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Tereré, la infusión que se instaló para apaciguar el calor y sus variantes en Argentina
Más que una simple bebida fría, el tereré es un ritual social que atraviesa fronteras. Te contamos en qué consiste esta tradición declarada Patrimonio de la Humanidad, cómo se adapta en diferentes regiones y por qué se convierte en el compañero inseparable del verano.
POR REDACCIÓN
En las provincias del noreste argentino, cuando el calor aprieta, surge un ritual refrescante que es mucho más que una simple bebida fría: el tereré. Esta tradición, heredada de la fuerte influencia guaraní y compartida con Paraguay, ha sido adoptada y adaptada por Argentina, adquiriendo una personalidad única que la distingue de su versión original. Lejos de ser una mera copia, el tereré argentino es una expresión cultural donde la creatividad y el gusto local han reinventado una práctica ancestral, transformándola en un ícono del verano y la sociabilidad en regiones como Misiones, Corrientes, Formosa y el Chaco.
La esencia de esta adaptación radica en su espíritu práctico y refrescante. Mientras que en Paraguay el tereré se prepara tradicionalmente con agua muy fría infusionada con un amplio espectro de hierbas medicinales o "pohã ñana", en Argentina la búsqueda de un sabor inmediatamente dulce y cítrico llevó a una innovación clave. Aquí, el agua fue frecuentemente sustituida o complementada con jugos naturales, dando origen al popularísimo "tereré de jugo". Esta no es una variación menor, sino una reinterpretación fundamental que responde al paladar local y a la abundancia de cítricos en la región, marcando la principal divergencia con la tradición paraguaya.
Jugos y sabores locales
El corazón del tereré argentino late en su líquido de cebadura. La preparación clásica argentina suele prescindir del complejo blend de hierbas medicinales para optar por una explosión de frescura frutal. El jugo de limón, naranja o pomelo, fríos y bien azucarados, se convierte en el elemento central. En muchas ocasiones, ni siquiera se utiliza agua; el jugo puro, a veces rebajado ligeramente con agua gasificada, es el encargado de extraer el sabor de la yerba. Esta elección no solo aporta una dulzura agradable y accesible para todos los paladares, sino que también potencia el carácter hidratante y vitamínico de la bebida, ideal para enfrentar las altas temperaturas.
Esta práctica ha dado lugar a recetas casi ritualizadas que forman parte del saber popular. Una de las más emblemáticas es el "tereré de pomelo", donde se utiliza la propia fruta como recipiente: se vacía un pomelo, se llena de yerba y se le inserta la bombilla, cebándolo luego con agua helada que se mezcla con los jugos residuales de la cáscara. Otras combinaciones típicas incluyen la mezcla de jugo de limón con hierbas aromáticas frescas como la menta o el cedrón, y el toque picante del jengibre rallado. Estas preparaciones evidencian una aproximación más lúdica y gastronómica a la tradición, sin el componente medicinal primario pero con un fuerte acento en el placer y el refresco.
El ritual social
Más allá de los ingredientes, el tereré conserva en Argentina su dimensión social irrenunciable. Al igual que su pariente caliente, el mate, el tereré es fundamentalmente un acto comunitario. Se prepara en una jarra o un termo y se comparte en ronda, pasando un único vaso o "mate" de tereré (que suele ser de vidrio, metal o incluso plástico, alejándose de la guampa de cuerno tradicional) de mano en mano. La persona que ceba tiene el rol de anfitrión, sirviendo a cada participante en turno. Este ritual, lento y pausado, crea un espacio para la conversación, la amistad y el descanso, actuando como un freno a la prisa cotidiana.
El contexto en el que se disfruta también define su carácter. El tereré es la bebida por excelencia de las tardes de verano, de los descansos en el trabajo bajo la sombra de un árbol y, muy especialmente, el acompañante perfecto de un asado o una reunión informal. Su consumo está asociado al calor, al aire libre y a la relajación. A diferencia del mate, que se toma durante todo el año y a cualquier hora, el tereré tiene en Argentina una estacionalidad y un momento del día más marcados, lo que lo convierte en un refresco esperado y celebrado durante los meses cálidos.