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"Historias para reír en el baño", relatos sanjuaninos con lo mejor del teatro local

Historias cortas impregnadas del humor y la idiosincrasia sanjuanina son combinadas con un apartado técnico muy trabajado.

El baño es el escenario para disparar cada uno de los relatos: Foto: David Gardiol

POR Federico Rodríguez
09 de mayo de 2021

09 de mayo de 2021

“Historias para reír en el baño” suma una función para este sábado 15 de mayo a las 21 horas en el espacio Títeres en Serio, ubicado en Juan B. Justo, 335 sur, Rivadavia. Las entradas están disponibles online a través de Eventbrite y tienen un valor de $300 y $400.

Las historias que arman el mundo

“Historias para reír en el baño” es la adaptación teatral de textos del escritor sanjuanino Alejandro Segovia. Con el formato de historias cortas y autoconclusivas, al estilo “Relatos Salvajes” o como una antología de cuentos, la obra presenta al narrador que desde el baño encuentra diferentes disparadores para contar sus historias. Relatos que van desde la astrología hasta conflictos diplomáticos entre San Juan y Europa.

El formato de relatos cortos le da a la obra un ritmo dinámico que utiliza las pausas como transiciones y si alguno de los relatos no agrada, es probable que el que siga resulte mejor.

Es una obra pensaba para los sanjuaninos, cada una de las historias es ubicada en un escenario familiar para los de la provincia, desde la peatonal de Capital, hasta Jáchal, así como la fauna autóctona o la idiosincrasia sanjuanina respecto a la fortuna y los fenómenos climáticos. Ese lenguaje tan familiar que crea David Gardiol tanto dentro de la obra como con el público, son un ingrediente que deja afuera a quien no tenga un acercamiento a San Juan, pero que construye una atmósfera cálida y confidente.

El baño es una excusa, pero remite tanto al ritual del “chusmerío” que con ese artificio la obra de Irene Ferreyra termina de enganchar al espectador.

Cuentos con cuerpo   

La obra, conceptualmente es lo suficientemente sólida como para sostenerse por si sola, pero lo que suma y complementa el apartado técnico, la hacen una producción de calidad y con mucho respeto por el detalle. Hay que tener en cuenta que en este unipersonal quien está en escena es Gardiol, con las décadas encima como titiritero. Máscaras y títeres de todas las formas dan otra textura y permiten que el desdoblamiento o la metamorfosis sea mucho más inmersiva.

Las máscaras y los títeres, la delicia visual por la que la obra resalta. Foto: David Gardiol

A esto hay que sumarle el trabajo de luces de Tachi Saez así como la escenografía de Lorena López, que permiten transiciones orgánicas, y la mutación de los espacios que sin dejar de ser un baño, se tranforma en una embajada o una peatonal. No hay que olvidar el trabajo en vestuario de Jonatan Combo que apuesta a la practicidad y sin abandonar su identidad con una gran presencia de lo “industrial” (traducidas en la obra en un delantal de trabajo con múltiples bolsillos) le da el toque final para que este narrador de toilette tenga personalidad. Por mucho, el apartado técnico es lo que hace sobresalir “Historias para reír en el baño”.

 

 

 

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