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¡Dios ha muerto! – Nietzsche 1882

Miguel Montoya Jamed

POR Miguel Montoya Jamed SEGUIR
02 de diciembre de 2020

02 de diciembre de 2020

Dios ha muerto, lo dijo Nietzsche en el 1882. Y lo dice Nietzsche, en el aforismo 125 del Libro tercero de la Gaya Ciencia. El miércoles 25 de noviembre, escuché esa frase, similar a la del Filósofo, en todos los canales del mundo, en todos los diarios del mundo, en todas las radios del mundo y en la multitud que ocupo las calles de muchas partes del mundo.

Sólo, similar a la sentencia de Nietzsche… lo que escuché aquel miércoles no fue una sentencia, era un lamento, era el grito de una gran tristeza, colectivamente sentida…  mundial.

Nietzsche habla del dios, en el cual el Hombre diluye el Infinito para fugar de la Existencia. El Hombre inventó ese dios para escapar del dolor de llevar a cuestas el par contradictorio Finito-Infinito… para aliviar, para simular su mortalidad.

Del dios, del que hablaban los diarios del miércoles, lo inventaron hombres y mujeres, para aliviar o diluir sus frustraciones, para disfrutar de su genialidad con la pelota y para sentirse hablando, en sus discursos de reproche, de confrontación, de cuestionamientos. En una crónica, en medio de la multitud, vi un hombre que, con lágrimas en la cara, agachado, levantaba su rostro con pudor, llevaba el barbijo puesto debajo del mentón y pude ver sus necesidades en su boca desdentada, dijo: “Nos dio alegría a los pobres”… ”Nos dio alegría a los pobres”…

¿Este, que si murió el miércoles de noviembre fue y será el Dios que, por las necesidades no satisfechas de la Vida, por las que son de su imperativo, como la belleza y el asombro, y no para simular la muerte, inventaron hombres y mujeres, para reflejarse en él en cada cotidianeidad de las Vigilias...? para mirarlo de cerca, tal vez para tocarlo, para disfrutar de su humanidad en una cancha de futbol. El Hombre, creador del Dios que nació en la Villa, se asimilaba a él, y él se asimilaba a cada uno de esos hombres y mujeres. Cada uno…  tenía humanidad. Nació en Villa Fiorito que es similar a otras tantas Villas donde el capitalismo agenda que deben sobrevivir los excluidos de su “razón del mercado”.

Sobrepuso eso de ser, el “mejor jugador de futbol de la historia del mundo”, vivió por encima de eso que era. Aquel adjetivo y admiración popular, fue instituyéndose cada domingo, porque hacía lo que nadie podía ni pudo hacer con la pelota. Los pobres, por algún medio, también podían acceder a ese espectáculo que realizaba- yo ignoro sobre futbol, y he visto poco y sesgado, pero me he detenido a mirarlo, por seducción y por asombro. Y, entre la cancha y la calle no hubo limite ni frontera, para que él expusiera su humanidad. Adentro de la cancha eran, su Inteligencia y su Habilidad en el Cuerpo, y afuera de la cancha, era su Inteligencia y su Discurso con Sentido. Se juntaba con Fidel, con Chávez, con Evo Morales, con Gadafi… y esos encuentros, decían de él que habitaba el Sur. En un diario leí un titular, que dice: “El día que Diego acompaño a Hugo Chávez para “echar” a George Bush……. “Los argentinos tenemos dignidad. Echemos a Bush”… gritó ese día, en Mar del Plata. Cada uno de estos encuentros, eran una postal contra el poder del sistema capitalista, fueron imágenes que se estamparon en el desamparo de los más pobres y de los menos pobres.

Los que hablan y “creen” en aquel dios, del que Nietzsche anunció su muerte, lo “construyeron” a semejanza de los Hombres. Y por la necesidad de la simulación rondan, con la carga de “la servidumbre” al amo inventado, con el pesar de “la culpa”, en el dominio del “pensamiento mágico”… propio de la niñez. Fuimos educados, con absurdidades, como: “dios castiga los azotes no se ven”, “ese es el ángel de la guarda”, “no tires el pan, que es la cara de dios”, “dios está en todas partes”, “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja...” y así toda una “educación” de desprecio del Deseo, del Cuerpo, de la Libertad, de la Inteligencia, de la Vida “en el más acá”… y con ese dogma invadieron lo público. Lo público, donde se desarrolla el Individuo y que, por lo tanto, ahí, debería estar vigorizada la Razón.

