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Después del martirio…?

Miguel Montoya Jamed

POR Miguel Montoya Jamed
06 de febrero de 2021

06 de febrero de 2021

Todos los textos que publico, hablan del Sujeto. Generalizo, y eso me lo permite el habitar, desde que nací, este sistema de convivencia.  La democracia también es un modo de convivencia del sistema capitalista, no conozco otro. En cualquier modo de este sistema, el Sujeto siempre es vulnerable.

El individuo obnubilado por el pensamiento calculador, el único que practica. Educado en la escuela y en la Universidad, sólo para la construcción de artificios. Acumula artificios y sobrevive en una represión de artificios. Un Individuo enajenado, un individuo alienado, miembro conforme del rebaño. Coaptado por “la razón” del mercado- siendo que la Razón, es sólo humana. El Individuo se desarrolla en el territorio público, donde debería estar vigorizada la razón, pero el territorio es invadido por el dogma religioso, el más dañino de los dogmas. Propuesto a ignorar la ignorancia. Por lo tanto, el Individuo va y viene con una Subjetividad vulnerada, débil, no producida por él. Un carácter hecho de pura exterioridad. No escucha la apelación de lo conforme a esencia, está adiestrado para escuchar sólo la apelación “de lo que hace falta”, es puesto y se mueve en el imperativo de lo útil.

Por lo tanto: vivimos en una Intersubjetividad, vulnerada, débil, no-inteligente.

Escucho decir, “que sociedad de mierda”, y no es así. Bien dicho es: “que Sociabilidad de mierda”. Porque ahí se hace referencia a la exterioridad del individuo, a su fascinación por las propuestas del mercado, a la de-Subjetualidad que provoca el poder político y el poder económico, a la negación del “darse cuenta”, a la adopción de esa idiotez llamada “sentido común”, que repiten y, que publicitan que “hay que tenerlo”. La cotidianeidad en lo público está repleta de artificios ocultos del poder, para debilitar la Subjetividad de los individuos.

Escucho preguntar, si después del martirio que estamos viviendo, “cambiará el mundo”. No existe “un mundo”, no hay “un mundo”. Hay tantos mundos como individuos habemos. Cada uno construye su Mundo Histórico y Hablante, y después lo intersectamos con los mundos de otros. Con mayor o con menor intersección, según la proximidad o la empatía, determinamos, lo que llamo Mundaneidad. Que sería, por comodidad de comunicación, lo que llamamos “el mundo”.

Yo propongo, preguntar, ¿Cambiará el Sujeto? ¿Tendremos ejercicio de Aletheia, ese correr en cascada los velos que nos velan la evidencia, los velos que nos pone el sistema? ¿Llegaremos al “darse cuenta”? ¿Escucharemos la apelación de lo conforme a esencia? ¿Produciremos nuestra Subjetividad? ¿En la cotidianeidad, iremos del pensamiento calculador al pensamiento meditativo? ¿En nuestra cotidianeidad, desecharemos eso de “sentido común”, para pensar que tenemos que construirle sentido a lo cotidiano?

Después del martirio que estamos viviendo, ¿cambiará el Sujeto?

Ah, y por eso del sistema, que “es el único que conozco”, propongo un concepto de Feyerabend, al que adhiero, que dice: “Necesitamos un criterio externo de crítica …un mundo alternativo completo, necesitamos un mundo soñado para descubrir los rasgos del mundo en el que creemos habitar…”

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