Publicidad

Opinión

Ciudadano, Votante, Público, Consumidor, Contribuyente... Hombre Medio.

(Compartir mis escritos, tiene el carácter de la historia que en “El libro de los abrazos” cuenta Galeano, en "La función del Arte/1", cuando el niño, ante la inmensidad del mar, dice: - ¡Ayúdame a mirar! - )

(Hecho en democracia)
               Relato


Luciano Barbaza, nunca supe si en realidad ese era su nombre o si era un apodo que le ponía nombre propio al desprecio que le tenían en el barrio, de niño.

Luciano: me sonaba a metáfora que refería a la luz o a la sombra, luciano…luciano como si indicara una escasez, como si indicara sólo un resplandor o sólo una penumbra. Cualquiera de las dos cosas son escasas para el reconocimiento, y más aun por la ciudad del mercado donde residía.

Publicidad

Barbaza: me sonaba a metáfora que refería a su condición de lampiño, cuatro o cinco pelos débiles y descoloridos le cruzaban la barbilla y otro tanto la parte de arriba del labio superior. Una porquería y para colmo cada tanto se pasa por ahí, abriendo simultáneamente el índice y el pulgar de la mano que tiene desocupada, desde el centro de la nariz hacia las orillas de la boca.

Registrate al Newsletter Recibí las noticias recomendadas en tu bandeja de entrada

Digo: de la mano que tiene desocupada, porque siempre carga una cartera de esas cuadradas que tiene que empujar con el dedo índice de la misma mano donde la lleva, para que no se le abra y se les desparramen los cuatro papeles mugrientos, las dos o tres biromes de propaganda de algún taller mecánico o de alguna farmacia, que ya no escriben y el paquetito de “mentitas” por el mal aliento que tiene.

El mal aliento es por lo que lee y por lo que habla.

Se interesa y comenta sobre los concejales, sobre los diputados y sobre todas las ocupaciones jodidas que se publicitan fastidiosamente en las paredes de la ciudad, en las radios, en los diarios y en Internet; dios del conocimiento y de la inteligencia artificial.

Maquina del conocimiento.

Hombre con memoria artificial. Hombre con razón artificial. Hombre con lenguaje artificial.

“Los limites del lenguaje son los limites de mi mundo”

“Las formas del pensamiento se exponen y están consignadas en el lenguaje del hombre”

Publicidad

Antes de la maquinización del conocimiento. Antes de la tecnologización de la cotidianeidad. Antes de la monopolización del lenguaje por la máquina.

“Libros si, botas no”

Dicen que esas carteras de empujar con el dedo, que usan los Luciano Barbaza, se las regala alguien cuando el saco de todos los días se les empieza a poner brillante.

Alguien es el nombre de alguien.

Alguien es esa impersonalidad, (como la barbaridad: “la culpa es de todos” o la estupidez: “el estado somos todos” o lo tragicómico: “porque estamos acostumbrados a vivir de rentas” y otras tantas frases fáciles, pegadizas, que el dispositivo invisible del poder les pone en la boca y en el Inconsciente a los Luciano Barbaza) que le sopla en la nuca el flujo caliente y pegajoso que le obliga a caminar por donde debe, a sonreír cuando debe, a aplaudir cuando debe, a secarse la frente con el pañuelo cuando debe, a sacarse el sombrero cuando debe y a saber cuando es: cuando debe. 

Luciano Barbaza tiene espíritu de rebaño. Luciano Barbaza es el espíritu de rebaño.

Luciano Barbaza aceptó su eterna servidumbre a cambio de la libertad en el más allá.  

Luciano Barbaza es un hombre y es una comunidad.

Luciano Barbaza tiene razón de mercado, paladar y actitudes de micro onda, intranquilidad y comportamientos de valija cuadrada de empujar con el dedo índice, conversación móvil con tarjeta y calentura de “yo pecador me confieso” y de “por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa”.

Usa lentes oscuros de noche y los días nublados, como los artistas de la televisión, que le ha dado tanto. Para leer lleva los de aumentos colgados del cogote con una tira dorada de esas que venden en la calle.

Después de una o dos horas de los tramites de la mañana se sienta en un banco de la plaza y lee ese diario que reparten gratis en los almacenes y en la calle. Retazos de noticias, retazos de comentarios, retazos de información para un Hombre Medio.

“Saldos y retazos, liquidación por cierre definitivo”

“Todo por dos pesos”

Los trámites son eso: tramites.

Barbaza lee poco porque tiene “tuiter” y “feibuc” y eso ya viene leído, gracias a dios, participa en las redes sociales, es parte de las redes sociales, es una red social.

