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Economía > Paralelismo

Mano a mano, la crisis del 2001 en comparación con la del 2022

Los momentos difíciles de la economía argentina hacen que muchos se pregunten las diferencias y similitudes de ambos momentos.

26 de julio de 2022

Una inflación acumulada de 36,2% en junio de 2022, pobreza de un 37,3% y desocupación de 7%. Dólar oficial a $136,50 y dólar blue fluctuando cerca de los $320. La crisis económica y política del 2022 no tiene remate. Preocupa y retrotrae a muchos sanjuaninos a la del 2001, en la que hubo un 22% de desocupación, una pobreza de 38,3% y una inflación de -1%. La comparación entre ambas se hace inevitable, porque constituyen un momento histórico del país. ¿Cuál es peor? ¿Cuáles son las diferencias entre ambas? Para responder estas cuestiones, DIARIO HUARPE habló con diferentes profesionales: desde el exgobernador Jorge Escobar, pasando por economistas y sociólogos que defendieron sus diferentes posturas.

Ambas crisis golpearon al país y a su gente. En cada una, los sectores trabajadores y los más vulnerables fueron los que más perdieron. En una, la acumulación de deuda externa fue un problema. En otra, la inflación pesa cada vez más en los bolsillos de los ciudadanos. En las dos se encuentra el dólar como principal protagonista de una economía a la que le cuesta ponerse en pie. Distintos contextos, pero con similitudes y diferencias entre el 2001 y el 2022.

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La pobreza llegó a un 38,3% en el 2001. Foto: Gentileza Diario de Cuyo.

Primero que nada, hay algo que hay que mencionar la crisis económica proviene de la crisis política. Gabriela Lirussi, licenciada en Ciencias Políticas, aclaró que la mayoría de las crisis económicas se relacionan estrechamente con las crisis políticas. 

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El exgobernador y empresario sanjuanino, Jorge Escobar, planteó la misma idea que Lirussi. "Hay un axioma que dice que la economía es hija de la política. Para gobernar, tenés que tener las ideas claras y no dejarte llevar por nada", explicó.

Partiendo sobre esta base, se puede decir que, en el 2001, la Argentina estaba sumergida en un sistema monetario llamado convertibilidad. En este sistema, se asimila el valor de la moneda a una divisa que se considera más estable. El famoso “1 a 1”: un dólar, un peso. Según explicó Lirussi, en aquel momento la estrategia fue vender las empresas estatales para tener dólares en el Banco Central y que se permitiera emitir. Entonces, la emisión no generaba inflación. Pero hubo un momento en el que ya no había empresas, ya no había dólares y Argentina, por obvias razones, no podía emitir la divisa extranjera. No se podía sostener la famosa frase “el que depositó dólares, recibirá dólares” porque, lisa y llanamente, no había más.

La crisis nacional golpeó también la provincia. Foto: Gentileza Diario de Cuyo.

El refugio para la crisis de confianza en la moneda era ese dólar que ya no estaba más. La confianza en el peso cayó enormemente y el descontento por la imposibilidad de comprar dólares hizo que el país “explotara”.

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En este sentido, Eduardo Coria Lahoz, un economista sanjuanino agregó que, en los 90', la forma de sostener la convertibilidad, además de la venta de empresas, fue adquirir deudas externas en divisa extranjera. Pero al no pagar, los acreedores dejaron de confiar en el país y de brindar los créditos. Simplemente, no había forma de seguir financiando el 1 a 1. 

Lahoz explicó que, durante la crisis del 2001, esa convertibilidad había generado confianza en el mercado y, por consecuencia, mayor actividad económica. Al estar en un contexto en el cual la inflación se mantuvo estable en un 2% o 3% durante diez años, cuando la situación explotó, el impacto en las clases más comprometidas no fue tan grande.  

Sin embargo, y a pesar de no tener inflación, el corralito hizo que la crisis explotara. La imposibilidad de retirar los ahorros que había en las cuentas bancarias generó que la gente no tuviera para comer, lisa y llanamente porque no había dinero. Esto provocó el enojo de los argentinos y, como consecuencia los estallidos sociales. 

Políticamente, la situación se complicó durante ese año. Cinco presidentes en cuestión de once días: se pasaron la pelotita (la bomba, en realidad) entre De la Rúa, Puerta, Rodríguez Saá, Camaño y Duhalde. 

