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Provinciales > Día de la Visibilidad Trans

De la discriminación y la prostitución a coordinar comedores, el antes y el después de una mujer trans sanjuanina

Se trata de Morena Delgado, de 42 años. Ella asegura que la provincia está cambiando, pero aún falta empatía.

POR REDACCIÓN

31 de marzo de 2022

Discriminación, odio, corridas y hasta prostitución, todo eso incluye el pasado de Morena Delgado, una mujer trans sanjuanina que supo renacer como el Ave Fénix y soltar esas malas experiencias para que no la afecten en su presente. Ahora coordina dos comedores y hasta tiene el suyo propio, aún sufre algunos comentarios hirientes por su identidad de género, pero son pocos y trabaja para que no la afecten. Su historia sale a la luz en el Día de la Visibilidad Trans.

Morena nació en la Villa 1º de Mayo, en Chimbas, pero junto a su madre y sus diez hermanos se fue a Mendoza cuando tenía 8 años. Fue en la vecina provincia donde a los 21 años, en el 2001, hizo su transición. Ese mismo año volvió a San Juan y se encontró con una sociedad con un pensamiento retrógrado en la que no faltaban los chistes hacia ella por su elección de vida. A pesar de ello, actualmente siente que el panorama está cambiando, pero admite que aún falta empatía.

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“Cuando volví sentí que retrocedí como 20 años porque allá ya era más común ver una chica trans en una villa, acá costó, hasta ahora cuesta”, dice a DIARIO HUARPE.

Foto: DIARIO HUARPE.

En su iniciación como chica trans vivió la violencia en primera persona. “Me han agarrado a tiros, me han correteado, me han tirado a un campo, ahí todavía había odio”, cuenta. Esto pasó entre el 2001 y el 2004. En el 2005 comenzó a hacerse eco en las marchas, en las que cuenta que había represiones, y todo siguió cambiando en el 2012, cuando se sancionó la Ley de Identidad de Género.

Fue un año después, en el 2013, cuando comenzó a acercarse a diversas agrupaciones debido a que siempre le gustó la política y hacerse oír. Pasó por varias, hasta que encontró Amas de Casa del País y se quedó ahí hasta la actualidad, ya que la define como muy humana porque trata de buscar nuevas políticas públicas que beneficien a los sectores más vulnerables. Incluso, Morena coordina dos comedores de la entidad y hasta tiene uno que funciona en su casa, en la villa en la que se crió.

En todo este proceso para Morena hubo alguien que fue primordial, su madre, que fue la persona que la acompañó y la aceptó en cada momento. “El apoyo de la familia es fundamental, principalmente de la madre, porque cuando hacemos la transición es la madre la que te ve como tal, le cuesta, a la mía le costó horrores, pero nunca me dejó de lado”, comenta.

Sus diez hermanos también la aceptaron y Morena cree que uno de sus mayores logros es ver cómo hablan sus hermanos de ella cuando están con otras personas. “Para ellos yo soy un orgullo”, dice emocionada.

A pesar de esto, el más pequeño, que cuando nació ella ya vivía con su nueva identidad, fue discriminado por mamás y papás de sus compañeros cuando ella lo llevaba a la escuela.

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“Cuando uno vive la discriminación en primera persona no es problema, pero cuando lo ve hacia los demás molesta mucho, te angustia más. Eso ha cambiado bastante por suerte, es diferente el trato de antes”, sostiene.

No fue la última vez que la discriminaron. Cada tanto vive ese tipo de situaciones, aunque admite que no son tan frecuentes como hace algunos años. “Todavía falta bastante”, manifiesta. La última vez que vivió un hecho así fue hace unos dos meses, cuando una mujer policía del Centro Cívico la trató como si fuera un hombre.

“Yo estaba con ropa de mujer, pelo planchado y hasta pintada. ¿Qué hace falta, que todas seamos travestones con las tetas en la barbilla y el pelo en la cintura? No puede ser así, si yo soy una mujer trans no necesito todo ese volumen porque no trabajo con eso”, opina.

Trabajar siendo trans: ¿Prostitución por elección o por supervivencia?

“De grande, con treinta y tantos, tuve que prostituirme en la calle porque no conseguía trabajo a pesar de que aprendí de todo. Soy carpintera, plomera, electricista, repostera, panadera, cocinera, peluquera, todo lo aprendí para poder sobrevivir”, dice Morena.

Morena fue hasta preventista, época en la que trabajaba en un depósito y se tenía que vestir como hombre a pesar de que ya había hecho su transición. Eso fue en el 2008, año en el que para ir a su empleo debía cortarse el pelo, sacarse el esmalte y usar ropa de sus hermanos. “En mi naturaleza eso era travestirme para tener un trabajo”.

También estuvo en cuadrillas de cosecha de ajo y cebolla a la par de hombres y mujeres trabajando en con las gamela. Entiende que para la necesidad y el trabajo no existe género ni estatus social, como así también, que el subsistir y mantenerse no hace al género.

Hubo un momento en el que se fue a San Luis, en el 2016, y no conseguía nada. Eran tiempos difíciles en su casa, su madre estaba enferma y su esposo no conseguía trabajo. De casualidad, una persona le preguntó si brindaba servicios sexuales y, sin pensarlo mucho, dijo que sí.

Fue trabajadora sexual por necesidad, hacía tres días que no se comía, sólo tomaba mate con yerba lavada, así que no veía otra opción para salir adelante. No era que no había buscado trabajo, había repartido curriculums en diversas empresas y negocios, pero las llamadas para ofrecerle trabajo no le llegaron. Si tuvo algunas de donde había presentado su CV, pero eran para preguntarle cuánto cobraba.

“Antes de trabajar en la prostitución yo la criticaba y decía que había otros caminos, que no era la solución, pero si uno no está en la sombra no se da cuenta de que la sombra existe, después empecé a comprender”, explica.

Tras casi un año comenzó a buscar oportunidades y le salió una, venderle semitas a un supermercado, lo cual le sirvió para alimentarse y poder dejar de lado el trabajo sexual. Después, decidió volver a Mendoza y sintió que la vida la sonrió, consiguió trabajo como acompañante terapéutica en el Hospital Luis Lagomaggiore. Luego de un tiempo volvió a su provincia natal donde conoció Amas de Casa, la asociación en la que actualmente milita y trabaja con los comedores que asisten a niñas y niños de bajos recursos.

Forma parte de la asociación Amas de Casa del País. Foto: DIARIO HUARPE.

 “Quise ser artista, famosa, fui a muchos castings, soy profesora de baile, de arte, de danza y más que un escenario LGBT no llegué, es un poco difícil conseguir trabajo siendo trans”, cierra Morena Delgado.

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