Se informa y se masturba con seducciones remotas, lejanas, con pantalla plana o de las otras, de las culoncitas. Se enamora y hace el amor sin carne ni sudor.

Amor higiénico, católico, apostólico y romano.

Amor para la procreación.

Dios hizo al hombre a semejanza de él; al hombre de barro y a la mujer de una costilla del hombre.

El hombre hizo a dios a semejanza de él, mejor que él.

“La imaginación al poder”

“Pidamos lo imposible”– mayo del 68- Francia

Luciano Barbaza no tiene computadora, paga una hora en el ciber y en ese tiempo se masturba y se informa.

Más vale pájaro en mano que cien volando.

Navega por las redes sociales y les toca el culo a las mujeres que quiere.

yo pecador me confieso

por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa.

Y después asiste a la reunión de la media mañana donde ha abonado, con un cortado, un tiempo y una atención para gesticular y hablar en voz alta, en la mesa del café, con otros  analistas de lo ajeno, de lo que nunca tendrán, de lo que no les pertenece ni les pertenecerá, como: las regalías de las mineras, el ochenta y dos por ciento móvil, el estado que no son  ellos ni todos, el superávit de las recaudaciones, las ganancias de las exportaciones, los reconocimientos del partido a la presidenta.

O sea: hablar al pedo les provoca mal aliento.

La Doxa y la Episteme.

La Doxa, sólo la Doxa.

La mesa puede estar honrada con un concejal o un diputado, que participa de la conversación sólo con movimientos de cabeza y con sonrisas y saludos correspondientes. Ellos ya dijeron todo lo que pueden decir en los pasacalles que hacen colgar para el día de algo o de alguien. Ellos necesitan un día, de algo o de alguien, para colgar el pasacalle.  

Democracia: “poder” (kratos) del pueblo “demos”.

Democracia: en la que el pueblo es soberano.

 

Una tarde de septiembre cuando las siestas ya están instaladas en el pueblo, porque el Sol se queda, se va demorando arriba de las calles antes de meterse detrás del cerro, lo encontré a Barbaza vomitando en la plaza, apoyado, con la mano que no sostenía la valija, en la estatua de la libertad.

Esta estaba indiferente como siempre; indiferente, ante las nauseas de cualquier Hombre Medio, pero Luciano Barbaza había logrado llenarle de mierda los pliegues del ruedo de la pollera.

Se sacó el saco y se limpio la boca con el lado de adentro, el bolsillo de llevar la billetera tenía una etiqueta en letras doradas: The Sportman, que quedó brillante, brillante. Después lo depositó tapando la porquería a los pies de la libertad.  Se aflojó el nudo de la corbata, y con la mano desocupada, con la que había usado para apoyarse, de manera cuidada se agarró los testículos, como si le llenaran toda la mano y le apuntó varias y seguidas veces a la libertad de la plaza, de frente, se ponía en puntas de pies para que la emoción que tenía le alcanzara a la entrepiernas de esa mujer de afuera, arrogante, esquiva, forastera, mujer de pedestal.

“Oid mortales el grito sagrado”

“Libertad, libertad, libertad”

El ofrecimiento testicular fue un gesto importante, ideológico y popular, de ruptura, casi como pasar por la iglesia y no persignarse, ya que esa mujer que no calienta a nadie es la única libertad visible que tiene el Hombre Medio en lo público.

¡Barbaza te cagaste en la plaza de mi hermano!, le dije – sin aclararle a que me refería con el parentesco que le anunciaba.

Se dio vuelta y me puso delante un rostro con asco, no con el asco del vomito reciente, sino con un asco que le venía de adentro, de adentro del tiempo, de adentro de todas sus cotidianeidades similares, pálidas y sin sobresaltos, digo: sin emociones y mientras aflojaba el dedo índice de la mano de la valija que se abría silenciosamente, los tres o cuatro papeles volaron, una ráfaga de viento del Sur se los llevó a la calle.

¡Poné la cara, poné la cara, ponele el corazón Barbaza que es viento que viene del Sur! – le grite con entusiasmo y le aplaudí cuatro o cinco veces con las manos en alto y volví a gritarle: ¡Abrí la boca, abrí los brazos, ponele la carne, ponele los huevos Barbaza que es viento que viene del Sur!...¡que es viento que viene del Sur!...

¡Vomitaste Barbaza, eres humano carajo…eres humano! – le grité casi a punto de tomarle los brazos a la altura de los codos y zamarrearlo por si le quedaba algo de mierda en el alma.