El Dios de carne y huesos, finito, que se murió este miércoles de noviembre, que lo despidió una multitud en el mundo, que nació en Fiorito, siempre estuvo en la proximidad de los más débiles, a favor de los Derechos Humanos… bueno: casi en todas partes, entonces.

Fue directo, bocón y Dionisiaco, a decir de Nietzsche… expuso, por donde estuvo, las necesidades y los vicios de la humanidad de los hombres y mujeres que caminaban sus mismas calles o calles similares. Fue un Humano con su humanidad al aire libre.  

Será, entonces, que una multiplicidad de hombres y mujeres en el mundo, inconscientemente, fugan, no de la Existencia, si no del dominio del “pensamiento mágico”, del sometimiento a “semejante” amo, del peso de “la culpa” que los inmoviliza, de semejante anecdotario sobre el “más allá”, de la negación del Deseo, de la negación del Cuerpo, de la negación de la Vida. Y así, fortalecen su Subjetividad. Así fortalecen su espiritualidad, que es su humanidad.

Y entonces, el pibe que salió de la Villa Fiorito, o que salió de todas o que salió de cualquier Villa, que fue creciendo con su Arte y su discurso con sentido, fue investido con la representación de Dios...  Le pusieron “Dios”, porque hombres y mujeres pensaron que de él dirían lo máximo. Pero no…  era por ellos. Fue una necesidad del “Inconsciente Colectivo”.

“Inconsciente Colectivo” es un concepto Jungiano, que no niega el Inconsciente personal de Freud. Y en aquel concepto, Jung, habla de los Arquetipos, que son el contenido del Inconsciente Colectivo. Y entre ellos, nombra el Arquetipo de dios.

Para mí, ese Arquetipo, es “El Arquetipo de la muerte”, y es el de mayor poder, porque “seguramente es el primero que conformó un surco en el Inconsciente Colectivo”, por el temor profundo y primitivo a la muerte. El Arquetipo más poderoso, la huella más profunda del cauce y que los humanos evitamos y simulamos toda la vida, es el “Arquetipo de la muerte”, y frente a este, para aliviar la carga, para aliviar el dolor, aparece ese “Arquetipo de dios”, que es la posibilidad, simulada, aparente de fugar de ahí, de descargar ese peso.  De fugar del par contradictorio Finito-Infinito. A ese Arquetipo podría denominárselo “Arquetipo de Contradicción”.

Y así, fue, un “Dios” de carne y hueso, para que se lo vea y se lo toque y que en la cancha haga su espectáculo y que afuera frente a las injusticias no enmudezca, y que tenga excesos, que llore, que se entristezca, que se enamore y ría, que tenga equivocaciones como los hombres y mujeres… y que un día se muera como los hombres y mujeres.

Disfrutar del espectáculo que este Dios, ponía en las canchas, que se quedaba en las calles con sus excesos, en los medios de comunicación con la Palabra. La manifestación de la Vida… eso: la Manifestación de la Vida.

Esta Vida.
La Vida como Artemis (hermana del dios Apolo)      
La Vida tiene lo que no se desvanece ni extingue.
Lo que no se desvanece ni extingue es la muerte.
La Vida tiene lo que no se desvanece ni extingue, porque se desvanece y extingue.
Esto es: la Vida tiene la muerte por eso es la Vida. (inspirado en Heráclito).

Ser Ateo, no es: no creer en dios, eso es una consecuencia del concepto.
Ateo es: tener Conciencia de la mayor contradicción: Finito-Infinito.
Vivir en la mayor contradicción, como ese “callejón sin salida” (ente-ser), la mayor contradicción definida por la Infinitud y la Finitud.
Lo Finito es la Vida Humana y lo Infinito el Pensamiento, ambos son en el Hombre.

Bueno: entonces, también nosotros, los Ateos, podremos decir: hombres y mujeres hicieron un Dios,… el que nació en Villa Fiorito… y murió un miércoles de noviembre.

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