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El cambio de rumbo de un sanjuanino: de hacer música a estar en el servicio militar de Israel

Se llama Moshé Perstein. Se fue de Argentina porque veía que no tenía futuro como violinista.

Moshé Perstein con el uniforme del ejército. Foto gentileza.

POR Germán González SEGUIR
19 de noviembre de 2020

19 de noviembre de 2020

Desde el piso 20 de un edificio de Tel Aviv, Moshé Perstein, de 23 años, recuerda el año y medio que lleva viviendo en Israel: cómo le costó despedirse de su familia, el hablar hebreo cuando llegó a Israel, una cirugía imprevista y los meses que estuvo sin trabajo. Pero nada de eso le pesa en contra para volver. "Sigo apostado para estar acá", dijo a DIARIO HUARPE.

Dejó San Juan en julio del año pasado. Antes de eso tenía una carrera destacada como violinista. Muchos lo conocerán porque tocaba en eventos, daba clases y porque se ponía a tocar a la gorra en la Galería Estornell. Pero todo eso cambio, el camino nuevo que se abre en su vida le cambió hasta el nombre. Ya no se llama más Octavio Perón, como era conocido artísticamente. Ahora el uniforme verde, las botas y un arma son parte de su rutina cuando decidió hacer el servicio militar en aquel país de Medio Oriente.

Moshé llegó a Jerusalem el 17 de julio. Él es judío y llegó ahí gracias a una ley, conocida como “La Ley del Retorno” que permite a todos los judíos del mundo volver a casa. Le dieron el pasaje de San Juan a Jerusalem y le bancaron la estadía.

En dicha ciudad estuvo un mes. Después se mudó al sur de Haifa, estuvo viviendo en un Kibútz cinco meses aproximadamente. “El Kibútz es un invento israelí, muy conocido en el mundo. Está compuesto por complejos habitacionales donde cada residente trabaja y parte del sueldo que gana queda ahí. Todos hacen comunidad en ese lugar. Yo estuve en la cocina, me acuerdo que había que hacerle comida a más de 1.000 personas, fue tremendo”, dijo.

Al joven le costó despedirse de su familia, cambiar el horario y el idioma. Era algo que dentro de todo estaba previsto, pero lo emocional con el paso de los días iba a intensificarse por diferentes cosas que iba a tener que afrontar solo, sin la presencia de su familia.

Después de estar en Haifa, Moshé se trasladó a la ciudad de Tel Aviv. Vive hasta ahora en un edificio que tiene 50 pisos y él se ubica en el 20. No se queja porque tiene una impresionante vista al mar, al que puede llegar caminando en 15 minutos.

En el año y cuatro meses que está en Israel, el sanjuanino pudo trabajar y disfrutar de los paisajes compuestos por fábricas, restaurantes, playas y hasta un zoológico tropical. También pudo ir a orar al Muro de las Lamentaciones. Pero cuatros hechos fueron lo que lo marcaron en este viaje, que al parecer no tiene fecha de retorno.

Los hechos que marcaron su viaje

Lo primero que inquieto a Moshé fue el tema del idioma. No sabía hablar muy bien el inglés ni el hebreo, pero esto al final para él termino siendo una ventaja. “El hecho de no hablar inglés me obligó a aprender rápido el hebreo, que al día de hoy lo entiendo perfectamente”, dijo.

Lo segundo fue una operación que tuvo que hacerse y que no tenía planeado antes de viajar. En Israel le descubrieron que tenía pólipos en el colon y tenía que ser intervenido quirúrgicamente de inmediato. Según el joven la recuperación fue difícil porque no tenía a sus padres al lado y también porque tuvo que dejar de trabajar. “Fue un momento muy fuerte”, expresó.

Ya había mencionado Moshé su trabajo en la cocina, después de eso buscó otros trabajos. El sanjuanino consiguió uno en un jardín maternal y quedó como anécdota la entrevista laboral que le hicieron. “Me preguntaron si había cambiado pañales antes y yo les dije una pequeña mentira. Les dije que sí y que tenía un primito al que le cambiaba los pañales. El tema fue cuando tuve que cambiar uno de verdad y todos me estaban viendo, fue tremendo”, dijo sonriendo.

Pero lo laboral sería otra complicación para Moshé. De marzo a septiembre se quedó sin trabajo. Es el tercer hecho que marcó al chico en este viaje. No tenía ahorros para el alquiler y subsistía con un subsidio que le daba el Estado. “Soy orgulloso, no pedí ayuda porque fue una decisión mía venir acá, pero al final me dejé ayudar por mi familia”.

Ese triste momento quedó atrás para el sanjuanino. Es que consiguió enrolarse en el ejército de Israel y ahora cobra un sueldo. Moshé explicó que el servicio militar ahí es obligatorio y son dos años.

Moshé Perstein con el uniforme del ejército. Foto gentileza.

Si bien esta oportunidad cambió su situación económica, es dura en la rutina. El joven contó que desde el 17 de septiembre duerme en una cucheta junto a otras 21 personas en una sala. “Te hacen levantar a las 5 de la mañana y todo está sincronizado. Hacemos ejercicios todo el tiempo, tomamos agua y comemos mucho, a veces nos peleamos por las duchas, porque si conseguís bañarte en el horario estipulado para eso, podemos estar dos días sucio”, relató.

En el medio hay algo que alegra el corazón de Moshé. Es que con dos amigas y un primo, con los que empezó este viaje, coincidió también el ejército. “Estudiamos juntos, nos separamos y nos volvimos a en encontrar acá. Son chicos con los que me críe y pasé la adolescencia”, dijo.

Moshé hace un año y cuatro meses que está viviendo en Israel. Foto gentileza.

Ahora Moshé está en una base militar al norte de Israel, al lado del lago de Galilea (donde la Biblia dice que Jesús caminó sobre el agua). El joven le encanta el paisaje que rodea al caudal, los bosques y las bajas montañas. “Yo no creo en eso por mi religión, pero es historia y el paisaje es espectacular”, expresó. La base también está al límite con Siria y el Líbano. “Eso de que muestran en los medios de que Israel está siempre en guerra, no es así”, afirma.

Pronto el exviolinista terminará el primer entrenamiento de tres meses del ejército y tendrá más tiempo para estar en su casa. Es que por el coronavirus sólo pudo salir dos días y como se muda a una base cerca de su departamento una vez finalizado el adiestramiento, podrá salir todas las tardes.

Los compañeros de enrolamiento de Moshé. Foto gentileza.

Es una nueva vida para Moshé, cambió totalmente en poco tiempo. El uniforme verde, la capa, las botas y un arma de fuego componen su figura ahora. Pero a pesar de todo lo que pasó, nada de esto cambia su parecer sobre la vida que tenía en San Juan.

“Era bastante conocido en la música en la provincia. Iba encaminado para eso, pero vi que Argentina no tenía futuro. Los shows empezaron a mermar y en las clases que daba de violín cada vez iban menos alumnos”, dijo.

El sanjuanino con amigos. Foto gentileza.

“Sigo apostando a estar acá. Es una decisión, me quedo con Israel antes de volver, la balanza pesa mucho para este lado”, cerró. 

Si bien tocar el violín pasó a un segundo plano para Moshé desde su estadía en Israel, donde solamente tocó seis veces y por necesidad, no por gusto como comentó en la entrevista con DIARIO HUARPE, el joven no descartó volver a hacerlo. Su idea es ingresar a la orquesta del ejército y si no lo logra, una vez que termine el servicio militar, intentará estudiar música en la Universidad de Jerusalem.

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