No alcancé a tocarlo, cuando me gritó o gritó mirando para arriba, con una mirada brillante, húmeda de vida y humanidad y un grito desgarrador, tenor, soprano, barítono, arrogante   que lo hizo subir desde el pubis hasta la punta de la mano que tiene levantada la libertad de la plaza…la única libertad que el Hombre Medio tiene en lo público.

Y bajó los brazos, y golpeando las manos entre sí sacó un ritmo que sonó como un tema de La Mosca, y lo acompañé en unos cuantos pasos sueltos y le grité: ¡Bailemos Barbaza, bailemos Barbaza que tienes sombra, que tenemos sombra y tenemos luz! ¡Bailemos que este viento sopla del Sur!

…….bailamos…….bailamos…….

Y me agité porque ya estoy grande, y me dí cuenta que hacía tiempo que no bailaba…

Me senté en el suelo y Barbaza dio dos o tres pasos más golpeando las manos, sin perder el ritmo y con la camisa blanca o casi blanca media salida del cinturón, abrió los brazos y me dijo:

- ¡Estoy arto…arto…arto de hartazgo!

Hartazgo es: a) los milicos: que llevan revolver  para provocar la Psicología Social y que visten de azul como una ofensa a los Taruej, b) los concejales, los diputados y los otros que se publicitan fastidiosamente en las paredes de la ciudad, en las radios y en los diarios como si fuesen importantes para la gente, c) los discursos, que son una bulla similar, d) los medios de comunicación, que difunden los discursos y multiplican la bulla y simulan lo similar, e) la gestualidad que va delante de las palabras y las envuelve porque las palabras juntas, que tienen, son vacías de sentido, f) la estadística, porque es otro muro, g) los funcionarios por funcionarios, h) la beneficencia, por destructiva, por irrespetuosa, porque es poder para los poderosos i) la oferta y la demanda por el lugar en que nos sitúa y porque nos debilita como Sujetos, j) los que tiran basura en el cerro porque son una mierda, k) los símbolos patrios, porque son filo fascistas, l) las conmemoraciones, porque no tienen pensamiento, m) los protocolos,…n) los escribanos,…ñ) los centros de jubilados…….me cansé…….me cansé, pero vomité…vomité carajo…….¡te vomite hija de puta!

“Oíd el ruido de rotas cadenas”

 

¿Cómo habrá caminado Barbaza entre el hartazgo; entre esos obstáculos epistemológicos, lógicos, psicosociológicos y sexuales que lo conforman? Digo: que lo conforman al hartazgo, porque lo constituyen, son sus objetos. Y que lo conforman a Barbaza, a Barbaza individuo y comunidad, dejándolo, sin crítica, enajenado, afuera de lo humano o sea esperanzado.

¿Cómo hacía Barbaza para hablar entre el hartazgo; entre esos obstáculos epistemológicos, lógicos, psicosociológicos y sexuales que lo conforman? Si ahí las palabras se desintegran y las que quedan enteras cuando las asocian pierden el sentido y desde ahí, los políticos y los periodistas sacan eso que le llaman “sentido común”, y entonces los hombres hablan por hablar.

¿La Doxa o la Episteme?

La Doxa

 

Barbaza tiró la corbata y se arremangó las mangas de la camisa, desprolijamente, sólo con la necesidad de airearse los brazos. Se sacó la camisa del pantalón y me hizo señas que camináramos.

- Seguime hermano, yo voy adelante – me dijo - voy a cruzar los canteros por eso voy descalzo, voy a correr por la orilla de la calle por eso me prendo los zapatos, voy a caminar despacio por eso quiero llegar a la calle de piedras.

¡Quiero llegar a la calle de piedras!

Y fui detrás de Luciano Barbaza.

Sólo unas cuadras, debí acompañar a ese hombre que volvía, que regresaba en un vomito en las faldas de la libertad…

Caminé detrás de él y le dije: no te des vuelta y escúchame Barbaza.

- Se hizo de noche, pero sólo por un rato para que en la madrugada nazcan las mariposas, comiencen a volar los pájaros y los hombres concluyan sus sueños.

Y me contestó:

- quiero quedarme en un silencio calmo

sin restricciones

único

que yo pueda atravesarlo

sin que se extienda,

quiero

o necesito a veces

quedarme en una pequeña magnitud

en una intimidad recóndita

 

Gracias por acompañarme hermano.

 

Me detuve.

Y tuve la sensación que la libertad de la plaza con la mano que no tiene levantada se agarró los genitales y nos apuntó dos o tres veces, haciendo en cada ademán una flexión ridícula, ordinaria, con las piernas.

No me di vuelta.

Luciano Barbaza abría los brazos y doblaba la esquina.

 

El viento del Sur hacía placentera la noche.

    Publicidad
    Más Leídas
    Publicidad