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Devolver la dignidad, la difícil tarea en tiempos de pandemia

La dirección asiste a excarcelados y monitorea las penas condicionales.

Guillermo Capdevilla, actual director de la dirección en su oficina. Foto: Gentileza.

POR David Silva SEGUIR
28 de noviembre de 2020

28 de noviembre de 2020

La mayor parte de las veces, quienes salen de la cárcel deben aprender a hablar nuevamente: es que su lenguaje se reduce a palabras como “libertad”, “afuera” o “paredes”. Y una vez cumplida la condena deben aprender a convivir nuevamente con todas las palabras que olvidaron, pero que alguna vez aprendieron. Pierden el sentido de las palabras y deben recorrer el arduo de camino de volver a hablar para no hacer del silencio su nueva cárcel.

A veces, quienes salen vuelven a entrar y a enmudecer entre los muros de la cárcel. Pero hay quienes se preocupan para que eso no vuelva a suceder. Cargan en sus espaldas con la dura tarea de volver a enseñarles a hablar, a recuperar sus palabras y a recuperar el sentido de vivir en sociedad.

Con ese difícil y tenaz objetivo carga la Dirección de Protección al Preso, Liberado y Excarcelado. Como su título lo indica, es la dirección encargada de controlar y monitorear a los “tutelados”, es decir, a aquellos quienes cumplen condenas fuera de la cárcel en libertado condicional. Algunos con más tiempo en las calles de San Juan conocerán esta dirección con su antiguo nombre: el “Patronato de Presos”.

“Ha sido un año atípico para todos, pero no hemos dejado de trabajar y asistir a los ´tutelados ‘que la dirección asiste y recibe”, cuenta a DIARIO HUARPE su director, Guillermo Capdevilla, de 56 años. Allí, entre la comodidad de las paredes de las oficinas ubicadas en calle Agustín Gnecco esquina Mitre, en Capital, su subdirectora y equipo de psicólogos y asistentes sociales se encargan de asistir y monitorear a los 800 condenados actuales, quienes cumplen libertad condicional y deben presentarse todos los meses para demostrar que cumplen con las condiciones estipuladas por la Justicia.

Antes de la pandemia, el equipo de la dirección inauguró un taller de bordado a través de un convencio con el SEC. Foto: Gentileza.

“Nuestro trabajo consiste no sólo en asegurarnos que el preso que sale beneficiado con la libertad condicional cumpla con los requisitos que pone la Justicia, sino también acompañarlo durante la difícil tarea de reinsertarse en la sociedad y volver a llevar una vida normal”, reconoce Capdevilla, que ve esta tarea como lejos de ser una mera actividad burocrática, sino una tarea con una significativa carga social.

En ese pequeño edificio, él y su equipo compuesto por tres psicólogas y tres asistentes sociales y, junto a su subdirectora, buscan no sólo aspiran a que aquellos que salen del sistema penitenciario no reincidan en el delito, sino que también puedan cambiar, aunque sea un poco, su visión de la vida diaria a través de proyectos y microemprendimientos. “Para muchos, volver a la vida diaria fuera es difícil a causa de los prejuicios y miedos. Más ahora en este contexto pandémico. Por eso buscamos desde y con los recursos que contamos, de ayudarlos con elementos que les permitan crear sus propios microemprendimientos y así buscar una motivación que los ayude a solventarse”, asegura el abogado.

La dirección también cuenta con convenios y enlaces con los diferentes ministerios y secretarías pertenecientes al Gobierno. Ejemplo de ello es su relación con el Ministerio de Desarrollo Humano, con el cual entregan en el lugar los conocidos “módulos alimentarios” mejor conocidos como “bolsones” de mercadería. En casos más complejos, intenta articular auxilios que van desde camas hasta vestimenta. “Algunos 'tutelados' tienen familias y muchas necesitan ayuda y cuando la necesitan o la requieren pueden acercarse hasta acá a solicitarla”, cuenta.

Sin embargo, la expansión de coronavirus, el aislamiento y el aumento de número de contagiados ha dificultado la tarea de la dirección que, aunque con guardias mínimas, sigue trabajando con la Justicia. Para ello, cuenta con movilidades que trasladan a los psicólogos y asistentes sociales hasta las casas de los 'tutelados' en caso de que no puedan salir de ellas por riesgo de contagio o porque la Justicia así los dispuso. Ejemplo de esto, son los 'tutelados' que poseen pulsera electrónica y no pueden abandonar su hogar.

Sobre sus manos también recae la atención psicológica de muchos 'tutelados'. En este caso, el equipo de psicólogos de la dirección se encarga de derivarlos a un centro de salud o atenderlos, a veces, en el lugar o en su propia casa. “Muchos llegan buscando motivación, por ejemplo, para crear un emprendimiento o terminar la escuela y nosotros tratamos de acercarnos a esas posibilidades para que mejoren su calidad de vida y no sucumban ante los prejuicios”, relata una de las psicólogas del equipo de la dirección.

En el pequeño edificio de la calle Gnecco se respira un aire de familiaridad. De esos que unen un objetivo común en el cual se entrega el compromiso y el amor por lo que se hace. “Tenemos la intención de seguir creciendo y seguir creando proyectos. No sabemos qué va a pasar el año que viene con todo esto (coronavirus) pero estamos seguros adónde vamos”, cierra Capdevilla. El edificio podrá ser pequeño, pero la tarea y el compromiso son gigantes.

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