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La bandera que sirve de señal para que los niños del Valle Grande busquen su merienda

Son 80 chicos los que se alimentan gracias a un comedor y merendero.

Niños que van al merendero junto a Cristina Maureira. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

POR Eliana Ruiz SEGUIR
04 de junio de 2020

04 de junio de 2020

“Copa de leche, Corazones Contentos”, dice una bandera naranja colgada en la puerta de una de las casas del Valle Grande, en Rawson. Esa es la señal que les avisa a los niños del barrio de las 1.000 casas que ya pueden ir a buscar la merienda o la cena.

Bandera del merendero. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

Suelen colgarla cerca de las 15:30, no pasan ni 5 minutos y los chicos ya empiezan a llegar para buscar el arroz con leche, los alfajores y las galletas que serán la merienda del lunes.

El paño tiene letras que están pintadas de un verde similar al del pasto y alrededor de ellas hay 4 corazones blancos. Arriba tiene una guarda tejida a crochet con lana gris. Los colores resaltan desde lejos y algunos vecinos con solo asomarse desde sus casas pueden captar el aviso de Cristina Maureira, de 44 años, la creadora del comedor y de la idea de usar la bandera como señal de que la comida está lista.

-Hola seño, ya llegamos –dijeron al unísono a las 15:40 los hermanos Agüero (Ramiro de 9 años, Ángeles, de 8 y las mellizas Sol y Maia, de 6).

-Hola mis niños, vengan, vayan haciendo fila que ya les damos el arroz con leche –les dice Cristina con una sonrisa en la cara.

Uno de los niños que asiste al merendero. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

La mujer abrió el comedor en septiembre del 2018 porque asegura que “siempre quiso ayudar a los más necesitados”. Trabaja en una cooperativa del municipio que se encarga de la limpieza de plazas de la zona. Se define como una “mamá soltera”. No le sobra el dinero, pero recibe una ayuda de Desarrollo Humano de Rawson que le permite seguir su sueño.

Empezó cocinando para 8 niños del barrio junto a sus hijas Camila de 20 años y Martina de 17. Los vecinos fueron corriendo la voz y actualmente son 80 los chicos a los que les dan la merienda y la cena los lunes y los sábados. También se sumaron conocidas para ayudar en la cocina: Teresa Olivares, Andrea Olivares y Flavia Quiroga.

Esos 2 días a la semana su casa se transforma, se llena de chicos de entre 3 y 16 años que se turnan para sentarse en tachos de litros y tomar la leche con cereales o panificación casera. Después llega la hora del baile. Martina saca el parlante y se convierte en profesora de zumba. El cuarteto y el reggaetón es lo que más baila y todos la siguen.

Pero el coronavirus cambió la vida de todos y la del merendero no fue la excepción. Ahora solo van a retirar la merienda y la cena y comen en sus casas.

Niños que asisten al merendero. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

-Extraño mucho venir acá –dice Mía Herrera. La niña tiene 10 años y hace unos días lloró cuando vio a su “seño” porque quería volver a jugar y divertirse en esa casa del área 7 del barrio.

“Muchos me preguntan qué saco yo con esto, pero es lo que me gusta hacer y lo voy a seguir haciendo como sea, yo a mis niños no los dejo por nada”, dice Cristina con una sonrisa que le achina sus ojos marrones como las avellanas.

Cristina Maureira. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

En menos de media hora llegaron alrededor de 20 niños. La mayoría llevaba bolsas de tela vegetal al hombro. Ahí tenían tazas u ollas para recibir la leche. Otros iban directamente con la jarra de 2 litros en la mano.

Las voluntarias sirven la leche para repartirles a los niños. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

-Gracias por venir mis niños. Acuérdense, ¿qué pasa hoy a las 19? –les pregunta Cristina.

-La cena –gritaron y salieron del merendero.

A las 17 en Corazones Contentos solo quedaban las voluntarias. Una de ellas, Andrea, empezó a hacer las torrejas de acelga que iban a servir para la cena. “Beso a beso, me enamoré de ti”, se escuchaba de fondo mientras freía la preparación en aceite.

Andrea cocinando la cena. Foto: Mariano Martín / DIARIO HUARPE.

Ella se encarga principalmente de la cocina. A la casa de Cristina llega a las 14 y se va a las 20. A veces lleva a su hija de 7 años porque no tiene quien la cuide. Otras, la deja con su esposo. Se enteró de esta movida solidaria por los vecinos y no dudó en sumarse.

Actualmente están cocinando con las donaciones que les llevan. Hay días en los que no les alcanzan así que entre todas ponen unos billetes con los que compran carne molida o alitas de pollo. “Eso es barato y alimenta mucho a los chicos”, cuenta Cristina.

En unos meses quieren empezar a hacer las comidas con las verduras que cosechen de la huerta que hicieron en el fondo del merendero. En marzo de este año plantaron arvejas, remolachas, acelgas, lechugas, zanahorias, rabanitos, cebollas y zapallo. Lo hicieron en un espacio de 4x4, ya que siguieron las recomendaciones que les dieron unos profesionales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. “Estamos ansiosos por ver los resultados”, admite la mujer.

Los sueños de Cristina no terminan ahí. También quiere hacer un salón en la parte que está entre su casa y el pasillo que va hacia el fondo para que los niños puedan comer bajo techo. “Estoy segura de que algún momento lo vamos a tener, lo necesitamos para que mis niños no pasen frío”, dice y entra a su casa a seguir cocinando porque tienen que tener la cena lista a las 19.

Para ayudar: 2644633544.

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