Durante este 2022 el problema no es tanto con los acreedores internacionales (aunque sí hay deuda externa), sino con la inflación. Un 36,2% de inflación acumulada en solo seis meses de este año produce que cada vez el peso argentino valga menos, por lo que los sueldos se devalúan y, en consecuencia, el sector más golpeado termina siendo el trabajador al que no le aumentan el sueldo que pierden valor cada día. 

Si bien el contexto inflacionario se produce por múltiples variables, una de esas razones es la emisión monetaria que se lleva a cabo actualmente en el país. Por cada peso de más que se imprime, más inflación se genera y más desvalorización de la moneda.

El dólar también juega un papel importante, ya que los argentinos buscan respaldar sus ahorros con la divisa extranjera y la demanda hace que el precio suba considerablemente. En este sentido, la especulación de la gente con el dólar blue y su precio genera mayor índice inflacionario. 

Desde el punto de vista político, de este lado de la crisis hay desconfianza respecto al accionar de los principales actores políticos. Puntualmente, Escobar dice que también hay descreimiento y falta de respeto ante la figura presidencial. Esto genera más crisis económica. 

Una vez ya presentado el contexto de cada una de las crisis, a casi 21 años de esos 19 y 20 de diciembre del 2001, los períodos de intranquilidad se renuevan de una manera cíclica. Conforme a lo dicho por el sociólogo y docente de la Universidad Nacional de San Juan, Gustavo Porcel, las crisis en estos sistemas como el capitalismo suelen suceder en ciclos. En este sentido, cuando el sistema colapsa, como sucedió en aquel momento y como está pasando en el 2022, se produce una crisis. 

"Son fenómenos cíclicos y recurrentes las crisis en un contexto de 70 años de inflación", dijo al respecto Coria Lahoz. 

Diferencias: crisis del 2001 y del 2022

La principal distinción entre las dos situaciones, tanto del 2001 como del 2022, es la inflación. En los 90' y hasta el 2000, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) indica que solo había sido de tres puntos porcentuales por año. Pero actualmente, se habla de una previsión de un 80% de inflación anual. Esto hace que la gente tenga menos previsibilidad y sus salarios estén más deteriorados. No hay margen para actuar. 

Hoy, en el 2022, ya no hay más convertibilidad. Pero sí hay desconfianza en la moneda. “La gente quiere, lógicamente, resguardar su dinero en el dólar. Pero el problema es que no hay. La demanda es mucha y la escasez hace que todo suba”, explicó Lirussi.

La falta de divisa extranjera y la gran demanda que hay hacia ella hacen que la inflación suba. La profesora explicó que la inflación indica la pérdida de valor en el dinero.

“A mí lo que me preocupa es que si un mes hay 7% más de inflación que el anterior, significa que hay un 7% más de pobres que el mes pasado”, dijo.

A pesar de que el panorama inflacionario parece catastrófico, hay algo que diferencia fuertemente a ambas crisis. Ante la decisión de tomar deuda externa para mantener ese convertibilidad, la confianza internacional se acabó y el régimen dejó de ser sostenible. Como la gente ahorraba en dólares, el gobierno de De la Rúa impuso el "corralito" que impedía la extracción de dólares masivamente y así, evitaba un colapso financiero. 

"En el 2001 la gente no contaba con su dinero, directamente no tenía. Hoy, aunque devaluada, la tienen", planteó Lirussi. 

Respecto al dólar, ambas crisis se diferencian porque en el 2001 había un dólar único y, actualmente, hay hasta siete tipos de dólares distintos. Lirussi planteó que, gracias al dólar blue, cada quien hace el negocio que quiere con el dinero.  

En este sentido, la moneda paralela aparece por la imposibilidad de comprar la divisa libremente. "Históricamente, el argentino resguardó su moneda con el dólar o con lo que sea. Un auto, una computadora, una licuadora, lo que sea. Los índices inflacionarios hacen que los argentinos sobrevivan", expresó Coria Lahoz.  

Con un dólar en alza y la pérdida del poder adquisitivo como una amenaza punzante, la especulación se hace moneda corriente. La imprevisibilidad y el desconcierto ante la devaluación del peso, hace que la gente quiera cuidar su poder adquisitivo en una moneda más estable. Pero, a su vez, se genera más inflación.

