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¿A quién o a quienes les gritan…y por qué?

(Compartir mis escritos, tiene el carácter de la historia que en “El libro de los abrazos” cuenta Galeano, en "La función del Arte/1", cuando el niño, ante la inmensidad del mar, dice: - ¡Ayúdame a mirar! - )

Miguel Montoya Jamed

POR Miguel Montoya Jamed
22 de mayo de 2021

22 de mayo de 2021

Protestas, en las calles, por internet, multiplicadas en los medios, en contra “del confinamiento”... ”No al confinamiento”, leí en algunas pancartas, sostenidas por individuos con barbijo.

¿Qué es confinamiento para los que reclaman? El diccionario de la lengua dice: Confinamiento: “Pena aflictiva consistente en relegar al condenado a cierto lugar seguro para que viva en libertad, pero bajo la vigilancia de las autoridades”. Entonces, puede ser que consideren que están confinados, y que el lugar donde viven no es seguro, o que en ese lugar seguro no tienen libertad.

“Confinamiento” no es “encierro”, pero el miedo y la ignorancia provocan confusión. Y el grito que quieren expresar es: “No al encierro”… ”No a la privación de la libertad”… ”No a una prisión domiciliaria”… Marco la diferencia de significados, solo para mirar de cerca la confusión. Y pensar que el estado de confusión está provocado por la asociación de miedo y de necesidad de simularlo, sin que sea posible… ese miedo tiene legitimidad… expuesta en las vigilias, con noticias, con estadísticas, con comentarios…

Entonces: el uso del significado de “confinado” surje en estos individuos, del no poder situar en su cuerpo y en su comprensión, lo de “pena”, “condenado”, “libertad”, “vigilancia” y “autoridad”.

Un grito, una actitud, que lleva el carácter que apunté en el párrafo anterior, solo es “reclamo” si hay un “otro” u “otros” con la posibilidad de escuchar el grito o visualizar la actitud. Si hay un “otro” que posiblemente se entere del grito o de la actitud, y exista la posibilidad de recibir una respuesta a ese grito o a esa actitud.

Si no está el “otro”, aquel dicho en voz alta, aquel grito, aquella actitud, es y será: un grito vacío, una actitud de desahogo o la exhalación de un objeto que, al individuo, lo apena, lo fastidia, lo lastima. Será un grito vacío o una actitud de desesperación. Será la manifestación de un enojo o de un dolor o de una sensación de miedo, siempre en la impotencia… en la impotencia como estado de su Voluntad.

Si aquellos gritos dados en las calles o por internet y multiplicados en los medios, son por miedo, ese sentir del individuo tiene un objeto que lo amenace. Si el miedo no tiene un objeto amenazante, el estado es de pánico y eso recluye, encierra, calla, no hay gritos, porque es “una exclusión del mundo”. Es el individuo en el dominio de la irracionalidad.

Lo que quiero visibilizar, es que en aquel grito de “no al confinamiento” o “no al encierro” o “no a la privación de la libertad”, hay una confusa irracionalidad en el seno del miedo, que surge del seno del miedo.

Los humanos desde hace más de un año, estamos viviendo, en un territorio, donde nos cruza: el miedo, la impotencia por incomprensión, la contingencia como estado permanente, el cansancio, el fastidio, tal vez enojo, el deterioro de la cotidianeidad, la obstrucción de las vigilias y de los sueños, la negación de la experiencia.

Esto que digo de “la experiencia” es muy importante, “el yo no debo estar ahí”, es negación de la experiencia. Y la “experiencia” está asociada al Devenir. El Devenir es el Ser del hombre y la mujer.

Los que dan el grito, los que manifiestan en las calles o internet, vociferando “no al confinamiento”, “no al encierro”, “no a la privación de la libertad” y otros tantos no, a otros tantos etcéteras… buscan “al otro”, para que su grito tenga carácter de reclamo. El carácter de reclamo, de interpelación, le da sentido a la Palabra. A la Palabra que nos hace humanos. A la Palabra que está asociada al Pensamiento.

“El otro”, obviamente buscado, requerido, necesario, por ser el que administra lo público, el próximo visibilizado y próximo como obvio, es “el gobierno”, y ahí “el presidente” máximo responsable de la administración de lo público. Y también los ministros, y también los científicos que asesoran sobre que, hacer para no contagiarnos… y también uno, cualquiera, cercano que diga  “hay que quedarse en la casa”, “no hago visitas” y “no recibo visitas” Cada uno de estos será “el otro”,  que se necesita para que aquel grito, dado por miedo, por la impotencia por incomprensión, por la contingencia como estado permanente, por cansancio, por fastidio, tal vez por enojo, por deterioro de la cotidianeidad, por obstrucción de las vigilias y de los sueños, por negación de la experiencia, sea “reclamo”.

Para que “sea reclamo” y entonces, eso sitúa al que grita. Lo relaciona. Lo pone frente al otro, en el que puede “descargar” ficticiamente la causa de su dolor, de su pena, de su cansancio, de su miedo, de su… debilitar el tedio.

En esta búsqueda “del otro” para que la manifestación “sea reclamo”. También hay un intento de negación, hay una simulación, de la causa del “confinamiento”, “encierro”, “perdida de la libertad”.

Hay, inconscientemente, negación de que el motivo, el culpable (esto humanizándolo), el fin, es un ente, un algo, seguramente: no una nada, un invisible, un incomprensible, un inasible, un inaprehensible, un inexplicable, aun para la ciencia que se ocupa de esto… un virus, que encierra, que puede enfermar y que puede matar…

Los que gritan en las calles, o por internet, y que su grito lo multiplican los medios, principalmente los que pertenecen a la oposición política del gobierno (ignorando lo que yo propongo como análisis, pero como práctica del para qué están), y también, los individuos que no gritamos, sentimos la necesidad primordial de protegernos del contagio por ese virus, la necesidad primordial de no enfermarnos.

Pero los que gritan, en esa necesidad superficial de tener un “otro”, para que su grito sea “reclamo”, buscan, desesperadamente, “una Paternidad”, que sea la que los manda al confinamiento, que les exige el encierro, que los priva de la libertad, que les niega la necesidad de salir, que los deja sin trabajo, que les prohíbe la diversión, y es una actitud natural, propia del crecimiento, propia del ser-Sujeto-haciéndose-Sujeto. Y en esta situación de tanta amenaza y del tipo de amenaza, la representación de “la Paternidad”, nos regresa a una niñez, cuando “Paternidad” era “Seguridad”.

Bueno y como es en lo público, la representación de aquella Paternidad es “el funcionario”, el que es parte del Estado que hace la norma, la ejecuta y la hace cumplir.

La búsqueda de aquella Paternidad, es negación del virus, es negar lo que no es posible comprender… que es desestructurante. Cualquier culpable de carne y huesos, es visible, más débil que el virus, se lo puede “echar”, se lo puede insultar… bueno: puede conformar una relación. Y la relación humaniza el grito, participa el dolor, puede ayudar a simular el miedo…

La búsqueda de aquella Paternidad, es la búsqueda de amparo, de alguien a quien pedir ayuda, de alguien en quien confiar, de con quien acompañarnos, de alguien que sepa ¿qué está pasando? y ¿hasta cuándo?... es la búsqueda “del otro”…

Una de tantas situaciones de confusión, que pueden ser un síntoma, más y que vivimos desde hace más de un año.

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