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El dolor y el temor de un chacarero de San Juan tras perder todo por el temporal
El productor sanjuanino Raúl Lencinas, con más de 30 años en la chacra, relató a DIARIO HUARPE la dura situación que atraviesa tras el granizo y la lluvia que azotó a la provincia.
POR REDACCIÓN
El violento temporal de granizo y lluvia que azotó a San Juan dejó un escenario desolador en zonas productivas de la provincia. Viñedos destruidos, chacras arrasadas y familias enteras sumidas en la incertidumbre. Entre esas historias está la de Raúl Lencinas, un productor de 58 años que dedica su vida a la chacra desde los 27 y que hoy enfrenta una de las situaciones más duras de su trayectoria.
En diálogo con DIARIO HUARPE, Lencinas relató el impacto emocional y económico de haber perdido prácticamente toda su producción. “Son pérdidas totales en lo que es la producción. La verdad que es una situación muy difícil. Uno se pone nervioso, mal, porque no veníamos bien”, confesó.
El golpe del temporal: pérdidas totales
El temporal no dio tregua. En cuestión de minutos, el trabajo de meses quedó destruido. Según explicó el productor, el daño alcanza alrededor de 20 hectáreas de cultivos, lo que representa un impacto económico imposible de disimular.
“Es un golpe muy fuerte por todo lo que significa el trabajo, cada uno de los procesos que uno va haciendo durante el año. No es solo lo que se pierde en plata, es el esfuerzo, el tiempo y la gente que trabaja con nosotros”, expresó. En ese sentido, también remarcó la preocupación por los trabajadores rurales que dependen de esa producción: “Ellos también quedan como perros, sin saber qué va a pasar”.
Hoy, el contexto es más adverso que nunca. “No nos queda otra que seguir produciendo. No podemos dedicarnos a otra cosa porque estamos descapitalizados. Tampoco se puede vender la finca por una manga de piedra”, sostuvo con crudeza.
El productor también puso el foco en las dificultades estructurales del sector. “Antes la chacra era más estable. Uno hacía una producción y recuperaba la inversión y el trabajo. Hoy no sabemos bien dónde está el problema, pero lo vemos a nivel global”, indicó.
Una producción que sostiene a cuatro familias
La pérdida no afecta únicamente a Raúl. La producción dañada estaba repartida entre cuatro familias, ya que sus tres hijos, todos casados, trabajan junto a él en la chacra. “A medida que la familia se fue agrandando, también fue creciendo la producción. Hoy esas 20 o 25 hectáreas que se perdieron eran el sustento de todos nosotros”, explicó.
Pese al duro escenario, el productor destacó el acompañamiento familiar como un pilar fundamental para seguir adelante. “Ahora hay que aunar fuerzas. Ver qué queda económicamente, cómo se reparte y tratar de asegurar lo poco que quede para llegar a la próxima cosecha”, señaló.
“Ser chacarero es tener resiliencia”
Aun en medio del desánimo, Lencinas apela a la fortaleza que le dio la vida en el campo. “Como siempre, como chacarero, hay que ponerle el pecho a la bala. Eso es parte de esto: la resiliencia y afrontar este tipo de circunstancias”, afirmó.
La próxima cosecha más cercana aún está lejos. “La que tenemos más próxima es la de espárragos, pero falta alrededor de seis meses. Es mucho tiempo cuando no tenés respaldo económico”, advirtió.
Una historia marcada por la tierra y el trabajo
La relación de Raúl con la producción viene desde la infancia. “Esto viene de familia. Mi padre hacía chacra y nosotros lo ayudábamos cuando éramos chicos”, recordó. Sin embargo, decidió independizarse siendo joven. “A los 27 o 28 años dije: esto no me va a durar toda la vida, tengo que empezar a hacer algo por mi cuenta”.
Los comienzos no fueron fáciles. “Al principio fue poco, hubo tropezones, pérdidas, malas ventas, cosechas que no se pagaron como correspondía. Pero seguimos, medio a los ponchazos, aprendiendo año a año”, relató. Ese aprendizaje también llegó de la mano de otros productores con más experiencia, de quienes supo tomar consejos.
Costos altos y competencia desleal
Finalmente, Lencinas apuntó contra la competencia desigual que enfrenta el productor local. “Tenemos importaciones que llegan con precios subvencionados. Es bueno para el consumidor, que consigue cosas más baratas, pero es muy malo para el productor, que paga insumos carísimos y vende su producción a precios muy bajos”, cerró.
La historia de Raúl Lencinas refleja la realidad de muchos productores sanjuaninos que, tras el temporal, intentan reconstruirse con lo poco que quedó, sosteniéndose en la experiencia, el trabajo y el apoyo familiar para volver a empezar.