Es una preparación sencilla, económica y rápida que no necesita harina. Con pocos ingredientes se puede convertir un zapallito en una alternativa cremosa para resolver la cena.
Este clásico de la repostería se caracteriza por su textura húmeda y esponjosa. La base se prepara sin incorporar manteca, aceite ni margarina y luego se baña con una mezcla de tres tipos de leche.