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Cultura y Espectáculos > Puentes culturales

Chalet Cantoni desbordado: el Festival de Jazz unió generaciones y atravesó la cordillera

El Festival Nacional de Jazz abrió con el Chalet Cantoni desbordado de público y una propuesta que unió generaciones, ritmos y horizontes culturales. Pellican desplegó su maestría y Cutus Clan cruzó la cordillera para romper con todo lo esperado.

Hace 2 horas
El jazz convoca: una multitud celebró la apertura del Festival Nacional en San Juan. FOTO: Federico Rodriguez// DIARIO HUARPE

El sol todavía no se había ocultado cuando los primeros acordes del Festival Nacional de Jazz, organizado por el Circuito Argentino de Jazz, comenzaron a sonar en el Chalet Cantoni. Era viernes 13 de febrero y dos tríos sanjuaninos, Bad Mojo y Nicolás Bustos Trío, abrían una noche que terminaría redefiniendo lo que el jazz puede ser en San Juan y el país.

Lo primero que llamó la atención fue el público. El Chalet estaba desbordado. Jóvenes que descubren el género, familias enteras, melómanos de larga data y curiosos que se acercaron por primera vez compartían el mismo espacio, demostrando que un evento de jazz puede ser profundamente convocante cuando se lo propone. La diversidad de rostros y edades anticipaba lo que vendría: una noche pensada como puente.

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La maestría de Pellican

Cuando Ricardo Pellican subió al escenario junto a su trío, la atmósfera cambió. Después de casi 20 años sin pisar San Juan, el músico desplegó una maestría en la ejecución que dejó en claro por qué es uno de los referentes del jazz argentino. Cada nota llevaba la marca inconfundible de Django Reinhardt, esa influencia que Pellican ha sabido honrar y hacer propia a lo largo de décadas.

La maestría de Pellican, intacta. FOTO: Federico Rodriguez//DIARIO HUARPE

Además de sonidos que para más de uno fueron familiares, es que la presencia de la guitarra y las fusión de géneros son parte del ADN del rock progresivo y orígenes los puso sobre el escenario el carismático Pellican.

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Lo acompañó el ya argentinp trompetista Elmer Meza, quien aportó capas de color y profundidad a un set que recorrió el jazz, la bossa nova y el funk con la naturalidad de quien ha hecho de la música una forma de vida. "Se hace con el corazón", había dicho Pellican días antes, y en el escenario esas palabras cobraron cuerpo.

Cutus Clan: cuando el jazz habla andino

Pero fue el cierre el que terminó de explotar la noche. Rodrigo Cuturrufo y su proyecto Cutus Clan cruzaron la cordillera para traer algo que muchos no esperaban: una mezcla audaz de ritmos andinos, percusiones ancestrales y vientos que rompieron con cualquier esquema preconcebido sobre lo que debía sonar en un festival de jazz.

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Cuturrufo llegó cargado de memoria. Recorrió el mismo camino que su padre había transitado en los años 70, cuando desarrollaba su carrera artística en San Juan. "Es como repetir su camino, pero con el jazz", había dicho. Y en esa repetición hubo emoción, identidad y algo más grande: la certeza de que el jazz, como él mismo afirma, permite que todas las identidades hablen.

Los sonidos de los bailes chinos, las festividades de la Virgen de Andacollo, el funk y el jazz confluyeron en una propuesta que no solo conectó con el público sanjuanino, sino que lo hizo sentir parte de algo propio. Porque esos ritmos, esas melodías insistentes y profundas, también son de aquí.

El festival como propósito cumplido

Al final de la noche, cuando el último acorde se apagó y el público comenzó a retirarse del Chalet, quedó claro que el festival había conseguido uno de sus propósitos centrales: ser puente y unión. Unión de generaciones que rara vez comparten el mismo evento, de ritmos que parecían no poder convivir, de sonidos tradicionales y exploraciones contemporáneas, de técnicas consolidadas y búsquedas experimentales, de expectativas diversas que encontraron un espacio común.

Fue una noche que abrió los horizontes de lo que puede ser el jazz en San Juan y en el país. Una noche que demostró que este género, nacido siempre desde los márgenes, tiene una potencia enorme para decir cosas, para cruzar fronteras geográficas y estéticas, para emocionar sin pedir permiso.

Esta noche, el festival cierra en el Teatro del Bicentenario con la presentación del Melissa Aldana Quartet, consolidando a San Juan como un punto de referencia ineludible para el desarrollo del jazz a nivel nacional e internacional. Pero lo que quedó del viernes en el Chalet Cantoni ya es historia: la historia de una noche que se movió, que vibró, y que dejó la certeza de que el jazz, cuando se hace con el corazón, puede convocarnos a todos.

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