mi pueblo. De los hombres que trabajan la Tierra.
La Niñez de los Hombres que no se desarraigan de la Tierra, es similar a la Niñez de los Filósofos, de los Poetas, de los Músicos, de los Artistas Plásticos.
También es similar, pero no en el pudor, a la Niñez de todos los Artistas.
La niñez de los Hombres que trabajan la Tierra tiene un pudor simulado. Aparece cada tanto.
En la picardía de sus relatos, en la habilidad con las trabajos, en la necesidad de los silencios, en el brillo de la mirada, en la relación con los animales.
Y su pudor: cuando se esconde en la callosidad de las manos, en la no demostración de las caricias. En el amor a solas.
La Niñez de los Hombres obnubilados por el cálculo.
La Niñez de los Hombres que no se desarraigan de la Tierra. O la Niñez de los Hombres que se salvan, porque vuelven a la Tierra.
Dice Nietzche, en “Los discursos de Zarathustra” De las tres transformaciones.
En el libro: “Así habló Zarathustra”
“Voy a hablaros de las tres transformaciones del espíritu: de como el espíritu se transforma en camello, el camello en león, y finalmente el león en niño.
Muchas cargas soporta el espíritu cuando está poseído de reverencia, el espíritu vigoroso y sufrido. Su fortaleza le pide que se le cargue con los pesos más formidables.
“¿Qué es lo más pesado?” se pregunta el espíritu sufrido. Y se arrodilla, como el camello, en espera de que lo carguen.
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……….así marcha él hacia el desierto.
Pero en lo más solitario de ese desierto se opera la segunda transformación: en león se transforma el espíritu, que quiere conquistar su propia libertad, y ser señor de su propio desierto.
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Mas ahora decidme, hermanos míos: ¿qué es capaza de hacer el niño, que ni siquiera el león haya podido hacer?
¿Para qué, pues, habría de convertirse en niño el león carnicero?
Sí, hermanos míos, para el juego divino del crear se necesita un santo decir “si”: el espíritu lucha ahora por su voluntad propia, el que se retiró del mundo conquista ahora su mundo.
Tres transformaciones del espíritu he mencionado: os he mostrado cómo el espíritu se transforma en camello, luego el camello en león, y finalmente el león en niño.
Así habló Zarathustra.
Y entonces residía en la ciudad llamada “la Vaca de Muchos colores”.