Los saqueos se hicieron comunes cuando no había qué comer. Foto: Gentileza Diario de Cuyo.

Teniendo en cuenta que el impacto de la crisis del 2001 fue menor que el de la actual, ¿por qué no hay un estallido social como lo hubo en aquel tiempo? Tanto Coria Lahoz como Porcel, coincidieron que no hay una explosión social porque el gobierno de turno es peronista y las diferentes instituciones sociales responden a ese movimiento político. Sin embargo, no es la última razón: también hay una mayor cantidad de políticas sociales que contienen la situación.

Gustavo Porcel, sociólogo y docente de la Universidad Nacional de San Juan, admite que en la situación actual hay una serie de beneficios sociales que permite que no todo desbarranque. Aunque en el 2001 también las había, los que en ese tiempo no tenían ni para comer, hoy tienen por lo menos esa pequeña ayuda.

El estallido social caracterizó a la crisis de aquel año, Foto: Gentileza Diario de Cuyo.

"Es cierto que actualmente hay una malla de contención social muy grande. Los comedores y merenderos comunitarios constituyen una pata fundamental para contener a los que menos tienen", dijo. 

Pero esas políticas sociales que hoy contienen lo que en el 2001 no, son parte de un problema mayor. Coria Lahoz dijo: "Durante los 90', el gasto público sobre el PBI no superó el 10%. En el 2001, el gasto era de 33%. En el 2020, esto subió diez puntos. Hay un gran déficit fiscal". 

Y la rueda sigue: al no haber líquidez para pagar las políticas sociales, se imprime dinero y se genera inflación, lo que hace que el poder adquisitivo se pierda. "De todos modos, los que menos tienen son los que pierden, porque aunque les den $20.000 por mes, siguen perdiendo poder de compra cuando el gobierno imprime para pagarles", manifestó el economista. 

Semejanzas entre el 2001 y el 2022

Una de las mayores semejanzas entre ambas crisis es, según Escobar, el contexto político. El exmandatario provincial explicó que, desde su perspectiva, los gobiernos de De la Rúa y de Alberto Fernández tienen un gran paralelismo entre sí: presidentes con poco carácter y con una pérdida de respeto en relación al poder. 

Jorge Escobar, exgobernador de la provincia de San Juan. Foto: Archivo Diario Huarpe.

"Lo que pasó en las dos gestiones es que no se bancó a los ministros de economía. Por más buen ministro que tengas, si no sos un presidente líder, fracasás. Alberto Fernández no está capacitado para tener un equipo aceitado y, por consecuencia cede ante las presiones", explicó Escobar. 

Además, indicó que, para él, tanto De la Rúa como Fernández no tuvieron un plan económico definido, solo anunciaban medidas paliativas contra el corralito en el primer caso y contra la inflación en el segundo. 

A pesar de todas las diferencias anteriormente mencionadas que corresponden la génesis de la crisis, lo cierto es que la peor parte siempre se la lleva el sector menos pudiente. La similitud entre el 2001 y el 2022, de hecho, es la pobreza: 38,3% en el primero y 37,3% en el segundo. 

El panorama actual

Lirussi planteó que su gran preocupación en la crisis actual es que gran parte de los argentinos asalariados que trabajan en blanco no llegan a fin de mes. Además de la alimentación en comedores comunitarios, una de los primeros cambios en las prácticas que se notan en una crisis económica es el consumo en los productos de alimenticios y de limpieza. “La gente empieza a consumir productos de segunda o tercera marca. Son los primeros en dejarse de comprar”, explicó.

Para salir de esto, de la situación que azota actualmente a la Argentina, Escobar explicó que la salida no será para nada fácil. Al contrario, "tanto Macri como Fernández sabían lo que había que hacer y nadie quiso apostar nada. Para arreglar las cosas hay que meter los pies en el barro y bancarse las consecuencias políticas. No va a ser nada fácil", dijo. 

Para Porcel, la única forma es el trabajo genuino: "Hay que dejar de lado el tema de los plazos fijos, la bicicleta financiera y todo eso. Lo que ayuda realmente es el trabajo de verdad".